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¿Es el cine contenido?

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Hoy en día la clave está en el contenido. El término se ha vuelto de uso popular y refiere a todo aquello que dé valor al usuario o cliente. Entendido así, un artículo, un audio, video o la combinación de estos, en diversos formatos, es contenido
Carlos Andrés de Godzilla vs Kong
Carlos Andrés Mendiola es un storyteller del marketing, creador de marcas, apasionado del cine y orgulloso promotor de México. Profesor investigador del Tec de Monterrey. Coordinador del movimiento Motivos para amar a México y autor de varios libros.

Para el marketing, el contenido, además de atraer la atención del target en cuestión, tiene objetivos de negocios que van del awareness a las ventas y la lealtad. La cuestión que salta y que el cineasta Martin Scorsese pusiera sobre la mesa hace unos días en una carta abierta es si es cine es contenido.

Respondiendo de manera rápida la respuesta más lógica sería simplemente: sí. Pero el tema no es tan sencillo y lleva a los inicios del propio cine y a su compleja naturaleza que lo coloca como el único medio masivo que es un arte y el único arte que es un medio masivo. Al cine, el teórico italiano Riccioto Canudo lo establecería como un arte en “El nacimiento del Sexto Arte”. En él explica que el cine era un arte nuevo, “una conciliación suprema de los ritmos del espacio (las artes plásticas) y los ritmos del tiempo (música y poesía)”, una síntesis de las artes clásicas (arquitectura, escultura, pintura, música y poesía) a las que después agregaría la danza, haciendo, por ende, del cine el séptimo arte.

Entonces, el cine se convierte en un arte, por una parte, por su manera de apropiarse de las artes previas, y, por otra, de expresarse y de contar historias. Relevante es también indicar que, para llegar a ese momento, el cine había evolucionado, de las primeras vistas, donde lo que se retrataban eran “momentos de realidad” (la gente saliendo de la fábrica, subiendo al tren). Ahora, la pregunta clave está en qué es arte y cómo se diferencia de aquello que no lo es. Y no es una pregunta sencilla, igual que tampoco es objetivo de este artículo establecer una, luego de que ha sido tema de discusión por siglos entre los grandes filósofos. Sin embargo, para brindar una idea al respecto, sirve muy bien una frase del pintor Edgar Degas, “arte no es lo que ves, sino lo que haces que otros vean”. Ello no deja fuera la parte técnica o de destreza que es asociada al arte, pero apunta a la capacidad que el arte tiene para plantear nuevos puntos de vista, para mostrar el mundo bajo otra perspectiva, para despertar emociones, reflexiones… para dar un abanico de posibilidades a quien lo vive y que no consiguen otro tipo de actividades de las que también se ha dicho que son artes como la jardinería o la gastronomía.

Ya Heidegger ha hablado de la esencia del arte y Walter Benjamin de lo que pasa con “La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica” en su artículo homónimo y que viene mucho al caso aquí y que de nuevo entra en un terreno complejo cuando se habla del cine. A diferencia de las otras artes, aunque existe un original, el filme está pensando para reproducirse y ello no cambia la experiencia de quién lo vive (o quizás sí y ahí está la cuestión, pero ahora vuelvo a ello). No es lo que pasa con un cuadro de Da Vinci que puede verse hoy en día en una litografía, una postal o simplemente en la computadora, pero al final, no es lo mismo que verlo en persona (original sólo hay uno). Más de uno ha pensado que tal o cuál pintura tiene una dimensión muy distinta a la real, por ejemplo.

Volviendo al tema de la experiencia del cine, éste está hecho para una sala, con una pantalla grande y un cuarto que se obscurece, lo que nos trae al contexto actual donde las salas están cerradas y el refugio del cine han sido las plataformas. Para ellas, el cine es contenido. Es un producto. Y lo es, tampoco nos equivoquemos en ese sentido, el cine es también industria, pero no es un producto típico. A diferencia de otros, donde la diferencia entre una pluma y otra o una mesa y la de al lado es insustancial, en el cine, una película, por más que se parezca a otra, no es igual.

El llamado de Martin Scorsese es a recordar la diferencia entre el contenido que se crea en redes sociales, cuyos fines y alances son meramente comerciales, y el arte. No se dice que “La Mona Lisa” o “El David” sean contenido, tampoco tendría que hacerse entonces con el cine. Y sí, es cierto, tampoco es que todo el cine, igual que pasa con las otras artes, sea de una calidad o puede declararse indiscutiblemente como arte; Scorsese refiere a Godard, Fellini, Bergman y Kubric. ¿Es el cine contenido? Sí, lo es, si se le mira desde el punto de vista de los negocios, una mirada parcial. Es, entonces, más que contenido, en tanto sus alcances ideológicos, filosóficos, psicológicos, contemplativos y emotivos van más allá. Y lo consigue aún y a pesar de las condiciones actuales. Hay un filme, “El sonido del metal”, que se ha ido haciendo más presente en la temporada de premios y cuyo desenlace redondea muy bien porqué el cine es más que contenido. Su desenlace deja al espectador, le revela, un nuevo mundo a través del silencio. Eso hace el arte, eso hace el cine, y eso no lo consigue el contenido. 

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