• El año pasado, Patagonia cambió su misión a “estamos en el negocio de salvar el planeta”

  • La marca ya se había pronunciado en contra del presidente Trump por su intención de reducir monumentos nacionales

  • En sus reportes de ventas, la empresa promete donar el uno por ciento de sus ganancias a varias causas

En un estudio, Deloitte apunta que para más de la mitad de las compañías, la responsabilidad social corporativa (CSR) no es una prioridad. O, en su defecto, que sus esfuerzos en el tema cuentan con una inversión mínima. Esto, a pesar que el 63 por ciento de los consumidores creen que las marcas deben tomar la batuta ante la falta de regulación gubernamental. Por este hecho, es notable la iniciativa que acaba de confirmar la compañía Patagonia.

De acuerdo con Buzzfeed News, la marca de ropa dejará de vender sus productos a cualquier compañía que los requiera. En un comunicado, Patagonia afirmó que quiere reenfocar su programa de ventas corporativas. El objetivo final sería colaborar con “compañías impulsadas por una misión y que le den prioridad al planeta”. La marca presuntamente quiere empezar a trabajar con más marcas que tengan el distintivo B Corp, una certificación privada.

No se trata de una decisión nueva de Patagonia. Aparentemente, la marca habría establecido estos nuevos lineamientos hace algún tiempo. La compañía confirmó esta nueva posición después que una carta se filtró a través de Twitter. En ella, la empresa rechazó un pedido de ropa a un proveedor desconocido. Argumentó que, por su nueva estrategia de activismo ecológico, empezaría a negar tratos con ciertos sectores y organizaciones.

La amenaza de Patagonia al “uniforme” de Wall Street

Este nuevo enfoque de Patagonia es relevante por la popularidad que han adquirido sus prendas, especialmente los chalecos, en ciertos sectores. Incluso existen cuentas en redes sociales dedicadas especialmente a burlarse de esta tendencia. En industrias como finanzas y tecnología, en particular Wall Street y Silicon Valley, son ya parte de la cultura popular. Y le ha ayudado a amasar ingresos, estimados por Fortune, de 600 millones de dólares (mdd) anuales.

Por esta razón, la decisión de Patagonia no solo se ve como un reajuste de sus aliados corporativos. Parece que la compañía de ropa quiere forzar a las empresas en estos sectores a hacer un cambio por el bien del planeta. Y para lograrlo, se ha apoyado de su gran reputación en el sector para generar esta transformación. Esta iniciativa no es inesperada. Ya en 2018 Forbes afirmaba someter a la cadena de valor a estándares más altos sería tendencia en CSR.

A pesar de los esfuerzos de Patagonia, su iniciativa tiene el riesgo de fallar. Una encuesta de McKinsey apunta que entre los directores de finanzas, profesionales de inversiones y expertos en CSR no ven un gran valor comercial en programas sociales o ecológicos. Entre el nueve y el 53 por ciento no sabe o no cree que beneficie a los accionistas. Y hasta un siete por ciento de esta población incluso teme que estas iniciativas pueden afectarlos negativamente.

De esta forma, Patagonia puede arriesgarse a perder clientes. En particular si obliga a sus antiguos aliados a invertir en una (potencialmente costosa) certificación de responsabilidad social. Lo que es cierto es que podría beneficiarse del 78 por ciento de la población que quiere que las marcas se involucren en temas sociales. Por el momento, la compañía afirmó que no cancelará operaciones con ninguna compañía con la que ya haya firmado contrato.

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