La lucha por la popularidad en las redes sociales

Es quizá durante la adolescencia cuando se despierta la inquietud expresa por la popularidad. Quién es la más atractiva, la que viste a la moda, la que cuenta con mayor número de pretendientes, la que destaca por sus éxitos deportivos o escolares sin llegar a ser un nerd, su impactante personalidad o su desbordante simpatía. Esas eran algunas de la cualidades que determinaban el grado de popularidad. Hoy, los parámetros de la popularidad han tomado otro rumbo.

El terreno en donde se disputa ahora la popularidad dista mucho de ser el patio de la escuela o las reuniones sociales. Es más abierto, evidente, medible y comprobable y para competir, la personalidad es apenas una de las exigencias; se requiere de habilidad, creatividad, constancia y de una importante inversión en tiempo (a veces en dinero), lo que al final puede resultar desgastante y hasta estresante.

Las redes sociales se han convertido en un tasador patente y manifiesto de los niveles de popularidad de una persona. Y no estamos hablando sólo del número de “likes” o de seguidores. La popularidad en las redes llega a tener referencias más complejas para establecer parámetros de medición, como el número de ocasiones que un nombre es “tagueado”, el nivel de comentarios o actividad generada por un post o el diferencial que resulta entre las personas que te siguen contra el número de las que sigues.

Redes sociales como Facebook han dejado de ser solo un lugar para pasar el rato. Estudios recientes muestran que tienen un mayor impacto en el comportamiento y actitudes de las personas, especialmente los jóvenes, ya que se ha convertido en su registro de popularidad.

En su afán por sobresalir, los jóvenes dedican tiempo en exceso a este propósito y si bien les brinda la posibilidad de conectarse y comunicarse con sus amigos, también puede generar estrés y hasta decepción.

Y es que mantener un ritmo creciente de seguidores, cuidar y elaborar los contenidos para generar un mayor número de likes o influir en la conversación, exige tiempo, creatividad, originalidad y dedicación, y cuando el resultado no es el esperado, bueno, viene la frustración.

Se dice que en los adolescentes esto ha llegado a generar problemas de salud mental. Puede ser tal la obsesión, que sus hábitos en la casa y en la escuela se ven afectados. Estudios muestran que estos jóvenes enfrascados en la lucha frenética por la popularidad, son más propensos al abuso de sustancias y tiene un mayor número de compañeros sexuales en la búsqueda de esa aceptación.

Esta práctica no solo se da en la esfera de los adolescentes, también ha alcanzado a profesionales y ejecutivos que encuentran en LinkedIn, Facebook, Twiter y hasta en Tinder, espacios para calibrar su popularidad. Y claro que es comprensible, lo que no es válido es que esta labor se le dedique tiempo en exceso y más aún si es en horas laborables; entonces el costo resulta mayor.

La afectación en los profesionales, a diferencia de los adolescentes, no necesariamente es en la salud mental; si en el ego, la vanidad, el amor propio, pero sobre todo en el rendimiento en el trabajo. Un estudio de Learnstuff.com, revela que los trabajadores interrumpen su actividad cada 10.5 minutos para actualizar sus perfiles sociales. Esto implica que tarda 23 minutos en volver al trabajo, lo que le puede costar una empresa hasta 100 mil pesos al año.

Un bajo desempeño en el trabajo trasciende hacia la relación de un empleado con sus colegas y especialmente con sus superiores y por más seguidores y likes que obtenga, eso no le salvará de perder su bono anual o inclusive su trabajo. Otra consideración que habría que tomar en cuenta es que el 88 por ciento de las empresas consulta la actividad de sus candidatos en las redes sociales. La popularidad tiene un precio.