4 razones que marcan la extinción del líder autocrático

El jefe maldito, el que latiguea todo el tiempo, el que se convierte en todo un personaje dentro de una organización, porque su sola presencia es señal de pánico, afortunadamente se encuentra en peligro de extinción, pero desde mi punto de vista más que erradicarlos o echarlos fuera de las organizaciones, debemos ayudarlos a cambiar su manera de ejercer su liderazgo a uno más adecuado a las circunstancias del entorno laboral, que nos pide líderes más democráticos, que entiendan a las nuevas generaciones y sobre todo, que pongan su gran experiencia al servicio de la empresa, porque hay que reconocer que es gente muy apasionada de su trabajo, a veces sin vida social y que pretende que toda su gente se adapte a su forma de ser y hasta al apego de sus horarios.

El problema al que se están enfrentando las nuevas generaciones cuando están a cargo de un jefe con estilo autocrático, es que no saben qué hacer al respecto, se terminan fastidiando de manera rápida y se van al poco tiempo de haber ingresado. Pero, ¿porque no se ponen en los zapatos del jefe?, lo analizan y buscan la manera de establecer una empatía, en lugar de salir huyendo a las primeras de cambio, deberían pensar en quedarse y explotar al máximo el conocimiento del jefe capataz, que alguna buena cualidad debe tener.

A continuación mencionaré las razones por las cuales están desapareciendo los jefes capataces, cuyo estilo puede gustar o no, pero que, en muchas de las ocasiones tienden a llegar a los objetivos que han sido establecidos por la organización, pese a la resistencia que tienen por parte de los miembros de su equipo:

1. Las nuevas generaciones buscan mentores no que se las mienten

Quién todavía tenga como estrategia de liderazgo el optar por la forma autoritaria, me parece que está cometiendo un grave error, ya que los tiempos por los que estamos pasando exigen cambios en los estilos de liderazgo que debemos establecer en nuestros equipos de trabajo; se ha terminado el tiempo en el que regañar todo el tiempo a los miembros del equipo no es lo más correcto, porque ahora también ha llegado el tiempo en que haya motivos para reconocer el esfuerzo y la dedicación que ponen todos los días para lograr los objetivos deseados. Pero aún hay líderes que quieren ser el centro del universo todo el tiempo y anteponen sus intereses personales a los del equipo. Hay que decirles a este tipo de líderes que el corazón del equipo son los empleados que están bajo nuestra tutela y que el líder del equipo es solo un instrumento de orientación y asistencia de alternativas de elección y de acciones para llevarlos al alcance de la misión. Si un líder de la actualidad piensa que ser mentor significa mentarle la madre a sus subordinados no debería tener cabida en ninguna empresa porque denigrar al empleado lo único que ocasiona es una moral baja que se transforma en baja productividad.

2. Máximo de libertad y mínimo de disciplina

Ha llegado el tiempo en que el líder tenga que establecer mucha confianza con los miembros de su equipo y ésta confianza debe estar basada en una situación de libertad ordenada, con un máximo de libertad y un mínimo de disciplina, pero ése mínimo de disciplina se tiene que respetar a cabalidad, donde los empleados se sientan con la responsabilidad de acatar esas pocas normas o reglas que disciplinen la conducta del equipo para que no se convierta en libertinaje. Está demostrado que un trabajador bajo un ambiente de libertad aporta mejores ideas, trabaja más a gusto y puede expresar sugerencias sin temor a que sea castigado por su jefe o que exista una enemistad con él.

3. El esclavismo desapareció hace mucho

Un buen líder debe entender que no se gana el respeto cuando los subordinados se ponen a temblar ante su presencia, el respeto se lo gana el líder a través de su prudencia, de su justicia, de su sabiduría, pero eso toma tiempo, no es de un día de para otro. No se puede entender como a estas alturas de cambios a nivel global, la mala práctica del liderazgo enfocado al esclavismo sigue en activo, aunque ahora el látigo y chicote no exista como instrumento de azote, lo son los improperios a los subordinados y que son aún más dolorosos que los golpes físicos, pues estos últimos, desaparecen, pero los mentales a veces pueden marcar a una persona para toda la vida, así que hay que tener cuidado con este tipo de detalles que son de una importancia invaluable en la vida de los nuevos prospectos.

4. No es una lucha del que grite más

La exposición de ideas o la solución de controversias y conflictos no la gana la persona que más grite en una discusión, y esto se debe a que un líder no se puede volver una persona intransigente donde sólo sus ideas puedan permanecer y generar soluciones para el grupo. Un líder basa su autoridad en el autocontrol, en la tolerancia y en la inteligencia, no en la negligencia y en la soberbia. Los jefes que están acostumbrados a pegar gritonizas y exhibir a sus subordinados son personas con traumas que necesitan ayuda profesional y que principalmente no saben escuchar, pues piensan que una opinión externada por alguien del grupo es una opinión que va en contra de su persona y por ende lo interpretan como una expresión para querer golpearlos. Por lo general los líderes que saben escuchar son la gente que más destaca en el entorno laboral, así que hay que dejar de gritar y empezar a comunicar.

El líder autocrático tiene que entender que la ley de la imposición del miedo ha pasado a mejor vida, así como el lanzamiento de todo tipo de improperios para demostrar que solamente ahí sus chicharrones truenan y que los demás que los rodean, deben mostrar una actitud de esclavos para servir al todopoderoso. Si pretenden sobrevivir en este mundo casi gobernado por millennials, tienen que efectuar un cambio radical, empezando por impulsar al grupo a través de acciones que se realicen por convicción y no por obligación.