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Soñar despiertos con ser Príncipes

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Discutir sobre lo determinante de elegir una profesión o tu primera marca personal podría ser un tema sin causa y final.
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¿Nuestra primer marca formal? La profesión u ocupación que decidimos, el primer mote que se adquiere: “El Ingeniero, El Médico o El Licenciado”, por mencionar sólo tres de los muchos postulados que llevaremos antecediendo al nombre por el resto de nuestras vidas.

Decidir con el a veces infortunado libre albedrío. Esta cualidad de los individuos que pareciera una de las mayores fuerzas en el figurado camino hacia la madurez, sí, a esa madurez a la que de manera natural y por una cuestión cronológica estamos obligados a cumplir.

Una de las primeras decisiones de relativa importancia podría ser la elección de nuestra carrera u oficio, este rebase que hacemos de la adolescencia entrada la juventud, asemeja un primer bostezo de la somnoliente adultez.

¿Qué profesión elegir? En el caso de los que acogen la ruta de la academia para desarrollarse; enfrentar este primer embudo y tomar la decisión de cuál es la carrera ideal. Preciso en este circuito interminable, se ven pasar las distintas versiones de lo que asumimos querer. Discernir entre lo deseado y lo necesario, es en sí mismo la punta de este embudo.

En un país en el que el promedio de estudios oscila entre los ocho y nueve años, es decir, un país en el que la mayoría apenas logra cursar la secundaria, el diálogo con el propio espejo contrasta al momento de tomar una de las decisiones más trascendentes, una criba a la que se llega en excepción, una parte del trayecto en el que quizá por primerísima vez eliges en singular.

La coincidencia de la mayoría de edad acompaña este trecho, un espacio al que de golpe enfrentas un padrón electoral, tu inscripción al sistema de recaudación, para muchos su primer licencia de manejo, y la libertad de entrar a los lugares de sólo para “mayores de 18”; incluso la libertad formal de poner cierto programa en tu televisor.

En fin, este puente que se cruza de la informalidad a la formalidad, un trance que se debe pasar con la figurada calma de un vórtice de huracán siempre rodeado de un ficcioso interminable caos; sin embargo, no hay tifones ni tormentas inmortales.

Discutir sobre lo determinante de elegir una profesión o tu primera marca personal podría ser un tema sin causa y final. Lo que es innegable es la atmósfera de soledad en la que esto sucede.

Por supuesto, recordarlo causa un enchinamiento de la piel o alguna otra extraña emoción difícil de explicar. Lo cierto es, que todos tendremos la oportunidad de reescribirnos sin importar lo que hayamos elegido a los 18.

La oportunidad de conducirnos e imaginar ser Príncipes adolescentes y ser dueños de un propio mundo, es en concreto la mejor opción que nos ofrece madurar al menos en edad, lo que no impide redescubrir la Serpiente come elefantes o el Cordero con cuernos que dejamos dentro de la pintura de una caja, cuando niños.

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