Tenoch y Yalitza. El derribo de los estereotipos publicitarios

En nuestro país, el caso de Yalitza ha marcado un precedente y esperemos que el siglo XXI sea recordado como el periodo en el que se derribaron todos los estereotipos publicitarios.

La discriminación es una realidad que en México está presente en muchos sectores y aspectos de la vida y tiene sus orígenes en el pasado. Durante siglos se han perpetuado usos lingüísticos, comportamientos, tratos y opiniones, tanto en la esfera pública como en la privada, que reflejan valores y creencias con tintes clasistas y racistas.

Además, es notorio que, muchos mexicanos podían aseverar hace años que México no era un país racista y, hasta se sentían ofendidos ante tal descripción de su país. Por suerte, en los últimos cinco años, ha emergido un debate público, con un más que probable impacto en las conversaciones privadas, laborales y familiares sobre esta realidad.

Según datos de la última encuesta nacional sobre discriminación desarrollada por el Consejo nacional para prevenir la discriminación y el Instituto nacional de estadística y geografía, en colaboración con la CNDH, la UNAM y el Conacyt; la primera causa de discriminación en México es la apariencia física.

Uno de los aspectos más visibles de este fenómeno se encuentra en los contenidos publicitarios y editoriales mexicanos. Los anuncios en muros, parabuses, espectaculares o en medios de comunicación muestran mujeres y hombres que no son representativos de la sociedad.

Aunque más de un 80 por ciento de las mexicanas tienen el fenotipo moreno, estas no aparecen ni en los comerciales ni en los contenidos de publicaciones de moda y estilo de vida, que quieren ser referentes de glamour y sofisticación.

Tal y como escribe el historiador, antropólogo e investigador mexicano Federico Navarrete en su obra México racista. Una denuncia, para las agencias de publicidad e imagen, fotógrafos y equipos editoriales de sociales; la principal barrera para la inclusión es lo que denomina como “blancura aspiracional” y salirse de esa línea podría suponer una “acción de alto riesgo”.

En 2019, tres años después de la publicación de esta obra, vimos cómo se rompía esta barrera en los medios de comunicación con el fenómeno Yalitza Aparicio y su aparición en la portada de Vogue México y posteriormente en otros medios del mismo perfil.

La fama que adquirió la oaxaqueña causó polémica entre algunas de sus compañeras de gremio, quienes trataron de evitar que la protagonista de Roma fuera nominada a los premios Ariel de la Academia de Cine Mexicano.

Pero sin duda, una muestra clara de la situación que vive el país con respecto a este tema fue la portada de la edición mexicana de la revista ¡Hola!, calificada como “racismo rampante y descarado” por el mismo Navarrete, ya que consideró que Aparicio había sido blanqueada para “no romper, ni por error, el ideal de la blanquitud aspiracional”.

Esta discriminación también se ve reflejada en los castings a los que tienen que enfrentarse muchos profesionales tanto para sesiones de modelaje como para lograr un papel cinematográfico.

Algunos actores como Tenoch Huerta, protagonista de éxitos como Narcos: México o la cinta Güeros, han declarado abiertamente en medios de comunicación, las dificultades a las que se enfrenta cada día para lograr un papel protagónico.

Aun así, las cosas están cambiando gracias a contenidos publicitarios de otra índole como el branded content. En nuestro país, el caso de Yalitza ha marcado un precedente y esperemos que el siglo XXI sea recordado como el periodo en el que se derribaron todos los estereotipos publicitarios. El color de la piel no define el éxito de una campaña, sino el mensaje que busca transmitir.

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