Cómo evitar que una lluvia de ideas se salga de control

La lluvia de ideas tiene como principio generar ideas originales y creativas en un ambiente relajado. El uso de esta herramienta de trabajo grupal puede ser muy útil a la hora de tomar decisiones estratégicas, pero también puede resultar infructuosa si no está bien planeada y dirigida.

Es muy común que las lluvias de ideas terminen lejos de sus objetivos: pierden el foco, se desvíen los temas, se generen discusiones inútiles y hasta altercados, ideas vacías, se disipa el control y el orden, y los presentes terminan desesperados y decepcionados.

Una sesión de lluvia o tormenta de ideas, como también se le conoce, deberá de partir de un planteamiento inteligible, con la identificación del problema o asunto que se pretende tratar, hasta una clara definición de los objetivos. Y esto se debe de comunicar con antelación, de esa manera los participantes llegarán preparados y enfocados al tema.

Su organización debe de ser óptima, desde la parte técnica, al disponer de una sala apropiada y cómoda, bien equipada y con todos los materiales y apoyos requeridos para un desarrollo ágil y óptimo, así como el establecimiento de los roles para cada uno de los participantes, ya sea en forma individual o por equipos y la del propio facilitador.

El tiempo juega un papel considerable para que la lluvia de ideas funcione correctamente. El formato más recurrido es asignar un tiempo definido para la participación abierta y luego continuar con una segunda etapa en la cual los conceptos obtenidos deben de ser pulidos, ordenados, clasificados y, los que así lo merezcan, descartados.

La parte de la ponderación es de enorme trascendencia. Por ello exige la presencia de un líder, experto en los temas a tratar. Es decir, un facilitador que mantenga el control de la sesión en todo momento y sea a la vez capaz de optimizar la información a través de una atinada elección de aquellas ideas que tuvieron mayor aceptación.

Y es que del facilitador depende para lograr un desempeño armónico y eficiente de la reunión. Su intervención influye directamente en el tono que puede tomar la conversación. De sus decisiones en cuanto a la administración del tiempo en cada fase depende el flujo de ideas y la intensidad de la participación. Es su deber motivar y fomentar las aportaciones de los integrantes, regular los turnos y mantener neutralidad evitando los juicios de valor que pueden incidir en el carácter del encuentro.

Existen algunas condiciones recomendables para que el desarrollo de una sesión de lluvia de ideas se produzca dentro de un clima templado. Una de ellas es la heterogeneidad, se debe de tratar de contar con una representación equilibrada en todos los sentidos, desde género hasta jerárquico.

Otra recomendación es realizar el ejercicio en un entorno diferente, sacar a los invitados de su zona de confort o de su contexto habitual, llevándolos a un sitio que contribuya a crear un ambiente relajado y hasta divertido, donde además puedan contar con tiempo libre para desahogarse y aclarar la mente.

En una práctica de este tipo, el respeto debe de prevalecer como una máxima, evitando las críticas, promoviendo la libertad de expresión y deponiendo cualquier tipo de discriminación. No debe de existir ningún obstáculo, material o subjetivo, que contamine el ambiente de la sesión.

Por último, no olvidemos que se está tratando con una diversidad de personalidades. La naturaleza de la estructura del grupo con frecuencia puede provocar que una lluvia de ideas sea un proceso divertido y dinámico o aburrido y tedioso. La pronta recopilación de ideas para conseguir el objetivo común es una fórmula que funciona para crear un ambiente vigoroso y emocionante y de esa manera evitar que su lluvia de ideas termine en una tempestad.