Si esto no te inspira a ser mejor persona y mejor profesional, nada lo hará

El portero de un equipo infantil fingió una lesión antes de la final para que pudiera jugar su compañero, que había sido suplente toda la temporada.

Para crecer como profesional, pero especialmente como persona, muchas veces es necesario inspirarse en gestos de otros. Ver lo que ellos hacen, cómo lo hacen y, en particular, por qué lo hacen y, a partir de allí, traspolar la experiencia a vivencias propias.

Si de ejemplos se trata, éste es uno increíblemente inspirador: ocurrió en Argentina, en un partido de fútbol infantil de un campeonato que organiza una señal de TV de la provincia de Córdoba (El Doce TV), en el centro del país.

“Hay gestos que hablan por sí solos. Es por eso que el arquerito Uriel Cuitiño se consagró campeón antes de jugar la gran final. Porque lo que hizo ya lo glorificó para siempre como un gran amigo y compañero”, publicó La Voz describiendo lo que pasó.

La historia es ésta: el domingo 26 de noviembre se jugaba la gran final del torneo, que enfrentaba a los ganadores de las dos zonas del campeonato Colonia Caroya y el colegio Espíritu Santo.

Lo que llamó la atención de todos ocurrió a los pocos minutos de jugarse la final, mientras los jugadores de Colonia Caroya realizaban el calentamiento previo. El porterito titular, Cuitiño, llamó al entrenador y le dijo: “sentí un tirón en la parte de atrás de la pierna. No voy a poder jugar el partido, creo que estoy desgarrado”.

“Hasta ese momento, Cuitiño era uno de los pilares del equipo, que llegaba invicto y con pocos goles en contra. Incluso había sido la gran figura en la final para definir al ganador de la zona”, publicó el medio local.

Entonces el DT llamó al suplente, Joaquín Maccio, para que se prepare bien porque no iba a ser suplente, iba a jugar el partido más importante de la temporada.

El porterito que fue suplente en la final va a abrazar a sus compañeros. Foto: Damián Reyna, publicada en La Voz.

El juego terminó 1 a 0. Ganó Colonia Caroya con un gol sobre el final del segundo tiempo, pero eso es anecdótico. Lo inspirador sucedió después, cuando el portero titular no pudo mantener su secreto y dijo: “Yo en verdad no estaba lesionado. Pero como Joaquín no había atajado casi la otra final y jugó muy poquito en el torneo, yo quería que él pudiera estar en el arco. Por eso le dije al profe que estaba mal, pero en realidad estaba bien”.

Y agregó: “Yo ya había jugado toda la final anterior. Y con Joaquín somos compañeros en el equipo, pero no amigos de vernos todos los días. Incluso no debe saber que yo no estaba lesionado, se va a enterar ahora. Yo ya me sentía campeón. Yo sabía que íbamos a ganar igual, confiaba en mi equipo y en Maccio sobre todo”.

Urial Cuitiño. Foto: Damián Reyna, publicada en La Voz.

Según cuenta el periodista Agustín Caretó en su artículo, “ni siquiera sus padres sabían de la decisión que había tomado su hijo”, que en el entretiempo les dijo que estaba bien, para que no se preocuparan.

“Fue una emoción tremenda para nuestra familia. Él lo quiere mucho a su compañerito. Ellos, al ser arqueros, se entrenaban juntos. Por eso tomó esa decisión, eso dice mucho de él”, dijo Hugo, el papá.

Inspiración, ésa es la clave

Lo ocurrido en Argentina con el pequeño portero debería servir como un disparador para los estudiantes y profesionales del marketing. Este tipo de hechos de la vida real, estas historias simples y conmovedoras, son a las que la publicidad debe apuntar y estar atenta para usar como ideas a la hora de pensar campañas.

Casos de superación, de fuerza de voluntad y, muy especialmente, de solidaridad con el prójimo, son las que las marcas deben aprender a mirar e imitar.


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