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La conectividad es un derecho humano, Mark Zuckerberg

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¿Cuántas veces hemos pensado en desconectarnos, y provocar ese corto circuito y romper con la percepción de realidad en la que creemos estar?
José Manuel de Santiago habla sobre lo circundante

Una entrevista con el filósofo Byung Chul Man publicada en el portal de cultura del periódico EL PAÍS, trata en una de sus partes sobre de un conflicto, entre la parte natural y el concepto de nosotros sobre de nosotros mismos. “Vivimos en una época de conformismo radical: la universidad tiene clientes y solo crea trabajadores, no forma espiritualmente; el mundo está al límite de su capacidad; quizás así llegue un cortocircuito y recuperemos ese animal original”.

La animalidad una liga semántica con lo que nos construye, nuestra esencia, lo esencial de nuestros emprendimientos. En este punto nos topamos con una dicotomía entre lo que somos y lo que queremos ser y a veces con la percepción que tenemos de la realidad. Esto nos enfrenta con la “percepción de lo que se pretende”, es decir, la claridad con la cual tratamos de vislumbrarnos en un probable futuro.

La naturaleza líquida de la cual estamos compuestos, figura una balsa ante la aparente tempestad en la que habitamos y nos da en tiempo presente la posibilidad de procurar adaptación a los distintos ambientes y sobre todo a las atmósferas construidas con estos. El filósofo Chino Byung Chul Man plantea en el artículo un ¨corto circuito¨ que por definición es un rompimiento, una interrupción de la continuidad, tal vez este es el “conformismo radical” en el que vivimos y actuamos en los distintos escenarios. La velocidad con la que transitamos en nuestros rieles y la vorágine logra de poco en poco hacernos parecer tripulantes de embarcaciones que si bien, no son ajenas, sí pudiesen ser colectivas, y así uniformar la idea de hacia donde debemos ir.

¿Cuántas veces hemos pensado en desconectarnos, y provocar ese corto circuito y romper con la percepción de realidad en la que creemos estar? Existen algunos postulados que tratan este tema con relativa importancia. ¿Qué tan cerca estamos de pagar por evadir el derecho humano de la conexión? ¿Será acaso posible este supuesto? En un ambiente de negocios y personal en el que estar desconectado además de antojarse imposible a la vista, casi todo lo que nos rodea se conecta entre sí.

La invitación del filósofo a recurrir a la “animalidad” (nuestra naturaleza humana) suena un tanto disruptiva a primera impresión. Es cierto que las opciones para transportarse de un punto a otro en lo relativo a los propósitos y deseos particulares de los individuos se ofrecen en abundancia en un espacio que parece tenerlo todo y para todos. Momentos en los que tirar la toalla no es una opción, atreverse a crear el propio caos y mediante este redirigirnos incluso a los mismos puertos; solo que a diferente velocidad y con una tripulación distinta.

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