¿Qué ganan y qué pierden Disney y “El rey león” con su remake?

Carlos Andrés Mendiola es un storyteller del marketing, creador de marcas, apasionado del cine y orgulloso promotor de México. Profesor investigador del Tec de Monterrey. Coordinador del movimiento Motivos para amar a México y autor de varios libros.

“Hakuna matata” cantan Timón y Puma en el tema homónimo que se hiciera de una nominación al Oscar en 1994. Las dos palabras se convirtieron en un himno en contra de la preocupación y a favor de disfrutar la vida que sigue vigente hasta nuestros días. La ironía está en qué si ello fuera del todo cierto para Disney, los remakes o versiones en “live action” de los clásicos de Disney no existirían, pero la realidad es que además de la razón más obvia por la cual se producen, hay otras de fondo con las que la empresa del ratoncito gana y unas más en las que invariablemente pierde y que dan un contexto más amplio en torno al porqué las historias se están contando de nuevo.

En un primer nivel, rehacer los clásicos en live action, término que en realidad no aplica para “El rey león”, le permite a Disney capitalizar en la nostalgia que despiertan por parte de aquellos que los vieron en su estreno original e incluso en la nostalgia de aquellos que las vieron en video o por otros medios y que quieren vivir “la magia” del tiempo real, ser parte hecho y no conocerlo únicamente como parte de un evento pasado. En ese sentido los números no mienten. Las más exitosas han sido “Alicia en el país de las maravillas” que con un presupuesto de 200 millones de dólares hizo poco más de un billón en la taquilla global y “La Bella y la bestia” con más de 1.2 billones de dólares recaudados de un presupuesto de 160 millones, incluso las menos exitosas como “Dumbo” (350 millones de un presupuesto de 170) y “Christopher Robin” (casi 198 millones de un presupuesto de 70), al menos duplicaron o triplicaron la inversión. Entonces, en parte, la “ganancia” está en sentido de hacer real o de perpetuar el simulacro como mejor definiría Baudrillard el fenómeno de hacer pasar por real aquello que no lo es y que en esta ocasión ya no parece, ya no es, una caricatura, donde aplica perfectamente “El rey león”.

Ahora bien, más allá del aspecto económico, lo interesante está en el trasfondo. Todos los filmes de Disney han sido sujetos de críticas por perpetrar o manejar estereotipos, siendo el más sonado el de la joven que únicamente espera al príncipe azul y del cual desde “La princesa y el sapo” se ha ocupado, dejando de lado al amor como su objetivo principal. En “Wifi Ralph” hay toda una secuencia donde Vanélope y las princesas se burlan de ello. En el caso de “El rey león”, por ejemplo, se criticó mucho que, si bien había voces de actores de color, el rol principal recayó en un actor blanco (Mathew Broderick). También se habló mucho de cómo el antagónico masculino tiene ciertos rasgos faciales mientras que sus secuaces, las hienas, parecieran sugerir formar parte de la comunidad LGBT+; tampoco existen roles femeninos poderosos. Entonces, el remake le permite a Disney corregir mucho de eso. Todos los leones son interpretados por actores de color, encabezan el reparto nada menos que Donald Glober y Beyocé, dos figuras claves de la comunidad de color; de la misma manera, Nala y Sarabi tienen una mayor participación. La primera incluso tiene su propio tema musical. Falta ver qué hizo Disney con uno de los momentos más dramáticos en la historia de sus filmes animados: la muerte del rey Mufasa. Es la única muerte de un personaje animado en pantalla, ni siquiera la de la madre de Bambi sucede así. También están la controversia que se suscitó por sus similitudes con “Kimba, el león blanco” y las acusaciones de que había más de un mensaje subliminal en ella.

“El rey león” hizo historia para Disney al ser la primera película protagonizada y contada únicamente con animales. También forma parte fundamental del renacimiento del estudio que incluye “La Bella y la bestia”, “Aladino” y “La sirenita”, siendo esta última la única pendiente por contar con versión en live action; ya está en preproducción y la selección de una actriz de color como protagonista ha desatado mucha controversia. “El rey león” también cambió el escenario para filmes animados al estrenarse en verano, periodo que antes se consideraba más propio para filmes dirigidos a un mercado adulto. En 1994 compitió con otros filmes que hoy en día siguen siendo recordados: “Mentiras verdaderas”, “Máxima velocidad” y “Forrest Gump”. Con todo y ello, “El rey león” debutó con 42 millones en taquilla y se convirtió en el filme más exitoso del año alcanzando casi un billón de dólares. La venta del VHS es la más alta de cualquier cinta en video. Todo ello se logró en gran medida porque el filme rompe con los convencionalismos o con muchos de los elementos típicos previos de los filmes de Disney; no es una adaptación de un cuento, es más bien una readaptación de la historia de Moisés y de “Hamlet” de Shakespeare. Ni siquiera sus colaboradores usuales están incluidos y eso explica la participación de Elton John en la música (de los pocos que repiten en el remake). En pocas palabras, con “El rey león”, Disney tomó riesgos, hay un sentido de libertad y espontaneidad que forman parte de los ingredientes claves tras su éxito. Con los remakes, todo está tan cuidado y más allá de ello, que puede ser positivo, todo es tan políticamente correcto, cuidando que sea lo suficientemente familiar, incluyente y respetuoso, cuidando que no pierda nada de lo que distingue al filme, explotando la nostalgia y buena voluntad del público, que gran parte de la frescura se pierde. Sí, Disney está “enmendado” viejos errores y, desde luego, está haciendo grandes negocios (los números de hoy deben confirmar un ingreso en taquilla de al menos 180 millones de dólares para “El rey león”, que bien podría superar los 200), pero en el camino está restándole corazón, justo como menciona un gran número de críticos (en el meta sitio Rotten Tomatoes ostenta un 55% de aceptación frente al 93% del original)… “hakuna matata” podrá seguir significando lo mismo, pero sin duda de manera diluida y con un impacto menor, podrían quedar como dos simples palabras y nada más… y frente a eso los números podrán parecer determinantes, aunque no lo son, sólo el paso del tiempo y sobrevivir ante él, lo es.

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