Una vez que tu currículum vítae pasó la prueba y te llamaron a un filtro más, complejo e importante, como lo es la entrevista de trabajo, llega el momento puede marcar la diferencia entre obtener un nuevo empleo o no, el momento clave en el que un profesional debe “venderse”.

La tarea no sólo es difícil porque debes dar tu mejor cara, sino porque puedes enfrentarte con retos más allá de no saber responder las preguntas que se harán o de errores como llegar tarde.

Por ejemplo, si se trata de una entrevista en grupo, el primer reto es destacar sin parecer agresivo, por lo que lo correcto sería concentrarte en dar la mejor solución a los problemas que plantean y en brillar justo por eso, por ofrecer puntos relevantes.

En segundo punto, hay profesionales de búsqueda de talento que en su afán por cumplir metas en su área, lanzan ofertas con datos que ocultan un truco como un sueldo menor al que aparecía o actividades extra, la mejor respuesta para sobrevivir a esto es pedir que se respete la oferta inicial, de lo contrario, deberás salir de ahí de inmediato.

La tercera situación es enfrentarte con la realidad de no estar capacitado, las cifras de Cisco revelan que en México 4 de cada 10 trabajos no se pudieron ocupar porque los postulantes no tenían las calificaciones y las herramientas necesarias para desarrollarlos. Ante esta situación sobrevive con el fundamento de prometer que aprenderás rápidamente lo que requieran de ti para el puesto.

En la entrevista de trabajo también puedes enfrentarte al gran reto responder a la pregunta que siempre pone nerviosos a los candidatos, cuando te dicen “menciona tu peor defecto”. El fundamento de OCC indica que puedes responder con honestidad un defecto que pudieras detectar desde un test psicométrico previo y sumar un contexto de por qué crees que al final ese defecto queda diluido por tu capacidad de “x” virtud. Esto te dará empatía con el reclutador y sabrá que eres honesto, seguro y no mientes por quedar bien con los demás.

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