¿El fin de la marca River?

test script image

Por Daniel López Casarín
Correo: [email protected]
Twitter: @daloca20

El 26 de junio de 2011, quedará grabado en la memoria de todos los amantes del futbol mundial, sobre todo, de los aficionados en Argentina y en específico de los hinchas de River Plate, pues este día marcó la fecha histórica en el que los “millonarios”, mote con el que es conocido el equipo, descendió a la B Nacional, como es denominada la liga de ascenso en Argentina en sus más de 110 años de historia. Y es que el mundo del futbol ya no respira el mismo aire con el descenso del equipo más ganador de Argentina y uno de los 4 más grandes de este país.

En ocasiones anteriores, –Tiger Woods y la Liga Mexicana de Béisbol–, he escrito acerca de los riesgos que las organizaciones pueden tener al vincular su nombre a una marca deportiva; ya sea por los malos resultados que se pueden dar, por la amenaza de los escándalos sociales y por los problemas de dopaje o de alguna otra índole que afectan no solamente al equipo, al deportista o la organización, sino que la marca patrocinadora ve como la apuesta de crear un alianza comercial, se convierte en un problema que empaña y/o mancha la imagen corporativa de la empresa.

Peor aún cuando esa alianza se ve afectada por la mayoría de estos factores, como es el descenso de uno de los más grandes equipos argentinos, el River Plate, histórico y ganador por tradición, de altísima relevancia mundial, pero con una afición –particularmente las barras bravas–, feroces y bestiales que se salen de control y traen consecuencias inmediatas sociales, un sin fín de disturbios y destrucción de propiedad ajena, que terminan con más de 50 lesionados, algunos de gravedad.

Es justo en estos momentos cuando los patrocinadores se alejan, piden clemencia e imploran a los santos porque no salgan imágenes en los medios audiovisuales, del estadio, de jugadores, de aficionados, de cualquier persona o cosa donde se vislumbre que la marca tiene alguna relación comercial con River.

 

 

En estos momentos River Plate, necesita más que nunca del marketing deportivo, se encuentra en una emergencia, la cuál debe ser muy bien planeada y delineada, reconociendo cuáles son los puntos fuertes a resaltar y cuáles deben dejarse pasar, para ejecutar un correcto plan de acción.

El siguiente punto importante, será el futuro inmediato del club y sus alianzas comerciales. Aceptando que la imagen de la marca y su grandeza de más de 110 años está en crisis, con resultados positivos inexistentes y la afición enardecida con los jugadores y directivos a los cuales no les creen nada y culpan de este infierno actual, creando un quiebre con los seguidores del club que son los consumidores finales y en estos minutos de desgracia no quieren saber nada de la marca, las entidades empresariales saben que tienen el poder de negociar, pues ahora es River quien los necesita más.

 

 

Algunas de las secuelas inmediatas del descenso de River a la B Nacional serán un gravísimo perjuicio en términos económicos.

River Plate puede perder hasta 7.2 millones de dólares anuales por derechos televisivos. Los Millonarios sólo recibirían entre 722 mil dólares y 963 mil dólares por derechos de transmisión, con una altísima expectativa de llegar a los 1.9 millones de dólares. Los ingresos por publicidad disminuirían entre 7.2 y 9.6 millones de dólares.

De acuerdo a la página www.transfermarkt.co.uk, especialista en análisis económico de jugadores, valúa al equipo de la banda en 111 millones de dólares, la cuál bajará de forma drástica –a una cifra aún no definida–, por ya no ser de primera división, pues los clubes compradores en contadas ocasiones adquieren jugadores de ligas de ascenso.

El precio por las entradas al estadio tendrán que ajustarse, mientras que en los lugares generales en la A Nacional inician en los 9.60 dólares, en la B Nacional comienzan con precio de 7.20 dólares.

De los actualmente 80 mil socios, se especula que desertarán el 30 por ciento, unos 21 mil seguidores. En definitivo el valor de la marca River ¡también desciende!