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Las personas consideran a un icono de la cultura mexicana como asunto de “libre uso”

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Parece ser que las personas consideran a un icono de la cultura mexicana como asunto de “libre uso”, confundiendo esta situación como si, por ser alguien representativo, se convirtiera en una variante de “dominio público” en el cual no es necesario obtener autorizaciones.

Correo: g@pous.mx
Twitter: @guillermopous

Si comienzo por describir a alguien como si fuera una persona de piel morena, que utiliza las cejas sin depilar unidas en el medio de manera que parecen una sola en lugar de dos y una tenue sombra debajo de la nariz simulando bigote; delgada y utiliza vestido de tipo mexicano, usualmente huipil y falda artesanal mexicana; siempre adorna el cuello con collares, viste aretes y joyería o bisutería de tipo artesanales mexicanos y, utiliza zapatos siempre bajos preferentemente sandalias o huaraches con un peinado alto adornado con tocados de flores o listones, ¿sabrían de quién hablo?

Pero, si a esto le añado que es defensora de los derechos de las mujeres, feminista a ultranza y de fuerte temperamento que utiliza para atacar a los hombres a los cuales odia. Ama y promueve las costumbres, artesanía y folclor mexicano. Protege los derechos de los indígenas y defiende sobre todo aquello relativo a México, a sus costumbres y tradiciones. Defiende su libertad, su independencia y ante todo la igualdad de género. Siempre está contenta y a pesar de sus dolencias en la vida, tiene una actitud positiva, creativa, afable, gentil y sonriente. Disfruta la naturaleza y la ecología pero en especial disfruta las flores y las mariposas. Pinta y se pinta, usualmente se autoretrata y reproduce su trágica vida en cada una de sus obras, en donde además y jamás hace alarde o comentario del dos veces famoso marido que tuvo; también pintor, ¿ahora sí, saben?

Es lamentable que después de tan clara identidad de una persona, completamente identificable, absolutamente reconocible y, siendo un respetable y trascendental icono de la cultura y época tradicional mexicana, aún existan compañías tan oportunistas como ignorantes, que se atrevan a profanar un derecho como el de la imagen, además de los derechos de autor involucrados, con tal de vender unas simples playeras; por decir algo.

El utilizar una fotografía en donde se reproduce el retrato de una persona en la cual se encuentra fijada su imagen, posando ante la cámara y de manera voluntaria, es decir, no una situación espontánea ni esporádica, mediante la manipulación, modificación, deformación y mutilación de esta, se lleva a cabo una grave violación a los derechos morales del autor, además de un atentado a los derechos patrimoniales del titular de dicha obra, así como un uso no autorizado a la imagen de la persona que ahí figura, situaciones que se encuentran previstas para hacer valer tales derechos con una variable gama de alternativas, tanto en la Ley Federal del Derecho de Autor, el Código Penal Federal, así como en el Código Civil, entre otros.

Parece ser que las personas consideran a un icono de la cultura mexicana como asunto de “libre uso”, confundiendo esta situación como si, por ser alguien representativo, se convirtiera en una variante de “dominio público” en el cual no es necesario obtener autorizaciones.

Como toda persona, famosa o no, tiene derechos al igual que sus herederos, entre ellos, a su imagen, sin hablar por supuesto del derecho a su buena fama y buen nombre, así como la facultad de decidir que su nombre e incluso su firma sean reproducidos a modo de una obra autoral y aplicados como una marca; quien mejor que sus herederos, su familia o las personas de su confianza para cuidar de todos estos derechos. Así se considera y respeta en todo el mundo, tristemente, parece que en México no.

Por lo anterior, cada vez que el “creativo” de empresas de “carrito”, piense que tuvo la maravillosa idea de hacer esto a fin de evitar solicitar una autorización y ahorrarse el pago por la misma, insisto, para vender unas cuantas prendas y tener sus tres minutos de pretendida gloria intelectual y comercial, que lo piense dos veces, ya que hasta un abogado con dos dedos de frente sabría que las contingencias pueden ser cuantificablemente desastrosas para su cliente.

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