La perversión detrás de un meme

Durante la celebración y festejo de grandes eventos internacionales se desarrolla un sinfín de contenido a discutir, sin contar el material que quedará registrado para la historia.

En paralelo con la transmisión del evento, se producen una serie de manifestaciones visuales en las redes sociales que hacen alarde a ciertas situaciones que sobresalen.

Desde la pasada 91ª entrega de los premios Oscar, hemos visto en redes sociales una serie de memes, y seguramente aún los veremos publicados y compartidos en las páginas de nuestros amigos y conocidos.

La mayoría pueden causar una carcajada como resultado del sentido del humor de aquel que lo ha realizado, pero, también otros pueden causar gran controversia, sobre todo cuando se tocan temas polémicos, tales como identificación de género, preferencias sexuales, enfermedades, estilos de vida, entre otros. Cuando leo los comentarios unos en contra y otros a favor, está claro que ha generado choque de opiniones.

No es el hecho de que yo esté a favor o en contra, es claro que es un fenómeno de la comunicación en redes sociales en la cual se expresa un punto de vista. En un meme se elabora y se desplaza una carga emocional, desde quién lo elaboró, quién lo comparte y quién o quiénes pueden ser de su agrado o no.

Quizás el nombre de esta colaboración pueda llamar la atención, y he decidido llamarle perverso justo por los impulsos que dan pauta a la elaboración de aquellos memes que denotan una variacion a los criterios de normalidad de Coderch.

Y con perverso no me refiero a un significado de índole sexual como algunos podrán pensar, sino a la estructura de la conducta humana que nos ha regalado la Escuela Francesa en el psicoanálisis.

Si tuviese que dar una respuesta a la pregunta, ¿Qué estructura seríamos los mexicanos? ¿seríamos psicóticos, perversos o neuróticos?, me atrevería a decir que no somos la última (neurótica), ya que no veo el manejo de la frustración, no hay respeto por las leyes y las normas; la famosa “mordida” sigue siendo parte de la cultura, basta con citar las frases populares como, “el que no tranza no avanza” o la “ley de Herodes”.

Los famosos “Lords y Ladies” que se hacen virales son en su mayoría por infringir las normas o leyes que las instituciones en el sentido más amplio (familia, escuela, estado, iglesia, etcétera) han establecido.

Una organización fronteriza de la personalidad desde el Freudismo o un perverso desde la escuela francesa, rompe justo las leyes y las normas que las instituciones establecen, incluso encuentra un goce en ello.

Justo Lacan en el seminario de La Identificación (1962) nos dijo que, “la perversión está a nivel del goce”, entendiendo desde esta escuela que el goce es una satisfacción a una necesidad, pero lleva implícito una energía de destrucción inconsciente, además, “un perverso no necesita ni la aprobación ni el acuerdo del Otro”, actúa de forma impulsiva, sin considerar o alcanzar a visualzar las consecuencias que pueda traer.

Me atrevo a decir que quien elabora un meme, no pide ni consulta de quién o quiénes toma la imagen, y puede llegar a resaltar los atributos o elementos negativos de la imagen justo en búsqueda del goce, de la risa por el otro, esa elaboración lleva a la gratificación de un impulso.

Con lo anterior, no quiero decir “si está bien o está mal”, es simplemente entender un fenómeno que existe en nuestra sociedad y que tiene sus repercusiones, las cuales podrían prevenirse.

En una marca, para que esta prevención exista, debe establecerse el código ético de la comunicación en redes sociales, y asegurarnos que el community manager lo cumpla, y no confunda innovación con transgreción, que sumado a la impulsividad podría generar una crisis para una compañía.