Cómo hacen los jefes para espiar todo lo que hacen sus empleados en la oficina

La productividad laboral es uno de los temas que cobra relevancia cuando se achican los márgenes de ganancia de las empresas. Así buscan solucionarlo con Big Data.

A qué hora llegaron, a qué hora se fueron, cuántos llamados telefónicos hicieron y con quiénes se comunicaron. Todas esas rutinas laborales son simples de corroborar y, en mayor o menor medida, las grandes y medianas empresas lo tienen bajo control.

Sin embargo, los nuevos conceptos en cuanto a productividad laboral están llevando ese límite más lejos. Límites que, a veces, están al borde de traspasar el derecho a la privacidad.

Un interesante ejemplo es el desarrollo la compañía Humanyze, con sede en Boston, Estados Unidos, que asegura “poder aumentar las ganancias de las empresas rastreando lo que en realidad hacen sus empleados todo el día”, publicó el Financial Times en un artículo de Pilita Clark.

Humanyze no es la única, hay varias compañías que ofrecen servicios similares.

¿Cómo lo hacen? Con Big Data. Recopilando todos y cada uno de los datos que surgen de unas tarjetas de identidad que los empleados llevan colgados en sus cuellos desde que ingresan al trabajo. Las insignias no sólo sirven para entrar y salir de la compañía o para trasladarse dentro de ella, sino que tienen micrófonos y sensores que recopilan todo: dónde está el empleado, con quién se comunica y cuánto lo hace, frecuencias, horarios, llamados, correos… Todo, excepto lo que se está hablando.

Según el FT, a Humanyze le está yendo muy bien: tiene 40 empleados y ya ha trabajado con unas dos docenas de empresas, incluyendo un importante grupo petrolero y tres bancos. Está contratando a razón de ocho personas por mes y se asoció con un proveedor de tarjetas de identidad para ampliar el negocio.

De acuerdo con lo que dice el fundador, Ben Waber, el sistema utiliza el Big Data de manera anónima y no identifica quién es quién entre los trabajadores. Además, asegura que sólo les da estas tarjetas a aquellos que dan su consentimiento con el objetivo de lograr que la gente sea productiva.

Un ejemplo

Una de las aplicaciones del sistema se puede ver en el ejemplo de una compañía petrolera que debía aumentar el tamaño de su plantilla de personal, pero no tenían espacio físico en sus oficinas y debían trasladar una parte a 15 minutos de la planta principal.

Para saber a qué equipos convenía trasladar sin que mermara la productividad, usaron el sistema de tarjetas durante un tiempo previo para recopilar y analizar datos de la movilidad y actividad de sus empleados. Así, midieron el volumen y la frecuencia de las interacciones y visualizaron las conexiones de equipo a equipo. De esa forma, la compañía descubrió que cuatro equipos hablaban a menudo con la gente de operación y con los mecánicos, por lo que no convenía trasladarlos. Con esta información, decidieron trasladar los equipos no críticos.


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