Ante el Covid-19, explosión de la telemedicina

A mitad de la década de los años 90, cuando las empresas de telecomunicaciones hablaban de la telemedicina y de todas las bondades que venían aparejadas a ella, todavía se veía como algo lejano, sobre todo por las limitaciones técnicas de la época. Casi siempre el video se pasmaba, o bien, no se sincronizaba audio y video. En suma, no era para todos.

En esa década el Internet empezó a despegar en México, pero la velocidad de la red de ese entonces no tiene nada que ver con la banda ancha que se oferta hoy en día por los diversos carriers. Recordemos, por ejemplo, que la conexión en los hogares era vía telefónica y toda interacción en la Web tardaba mucho tiempo.

Hoy en día esa percepción ha cambiado radicalmente, sobre todo por la penetración de Internet -que en México ronda el 80%, según datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi)-, la velocidad de las redes actuales y la diversidad de dispositivos electrónicos que el usuario tiene a la mano en su hogar, lo que facilita la labor del médico para llevar el control de sus pacientes, sobre todo aquellos que sufren de enfermedades crónica, como hipertensión y diabetes, entre otras más.

A nivel público, desde hace algunos años el gobierno mexicano implementó Telesalud, un programa público de telemedicina, con el fin de aumentar la cobertura de los servicios médicos y el acceso a los mismos, sobre todo de la población más vulnerable y alejada a las grandes urbes. Varios estados de la República Mexicana han documentado ampliamente sus casos, como son Nuevo León, Sonora, Guerrero y Oaxaca, entre otros.

Así, la telemedicina está ayudando a pacientes, médicos y sistemas de salud desde hace ya tiempo, pero ahora, con la pandemia por Covid-19 ha cobrado aún más relevancia, sobre todo porque su uso, dado que se elimina la asistencia presencia a hospitales, clínicas y consultorios, evita el riesgo de propagación del virus

A algunos médicos, sobre todo aquellos que no son nativos digitales, como las generaciones X y Baby Boomers, no les convence del todo la telemedicina. Muchos de ellos evitaron lo más posible el uso de WhatsApp, por ejemplo, porque les toma mucho tiempo estar respondiendo por ese medio, además de que les quita consultas presenciales que se habrían traducido en dinero para sus bolsillos.

Por la actual crisis sanitaria, la mayor parte de los médicos que brindan consulta pública y privada han tenido que entrarle al tema de la telemedicina, unos más, otros menos, pero no se puede negar que ya es parte de su experiencia, y claro, oferta.

En este espacio hemos hablado de distintas plataformas, nacionales y foráneas, que permiten a los usuarios registrarse y tener consultas médicas de calidad, tanto de médicos generales como de especialistas, a costos accesibles. Claro, el sistema le cobra un porcentaje de su consulta al doctor -tal como le hace Uber con los conductores-, pero éste tiene acceso a un nutrido número de usuarios -masa crítica- y asegura el cobro por medios seguros -mediante las más conocidas plataformas electrónicas de pago- de su consejo médico.

También está el caso de diversas apps disponibles para teléfonos móviles que brindan, mediante una cuota mensual, el acceso a un cierto número de consultas médicas al mes, además de diversos servicios -como ambulancia una o dos veces al año en caso de requerirla, entre otros-, lo cual ha coadyuvado a aumentar el acceso a los servicios médicos de la población.

Lo cierto es que el Covid-19 ha destacado la importancia de la telemedicina, por lo cual ahora es más que necesario la adopción de tecnologías de vanguardia e innovaciones para hacerla parte integral del sistema de salud en México, no solo para atender contingencias como la que ahora vivimos hoy en día, sino como un gran baluarte para aumentar el acceso a los servicios de salud, y de esta manera, reducir la brecha en la atención médica.

Vacunas para Covid-19, ¿a la orden?

La semana pasada la Asociación Mexicana de Industrias de Innovación Farmacéutica (AMIIF) organizó una videoconferencia la mar de interesante en el contexto actual para hablar sobre el desarrollo de las vacunas para Covid-19. Ahí se informó que, hasta el momento, se están desarrollando 118 vacunas por científicos todo el mundo, ocho de las cuales ya están en la fase clínica.

En el encuentro virtual, la AMIIF logró reunir a directivos y especialistas de distintos laboratorios farmacéuticos, con lo cual se demostró, una vez más, que esta pandemia ha unido más al sector en vez de dividirlo por temas de competencia y demás. El panel contó con la presencia de Alejandrina Malacara, de Sanofi Pasteur; Alejandro Cané, de Pfizer; Eduardo Franco, de Janssen; Yolanda Cervantes, de GSK; y Fernando Fon, de la AMIIF.

El tema de la charla fue la innovación y la colaboración alrededor de las vacunas para Covid-19 y afirmaron que esta enfermedad les presenta un triple reto a las farmacéuticas: el primero, claro está, es desarrollar la vacuna en un tiempo récord que demanda la actual crisis sanitaria; el segundo, producirla a grandes escala, lo que demanda aumentar y compartir las capacidades de fabricación; y el tercero, no menos importante, es hacerla llegar a la mayoría de las personas, pero esto no será nada fácil, sobre todo por la cuestión regulatoria y también económica.

En México, por ejemplo, el tiempo promedio para aprobar una vacuna por parte de la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (Cofepris) y que ésta se distribuya a todo el sector salud, es de más de cuatro años. Además, como recordó uno de los participantes, la vacuna, una vez que llegue, se produzca y esté lista, no será para todos, igual que como sucede con el resto de las vacunas en México. Ni más ni menos.

El botiquín

¿A qué santo habrá que rezarle para que los periodistas que cubren la conferencia diaria del subsecretario de Salud, doctor Hugo López-Gatell, mejor conocida como “la telenovela de las siete”, hagan preguntas concretas? El tema no es solo que se traban, o pasman incluso -como la ahora famosa reportera de El Sol de México-, a la hora de preguntar, o que hablan con los labios cerrados -un gran truco sin duda-, sino entender al final cuál fue la pregunta o preguntas después de varios minutos de monólogo…

SUSCRÍBETE AL CONTENIDO PREMIUM POR TAN SÓLO $299