El mendigo 2.0, un personaje en Twitter

Todo empezó a fin de año de 2016, cuando un funcionario de la alcaldía de París lo despertó aventándole un cubetazo de agua helada.

Este universo digital da para todo. En París hay un vagabundo de 45 años llamado Christian Page que es un fenómeno por sus 19,000 seguidores en Twitter (@Pagechris75). Sí, una estrella de las redes sociales, desde donde ha construido una vida de ayudas, solidaridad y hasta compañía ´virtual´. “Me hace feliz saber que alguien lee lo que escribo. Quizás sirva para que una persona le de algo de comer a un vagabundo en algún rincón de Francia”, dice.

Todo empezó a fin de año de 2016, cuando un funcionario de la alcaldía de París lo despertó aventándole un cubetazo de agua helada. Su tuit de indignación por lo sucedido lo hizo saltar de tener seis seguidores a miles, y logró unas disculpas por parte de la alcaldesa Anne Hidalgo, además de un sleeping bag nuevo. Nada mal para ser su primer tuit.

Desde aquel experimento, Page descubrió que esa ventana virtual de un perfil en una red social puede hacer la diferencia. Para él, así ha sido. Lo particular es que Page, el llamado “mendigo 2.0”, usa la red social más que para quejarse y desahogar su furia –como el 80% de la humanidad- para pedir que le echen la mano. A él y a otros compañeros de la calle.

En otra ocasión, otro de sus tuits logró hacer que quitaran unas barreras que impedían acercarse a la ventilación caliente de la calle al norte de la ciudad. A través de Twitter se viste, se calza, a veces se alimenta. Incluso la solidaridad ha llegado a tal punto que esta navidad que pasó, alguien le dejó las llaves de su departamento parisino para que no se congelara en la calle. Sin embargo, lo que más conmueve es que la red social ha sido para Page el escudo contra el rechazo, la discriminación y la exclusión.

Sí, Page acabó de mendigo, pero antes llevaba una vida normal. Estudió para somelier y fue mayordomo en el barrio Madeleine. Luego, su divorcio y una profunda depresión lo pusieron en la calle y hoy sale en las revistas del mundo como el ´pordiosero´ conectado, un personaje.

Como él mismo comenta, gracias a la red social se siente acompañado. Incluso “le da la sensación de existir”. Recibe mensajes de buenos días y de te deseo buena noche, le preguntan cómo está, miles de extraños a través de una pantallita le hacen sentir que su vida sí importa. La red también lo mantiene vivo emocionalmente, como a millones de nosotros con seguridad.

Peor la reflexión más bien va por esta vía. ¿Sólo así podemos ver a los demás? ¿Verlos en la acera o en una esquina con hambre no es suficiente para que nos la creamos? Todos los días nos cruzamos con cientos de personas, que como uno, tienen cualquier cantidad de necesidades de todo tipo, pero nos hacemos los ciegos. Vamos ciegos por la vida. ¿Para verlos y tendernos la mano sería necesario que cada uno tuviera un perfil en Twitter?