La alentadora y desalentadora invasión de los pájaros azules

Por Daniel Solana
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Twitter: @danisolana

Hoy tengo mi propia agencia pero todavía cuando me preguntan qué soy, en vez de decir que soy empresario, digo que soy publicitario. Y cuando digo que soy publicitario, pienso que soy creativo. Y cuando pienso que soy creativo, siento que soy copy.

Y como copy que en el fondo –y no tan en el fondo- soy, no hay nada que me satisfaga y al mismo tiempo que hiera más mi autoestima que los tweets.

Los tweets no tienen más que 5 años de vida y si consulto mi página en Twitter, compruebo que no he escrito muchos: 104. Sin embargo, tengo la sensación de que me he pasado la vida escribiendo tweets.

Como copy he escrito tweets que eran titulares de prensa, tweets que eran textos para vallas, tweets que pretendían ser menciones para radio, tweets que eran colas promocionales de una campaña de televisión o tweets que eran mensajes que aparecían en banners. Me he pasado, como digo, la vida escribiendo tweets y lo confieso: muy pocos de mis tweets han sido lo brillantes que veo que son los tweets de la gente.

Siento la gratificante sensación de que estoy rodeado de un talento y un ingenio en 140 caracteres, extraordinario. Y al mismo tiempo la asfixiante sensación -que socaba lo poco que queda de mi orgullo de copywriter– de que los tweets de la gente son infinitamente mejores que mis tweets como publicitario.

Afortunadamente ahora vivo del éxito de mi empresa y no del éxito de mis textos, porque si viviera de mis textos, lo tendría francamente mal. Por ahí corre mucho más talento del que es capaz de salir de mi teclado. Me rindo.

Cualquier suceso de la actualidad despierta en la gente una lluvia de comentarios a cuál más ingenioso. Es cierto que también hay mucha basura, y más que basura, una enorme cantidad de comentarios ininteligibles escritos para no ser entendidos ni por los mismos que los escriben, pero el número de perlas es asombroso. Qué bien. Qué mal. Qué alentador. Qué desalentador.

Sospecho que si fuera periodista me pasaría lo mismo. Afortunadamente no lo soy, porque ha de ser muy inquietante tener la obligación de titular cada día una noticia con intención y no dejarse llevar por la tentación de, en vez de ir a buscarla en tu cabeza, ir a buscarla a Twitter.

El pajarito azul de internet es una delicia para todos, excepto para los que nos ganamos el pan escribiendo desde la brevedad. Maldito pájaro, que nos demuestra que nuestro ingenio siempre es escaso y nuestro talento cuestionable. O bendito, según se mire, porque nos revela que el ingenio y el talento del ser humano son inagotables y nos coloca el listón alto, mucho más alto de lo que podemos saltar.

Eso como copy. Es decir, desde la individualidad, desde la intimidad. Porque si observo el fenómeno de la invasión de los pájaros azules, desde la perspectiva del sector, entonces se despiertan en mí otro tipo de sentimientos.

Hagan la prueba. Salgan a la calle, levanten sus cabezas y lean los tweets que los publicitarios hemos puesto en boca de nuestras marcas en las vallas publicitarias. Léanlas con atención. Ahora, regresen a su despacho, entren en Twitter y lean los titulares de la gente.

Ambos son textos cortos que tratan de transmitir un concepto, estimular, seducir, persuadir o simplemente establecer contacto, pero unos están muertos y los otros revolotean.

Los pájaros azules invaden el mundo. Y no sé los periodistas, pero los publicitarios deberíamos tomar nota y empezar a replantearnos las bases del viejo oficio de escribir.

Qué bien.