La ansiedad y su relación con el marketing y el consumismo

¿Sientes una preocupación excesiva por situaciones que en el aquí y en el ahora no están sucediendo?, es decir ¿te PRE-ocupas por resolver de forma anticipada conflictos que incluso aún no se han presentado? ¿Crees que algo terrible sucederá o una desgracia está por ocurrir? ¿Te cansas fácilmente? ¿Te falta la respiración o incluso se te acelera el pulso? ¿No puedes o te causa un doble esfuerzo el concentrarte? ¿Te enojas o te irritas fácilmente? ¿Tienes problemas para dormir? ¿Pasas varios minutos o incluso horas dando vueltas en la cama para conciliar el sueño? ¿Duermes menos de 8 horas? ¿Te despiertas en las madrugadas? ¿Te sientes inquieto/a y te es difícil mantener la tranquilidad y el BIEN-ESTAR? (lo escribo en mayúsculas y separado debido a que la palabra conlleva un análisis que quizás más adelante escribiré).

Si tus respuestas fueron positivas a más de una pregunta posiblemente estés cursando por un trastorno de ansiedad o en el mejor de los casos, por un evento identificado el cual sería más fácil solucionar.

No es casualidad que en las poblaciones más económicamente activas y consumistas exista mayor prevalencia en padecer ansiedad debido a que (entre otros factores) existe una creencia que la adquisición y posesión de bienes darán un nivel de satisfacción, en cierta medida esto es correcto, ya que en un funcionamiento normal la compra de un objeto es el resultado de un deseo puesto en marcha por el cual debemos pagar de forma económica con el fruto de nuestros esfuerzos profesionales (trabajo).

Sin embargo, cuando de niños se nos mostró que ante la respuesta inmediata de la demanda voraz por un deseo manifiesto (por ejemplo, un berrinche), no solo nos dieron la señal de solicitar a libre demanda, sino que no nos provocaron la frustración, siendo esta una emoción que provee de grandes recursos en la vida adulta ya que no todo lo que deseamos se nos puede cumplir al momento, para ello debe de existir un esfuerzo.

Karen Horney definió que la ansiedad básica surge del desamparo y la dependencia del infante respecto a sus padres o de la indiferencia paterna. Siguiendo su línea de investigación, pareciera que el resultado de una gratificación en la infancia por medio de la libre demanda (darle al niño objetos de forma inmediata) inscribió en la psique que por medio de varios objetos se obtendrá la gratificación y que, de lo contrario, sus ausencias provocarán vacío, defendiéndose por medio de la compra compulsiva y el endeudamiento.

No solo es en lo tangible o en los objetos físicos, hoy vemos a personas ansiosas que se irritan de forma fácil cuando no les responden un WhatsApp al instante, o cuando no obtienen me gusta o likes en sus publicaciones, o incluso según ellos no les responden un correo electrónico, o más grave aún, cuando no les dicen un te quiero como ellos quieren o no se les demuestran como ellos esperan, ya el cosificar a las personas y verlas como objetos que nos deben dar felicidad implica una patología más grave.

Aunque también existe ansiedad debido a otras afecciones médicas o incluso como resultado de sustancias como drogas u otros medicamentos, cuando la ansiedad ya causa conflicto en el entorno o en nuestros círculos (laboral, amistad, familiar, o de pareja) debemos acudir a un profesional de la salud mental.

Somos responsables como individuos de apuntalar la ansiedad y fortalecerla a niveles estridentes e incluso incapacitantes o en el mejor de los casos, fragmentarla por medio de terapia a un nivel que sea controlable.

Nos leemos el próximo miércoles.