Haciendo que las cosas sucedan

Cada día es más común el observar la transformación de las organizaciones buscando las acciones que produzcan mayor impacto y rentabilidad con la menor inversión posible, dentro de esos procesos de reingeniería las personas son las responsables de hacer que las cosas sucedan, pero he visto a lo largo de mi vida laboral en varias empresas que el factor humano es en ocasiones a lo que menos se le invierte (ni tiempo ni recurso).

Si bien la operación nos puede llegar a consumir gran parte de la agenda en el día a día, debemos tomarnos unos minutos para estimular los vínculos emocionales de las células o primeras estructuras (colaboradores, superiores o pares), ya que una sólida red de personas hará que las crisis se difuminen o mejor aún, entre todos podrán tener mejores resultados.

Desde mi muy personal punto vista hay una serie de valores necesarios en las conductas de los que formamos el ambiente laboral y que los líderes deberían no solo de cuidar sino de fomentar, e incluso de hacer planes de acción en aquellos colaboradores que denoten una carencia o bien, si no existe una intención real de cambio, proceder a la desincorporación del recurso antes de que contamine al resto.

La coherencia apuntala a la credibilidad, en las áreas de soporte o servicio cuantas veces hemos escuchado “debemos superar las expectativas de los clientes” pero seguro hemos visto que la cabeza o “pseudo líder” no dirige ni el buenos días cuando arriba a la oficina, entonces, ¿cómo puede exigir una experiencia de calidad y servicio al cliente, cuando su conducta hacia sus colaboradores es distante, descortés, soberbia y ni el buenos días expresa?, no basta con tener los protocolos o etiquetas en el saludo, ya que si el “buenos días” no se siente desde el interior, se expresa de forma forzada, provocando una emoción de “mentir por convivir”.

Respeto, la diversidad genera enriquecimiento, podremos quizás no estar de acuerdo con los pensamientos de una persona, preferencias y gustos, pero no por ello no son valiosos, la falta de respeto conlleva cerrar la llave de la creatividad y la disrupción.

El compromiso antes que ser parte de las características del grupo, debe ser una cualidad intrínseca de las personas, ya que el prometer hacer algo debe de cumplirse en el tiempo expresado y de la forma necesaria cómo mínimo, su falta conlleva a la incredulidad.

La lealtad es un ingrediente que fomenta las relaciones de largo plazo, ya que al ser una virtud que se demuestra teniendo honor y gratitud para los demás, cuidando no solo la integridad del equipo y sus espaldas, en épocas de crisis emocionales, el saber que se tiene seguro un grupo de personas que estarán ahí de forma incondicional proporciona seguridad.

Pasión es un sentimiento muy fuerte hacia los ideales, proyectos, trabajo, personas etc, es evidente en las personas, ya que no solo hacen que las cosas sucedan, sino inyectan adrenalina e incitan a otros a sumarse para su realización e incluso para la afiliación del grupo, es cuando nos decimos, “me gustaría trabajar con X persona”.

Los valores anteriores no creo que solo deban ser puestos en marcha dentro de la organización, ya que su trascendencia (o carencia) está presente en la vida personal, estas fechas es un muy pretexto para analizar en qué nivel tenemos cada uno de ellos, ya sea en desarrollo, competente o fortaleza, y con ello hacer un plan de acción individual, seguramente las personas que hacen que las cosas sucedan nos buscarán y podremos formar parte de un equipo de alto desempeño.

Así pues, me despido este año 2016, agradeciendo a cada uno de ustedes que se toma el tiempo en leerme, solo deseo que se den un tiempo para pensar y enlistar aquellos proyectos que harán realidad, si lo sueñan, lo piensan, lo inician y le dan un seguimiento, seguramente tendrán su recompensa.

FELIZ AÑO 2017!