Guantes rosas, uniformes y balones de futbol rosas, productos rosas, campañas rosas. El mes de octubre se tiñe de este color para generar consciencia sobre el problema de salud que representa el cáncer de mama en México.

La Organización Mundial de la Salud refiere que en el país, cada año, alrededor de un 1.4 millones de mujeres contraen la enfermedad, de las cuales fallecen 458 mil. Mientras que el Instituto Mexicano del Seguro Social estima que 8.8 millones de personas mueren de cualquier tipo de cáncer cada año, lo que representa la tercera causa de muerte después de las afecciones cardíacas y diabetes.

Si bien distintas organizaciones (gubernamentales, empresas privadas, médicas, deportivas) se han preocupado por difundir la importancia que tiene un diagnóstico temprano para prevenir la enfermedad, varias campañas de concienciación no han logrado el objetivo, en incluso, han resultado ofensivas o de mal gusto.

Un caso de este año en México, fue la campaña que lanzó el gobierno del Estado de Nuevo León apenas iniciado el mes de octubre. Aquí la imagen.

Apenas difundida en redes, reacciones y críticas señalaron la forma de abordar el tema, a lo que el gobierno del estado -encabezado por Jaime Rodríguez, a quien en reiteradas ocasiones a lo largo de su administración se le ha calificado de “homofóbico y machista”- aseguró que las imágenes fueron publicadas “por error”.

La ex directora del Instituto Estatal de las Mujeres de Nuevo León, María Elena Chapa, declaró en aquel momento que la campaña es una falta de respeto a las mujeres y dio muestra de una “enorme insensibilidad” para tratar los temas vinculados con la mujer y su salud.

El resultado: las imágenes fueron retiradas de las cuentas de redes sociales del gobierno estatal y fueron sustituidas por un nuevo diseño que invita a las mujeres a la autoexploración.

Otro ejemplo: La franquicia de Next Top Model en Ucrania lanzó una campaña en la que sus modelos usaron gorras de goma para simular la falta de pelo (efecto que padecen las mujeres con cáncer que se someten a tratamientos a partir de radiaciones), lo que provocó reacciones en contra de la campaña que buscaba, según sus creadores, transmitir un mensaje de que el cáncer no implica la muerte.

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Uno de los riesgos que corren las marcas de diversas industrias es la forma de abordar el tema. La generación de contenidos y mensajes poco delicados pueden resultar ‘forzados’.

Como la campaña de ADO, empresa transportista que anunció la creación de un autobús rosa “con el principal objetivo de difundir información para fomentar la educación y detección oportuna”.

Para sustentar el esfuerzo, ADO se unió con la Fundación del Cáncer de Mama A.C. (Fucam) para crear un micrositio con información y memorias de las diversas campañas y acciones realizadas de 2013 a 2015.

Otro: Breakthrough Breast Cancer, organización del Reino Unido cuya misión fue “salvar vidas mediante la mejora del diagnóstico, el desarrollo de nuevos tratamientos y la prevención”.

Antes de su fusión en 2015 con otra fundación, Breast Cancer Campaign, lanzó un cartel promocional en el que destaca un sostén repleto de lápices en cada copa con la leyenda: “Nuestro objetivo es proporcionar el conocimiento y la educación necesarios para ayudar a miles de mujeres a sobrellevar el cáncer de mama”.

Una campaña más con frutas fue la de World Wide Breast Cancer, que empleó limones para explicar, no solo mostrar, las formas en que se puede ver y sentir un tumor cancerígeno. Pero a diferencia de la propuesta planteada por el gobierno de Nuevo León (guardadas las comparaciones) la ONG realiza un esfuerzo digital mayor al lanzar un sitio web con información relevante en varios idiomas, infografías y hasta una tienda virtual cuya venta de productos son en beneficio de mujeres que padecen la enfermedad.

 

Violencia rosa

Las desafortunadas campañas alrededor del tema van más allá de la promoción de una deficiente estrategia de marketing o de un concepto forzado para sumarse a la prevención de la enfermedad.

Para Ana Porroche-Escudero, antropóloga e investigadora en la División de Investigación para la Salud de la Universidad de Lancaster y miembro del Breast Cancer Consortium, esta “concienciación colectiva” a través de campañas y productos a generado un interés público sin precedentes, pero a costa de la despolitización del término.

“El término se reduce a la provisión de información para que las mujeres cumplan con los mandatos médicos haciéndose mamografías y adoptando un estilo de vida que se considera saludable. El adoctrinamiento proviene del tono parternalista, monocromo, basado sola y únicamente en fomentar el acatamiento de las normas sobre el comportamiento personal y coercitivo, apelando al miedo a la enfermedad, a la responsabilidad social y a las responsabilidades de género para influir en el comportamiento de las mujeres”, escribe Porroche-Escudero.

La investigadora argumenta que esta visión “instrumentalista y violenta” contrasta con otros planteamientos feministas basados en información crítica y en la promoción de la autonomía personal.

Esta “despolitización” del término ha generado una gran cantidad de propuestas publicitarias, como algunas de las arriba señaladas, que legitiman una “buena causa”, y ha llevado a invertir millones de pesos en esfuerzos que lejos están de fomentar la autonomía personal.

“El sexismo, la sexualización, la infantilización de las mujeres, la difusión de información sesgada o totalmente irrelevante son frecuentes en muchas campañas”, comenta la académica de la Universidad de Lancaster.

Además, la antropóloga española plantea una serie de preguntas que bien podrían servir de guía para difundir una postura más crítica sobre la enfermedad, entre ellas:

– ¿Por qué la incidencia del cáncer de mama continúa aumentando a pesar de los avances de la medicina?
– ¿En qué tipo de investigación se invierte el dinero?
– ¿Cuánto dinero se recauda con la mercadotecnia rosa, a dónde va a parar y a quién beneficia?
– ¿Qué grupos de mujeres desarrollan determinados tipos de cáncer, y quién tiene más probabilidades de sobrevivir?
– ¿Cuál es el impacto económico, social, emocional y físico del diagnóstico y tratamiento de cáncer?
– ¿Cuáles son las diferentes opciones terapéuticas disponibles para las personas afectadas?
– ¿Cuáles son los beneficios y los efectos secundarios de las intervenciones?

Mientras tanto se encuentran las respuestas a estas cuestiones, organizaciones gubernamentales iluminan edificios públicos con reflectores rosas como símbolo del combate a la enfermedad y se aumenta el presupuesto para incrementar el número de mastografías aplicadas para la detección temprana de la enfermedad, sin informar a las pacientes sobre las consecuencias del invasivo tratamiento.