¿Por qué no podemos hacer las cosas bien de una vez?

Hace tiempo le comenté a un amigo algo que le llenó de horror. No había la frase abandonado mi boca que empezó a regañarme. Aquella mañana de café, solté de sopetón un concepto que, de tiempo, rumiaba mi mente intranquila.

“Pienso -le dije- que las personas somos “como” productos, ¡si, productos!: tostadores, planchas, teles o teléfonos. Cualquier aparato construido en fábrica.

Mi amigo, horrorizado, me increpó llamándome cantidad de improperios. Silentes, sorbimos sendos cafés. Al rato, ya viéndole mas calmado, le solicité me permitiera explicar mi teoría. Los productos, -le dije- vienen de buena o mala calidad. Los de mala, son horrorosos pues te hacen la vida difícil y acabas por tirarlos odiando su marca y origen. Los productos de mala calidad, no regresan lo invertido. En cambio, los productos de excelente calidad, son un gozo y, el servicio y felicidad que te otorgan, sustenta su alta inversión. ¿No es así? -le demandé buscando aprobación.

Cuando comparo -continué- a los seres humanos con productos, me refiero a que, muchos, son de alta calidad: Hacen las cosas bien y a tiempo, llegan cuando quedan y entregan cuando dicen. Mientras que otros, contrariamente, son de pésima calidad: incumplen promesas, se retardan sistemáticamente, entregan de menos y fallan de mas haciendo las cosas… mal.

Permíteme, -insistí viendo su renaciente irritación- explicar algo que lo sustenta. Me encuentro harto de ver, recibir, ser víctima de y, relacionarme con, “personas que constantemente hacen las cosas sin calidad, siendo conscientes que podrían -si se empeñaran- en hacerlas muy bien”. ¿Por qué no podemos hacer las cosas bien de una vez?. Mi amigo, aún serio y molesto, empezaba a seguir el hilo de mi  planteamiento y, para ganar su adhesión dije. ¿SABES CUAL ES LA DIFERENCIA QUE NOS DISTINGUE DE LOS PRODUCTOS? -sin esperar respuesta solté- pues que los hombres, a diferencia de los productos: evolucionan, aprenden y mejoran mientras que, los productos, no: una plancha que falla, falla toda su vida y no deja de ser plancha con fallas. Una tele que falla, falla para siempre. Ni la plancha, ni el tostador, ni la tele, se auto-reparan. 
A los productos, hay que remplazarles, a los humanos no pues, pueden crecer y evolucionar.

Podemos, y esto es lo hermoso, mejorar creciendo a versión 2.0 ó 3.0 ó mas. ¡Lo que me tiene harto es que no lo queramos hacer; que queramos seguir siendo ” plancha” y/o “tostador descompuestos”!.

Las personas -mencioné viéndole receptivo- tenemos la opción de la evolución, la educación constante y la capacidad de selección.
¿Selección? -me preguntó- sí, selección respondí. Podemos hacer las cosas bien, o mal y/o, hacer las cosas correctas o incorrectas, me explico:

Nosotros, si bien somos productos con capacidad de evolucionar, podemos hacer las cosas correctas y las podemos hacer bien, Por otro lado, podemos hacer las cosas incorrectas y hacerlas muy bien (lo cual está muy mal). Lo grave es conformarnos con hacer las cosas incorrectas o correctas mal, ¿te imaginas? -le animé a verme y responder- ¿mal por desidia y apatía?.

No podemos seguir con empresarios, mercadólogos, directivos y publicistas, haciendo las cosas (o siendo) de mala calidad. Es lo que me tiene harto, vamos a perder nuestras empresas y país sí seguimos así.

Finalmente él despertó, comprendió dándome la razón pidiéndome publicara esta teoría a fin de buscar a todos aquellos “productos mexicanos de alta calidad” que quisieran comerse el mundo saliendo de su escondite YA.

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