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Economía argentina: ni “tan tan”, ni “muy muy”

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La economía de la Argentina está pasando por una coyuntura de turbulencia que quizás, fronteras afuera del país, sea muy complicado de ver con claridad. En estas líneas, algunas pautas para entender una realidad que no es tan calamitosa, como pintan algunos; ni plena y venturosa, como describen otros.

La economía de la Argentina está pasando por una coyuntura de turbulencia que quizás, fronteras afuera del país, sea muy complicado de ver con claridad. En estas líneas, algunas pautas para entender una realidad que no es tan calamitosa, como pintan algunos; ni plena y venturosa, como describen otros.

La palabra dólar es, una vez más en la Argentina, la que por estos días está en boca de todos. Es que en sólo una semana el peso se devaluó casi un 25 por ciento respecto de la moneda norteamericana y las versiones de descalabro y colapso financiero comenzaron a correr por los medios con mayores audiencias.

Sin embargo, ese inminente quebranto que desde la oposición política presagian parece estar tan lejos de la realidad, como también lo está la holgura económica que promueve el Gobierno que preside Cristina Fernández de Kirchner. Como diría una vieja sentencia muy repetida por los argentinos de más de 50 años: “Ni tan tan, ni muy muy”.

Por un lado, es cierto que la devaluación fue importante y en un lapso muy breve de tiempo (el dólar pasó de $ 6,50 a $ 8). Pero también es verdad que desde hace ocho años la depreciación de la moneda argentina respecto del dólar ha promediado el 15 por ciento anual, muy por debajo de la inflación interna, que en algunos de esos mismos años arañó los 25 puntos porcentuales. Este último valor corresponde a cálculos de consultoras privadas, porque desde el organismo oficial encargado de medirla (el Indec), no se ha reconocido más de 8 ó 9 por año. De hecho, la palabra “inflación” jamás es mencionada por los funcionarios del Gobierno.

Más allá de las discusiones por estos valores, lo cierto es que desde hace tiempo, los sectores industriales ligados a las exportaciones y, muy especialmente, los grandes productores agropecuarios vienen pidiendo que el dólar suba para, obviamente, sumar ganancias. Es que ahorrar en dólares (algo históricamente muy común entre los argentinos) se había vuelto un muy mal negocio porque en lugar de ganar, perdían.

Por estos días hay tres dólares en el país: el oficial, que comenzó a subir ahora; el paralelo (o “blue”, o ilegal), que se consigue en el mercado negro entre un 40 y un 60 por ciento más caro que el oficial; y el “tarjeta”, que está en valores intermedios y que es el que se considera para las compras hechas en el exterior con tarjetas de crédito.

La última novedad es que los argentinos volverán a poder comprar dólares oficiales para ahorrar (si los depositan en un banco a un año de plazo), algo que estaba vedado. Es que desde 2011, en la previa a las elecciones presidenciales, una corrida bancaria obligó a la imposición de una especie de cepo cambiario. Desde entonces y, hasta ahora, sólo se podían adquirir cuando se justificara en la necesidad de un viaje o para comprar determinados insumos importados. Ahorrar en dólares sólo era posible adquiriéndolos (mucho más caro) en el mercado paralelo.

Sensación térmica

La sensación que se percibe puertas adentro del país no tiene nada, absolutamente nada que ver con la crisis terminal del año 2001 que, entre otras cosas, generó que se sucedieran cinco presidentes en poco más de un mes. No se esperan corridas bancarias, ni saqueos (los de diciembre pasado tuvieron relación con una huelga policial), ni desesperación por buscar otros horizontes. Nada de eso.

El común de la gente está más pendiente de sus vacaciones (estamos en pleno enero, el mes más caluroso del año) que de las novedades macroeconómicas. El argentino medio tiene más problemas relacionados con los frecuentes cortes de energía (que se suceden en las grandes ciudades por las pocas y malas inversiones y el geométrico aumento del consumo derivado de una mayor producción y de la venta de acondicionadores de aire), que con la falta de trabajo (la desocupación es una de las más bajas de la historia).

Ahora bien, esta es la “foto” de hoy. Por eso hay que aclarar que esta columna puede quedar “muy vieja” en sólo un par de días, porque las novedades se suceden una tras otra y, en un país acostumbrado a los profundos vaivenes económicos del siglo pasado, todo puede ocurrir.

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