El Mundial como propaganda

El presidente ruso Vladimir Putin se encuentra acosado tanto en lo interno como en lo externo.

En lo interno, el propio líder ruso acepta que las causas principales del freno en la economía vienen de problemas internos: déficit de recursos de inversión, de tecnologías modernas, el insuficiente desarrollo de la competencia y un clima de negocios deficiente.

En el campo internacional, Putin ha sido apartado el G8 por la anexión de Crimea, ha sufrido un aumento en sanciones por parte de los EUA y ha sido acusado de injerencia política en Europa, Palestina y Norteamérica.

Pero las olimpiadas invernales de Sochi y ahora el Mundial de futbol, le brindan a Putin una formidable vitrina para relanzar el orgullo nacional y mitigar los prejuicios sobre el papel de Rusia en el terreno internacional.

Podría ser una mera coincidencia, pero el anuncio de la conquista de ambos eventos -olimpiadas de invierno y mundial de futbol-  fueron en la víspera de sus dos últimas reelecciones. Si bien esos hechos no fueron definitorias en el impacto de los resultados electorales, si crearon un clima favorable, especialmente entre las clases sociales con menores recursos, de donde proviene la mayoría del voto en Rusia.

El mundial de Brasil 2014 tuvo una audiencia de 3 mil 200 millones de personas, se estima que el de Rusia alcanzará un 14 por ciento más. Sería difícil para el líder ruso encontrar otra forma para exponer a su país y a su persona a una audiencia de estas proporciones.

“Hemos abierto nuestro país y nuestro corazón”, declaró Putin, quien aparece radiante ante las cámaras prometiendo hospitalidad y fortaleciéndose en el escenario internacional, gracias a la división de Occidente, el éxito en Siria, el alza en el precio del petróleo y la mejoría en sus relaciones internacionales.

Putin ha utilizado el fútbol como un instrumento de poder y de propaganda, no soólo para sus fines electorales, sino también para encontrar un método de financiamiento, que le permitió construir una red de estadios y la infraestructura relativa, prácticamente de cero, gracias a sus acuerdos e imposiciones a los capitales privados rusos.

Es poco probable que la selección rusa levante la Copa del Mundo 2018 (no es favorita), pero quien sin duda la tendrá en sus manos el trofeo de campeón, es Vladimir Putin.