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El problema con la corrección política

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En términos de producción, que los equipos de trabajo sean incluyentes es ideal, quizás no necesariamente justo, alguien podría quedar fuera
Carlos Andrés Mendiola es un storyteller del marketing, creador de marcas, apasionado del cine y orgulloso promotor de México. Profesor investigador del Tec de Monterrey. Coordinador del movimiento Motivos para amar a México y autor de varios libros.

Disney+ anunció que al inicio de “Dumbo”, “Peter Pan” y “Los aristogatos” aparecerá una leyenda que indicará que incluye “un retrato incorrecto o un mal tratamiento de otras culturas”. La medida es de las más adecuada que se han tenido en años recientes, aunque sigue saltando la duda de si es la solución al problema de fondo.

Hace unos meses sucedió con “Lo que el viento se llevó” que fue sacada de HBO Max tras protestas en torno a cómo muestra a la comunidad de color. Lo único en que resultó fue en el título elevara sus ventas en video y en traerle mayor atención al clásico. Ha sucedido con otros títulos que van de “El llanero solitario” a “Borat”, pasando por “Diamantes para el desayuno” y “Taxi Driver”, por mencionar sólo algunos. En ese entonces la medida terminó también en una leyenda al inicio.

No me malentiendan, la leyenda es correcta y nunca sobrará. Ahora, en filmes como los que se mencionan, dirigidos a los niños, ¿hará alguna diferencia? Me explico, parte de la audiencia quizás no sepa aún leer, otra parte mucho más grande seguramente no terminará de comprender exactamente a qué refiere la leyenda. Para que el efecto que se busca tenga lugar, tendrá que suceder en el entorno en el que se mira la película, no dentro de ella, aunque ése no es el único problema.

En películas dirigidas a un público adulto, ¿la leyenda hace una diferencia? Indica que hay una representación incorrecta, no necesariamente cuál y porqué es incorrecta; asume que el espectador podrá identificarla y anularla para evitar que se siga propagando. Quizás suceda, quizás no. Quizás distraiga al espectador quién podría estar más enfocada en encontrar qué está incorrecto. Es un tema, pero repito, la leyenda no sobra.

Hollywood está teniendo mucho más cuidado en la producción de contenidos y se han tomado muchas medidas para que tanto en pantalla como en producción se evite propagar estereotipos. Vaya, incluso ha resultado ahora en inconsistencias históricas. Por ejemplo, en “Las dos reinas”, ubicada en la Inglaterra de Elizabeth I, se incluyó a un personaje de color como parte de la corte. Es una buena intención, pero una incorreción histórica; no incluirlo no es una falta de respeto a la comunidad, es un retrato de lo que sucedía.

Ahí está la cuestión, las películas, como las novelas y todos los productos culturales y artísticos, son hijas de su tiempo. Reflejan los pensamientos, las preocupaciones, los hábitos y costumbres de ese momento. Indicar que eran incorrectos es correcto. Discutirlo quizás no es su espacio, aunque sí promoverlo, pero no anular o alterar el paso, en caso contrario, como ya sabemos y se ha dicho al cansancio, estamos condenados a repetir el pasado cayendo en una censura y un olvido que tampoco son la solución.

En términos de producción, que los equipos de trabajo sean incluyentes es ideal, quizás no necesariamente justo, alguien podría quedar fuera porque hay que cubrir cuotas; en torno a quiénes aparecen en pantalla, debe depender de la historia y debe depender del talento de quién aparece a cuadro y, porqué no decirlo, a veces también del valor comercial que puedan tener.

Este mismo año Scarlett Johansson tuvo que dejar un proyecto en el que interpretaría a un transgénero luego de críticas y quejas pues se consideraba que el personaje debía ser interpretado por un transgénero. ¿No se supone que los actores se transforman? ¿Qué es más importante que interprete el rol alguien en la condición de género, raza u otra variable igual a la del personaje o quién tenga mejores cualidades interpretativas? Si la postura es la primera, la historia del cine y la televisión no habría tenido posibilidad de avanzar desde hace décadas y nos habríamos perdido de grandes interpretaciones como la de Daniel Day Lewis en “Mi pie izquierdo”, la de Sally Hawkins en “Maudie” o la de Hillary Swank en “Los hombres no lloran”. Más aún, grandes proyectos no habrían sucedido si algún actor o actriz con impacto en la taquila no los hubiera estelarizado. El que Nicole Kidman, Tom Cruise, Tom Hanks, Angelina Jolie o Brad Pitt tomen un proyecto puede hacer la diferencia para que se haga o no, para que tenga un mejor presupuesto, para que tenga más visibilidad.

Ser conscientes de lo que está mal, está bien. Avisar que hay una representación incorrecta también es adecuado. Caer en excesos y querer anular el pasado, no.

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