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Un caballo apenas murmurado en el viaje de Odiseo y ausente en la invasión de Ilión

Muchos de nosotros, en el afán de comprender o al menos intentar hacerlo, vamos eligiendo lecturas tratando de mapear un trozo del pasado.
José Manuel de Santiago

Mi empresa fallida en la búsqueda de un rocín, cuántas veces damos por hecho que otros conocen lo que imaginamos ser o tener, algo que transmitimos como esencia con una incorrecta descripción.

Una pulimentada escultura de madera. Sí, un corcel que en sus entrañas cargaba con feroces Aqueos, una historia, un mito, un ícono de los escritos Homéricos.

Muchos de nosotros, en el afán de comprender o al menos intentar hacerlo, vamos eligiendo lecturas tratando de mapear un trozo del pasado, sabemos que la literatura Griega dibuja en parte nuestra cultura y me refiero a la universal, aunque se asume por algunos que esta lo hace solo para la parte de Occidente; en un texto del escritor Lázaro Mejía, él se apropia de la  frase “Todos somos Griegos” para el título de su ensayo.

Podríamos ser todos Griegos, pero del mismo modo todos seríamos Orientales, sin duda somos todo lo que ha existido, sobre todo estamos construidos de pequeñas partes de lo que se ha escrito.

Los cientos de páginas de la Iliada, una emprenda bélica además de ser magna y muy mucho entretenida, en mi caso solo tenía un objetivo cuando decidí tomar el texto por segunda vez, el descubrir la hechura y estructura física del mítico caballo de Troya, la fatigante espera tras sobrevivir a los primeros cantos, un ejercicio de resistencia a esos iniciales capítulos en los que Homero no se harta de describir bajeles, reinos, reyes, y una  parte del ejército que se dirige al rescate de la esposa del rubio Menelao.

La obra culmina sin mostrarnos siquiera una imagen literaria del majestuoso percherón. Tal vez este corcel sea uno de los más conocidos en la historia de la escritura o al menos uno de ellos.

El encriptado de los mensajes Homéricos en sus ficciones, ha transformado la concepción de la fantasía en tiempo presente, resulta imposible desprenderse de la vastedad en sus descripciones y las incontenibles atmósferas creadas por textos como La Odisea y La Iliada; textos que por momentos parecen albergar todo lo posible, e incluso a veces todo lo probable.

Evitar imaginar o atraer pasajes de la literatura Homérica me arriesgo a decir es una batalla perdida para quienes escriben, es probable que en efecto todos seamos Griegos, y en cada intento por no serlo nos convertimos en un esclavo de sus dioses, dioses para todo y todas las cosas.

En nuestras organizaciones caminamos a la sombra del propio consejo.  Imaginemos ser por momentos una de esas ficciones, y atrevámonos a resolver el encriptado en el cual habitamos sin saberlo.  ¿Cuál de nuestros activos, es ese caballo de Troya que no aparece en sustantivo y sin duda existe en verbo?

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