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Steve Jobs y el secreto del inodoro: los más extravagantes hábitos de 9 genios para despertar la creatividad

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Desde Business Backers, revelan los extravagantes e inusuales hábitos de 9 genios para despertar su creatividad en tiempos de falta de ideas.

La exigencia de innovación para destacar en el mercado es cada vez mayor y aunque las marcas son conscientes de esta demanda, lo cierto es que son pocas las empresas que logran cumplir el objetivo con éxito. La creatividad juega un rol sumamente importante.

Una investigación firmada por Simon-Kucher & Partners indica que el 90 por ciento de las empresas asegura que la presión sobre el precio es creciente, con lo que el 75 por ciento de las organizaciones asegura que la innovación de productos en la mejor medida para contrarrestar los efectos de dichas presiones.

No obstante, desde TNS, revelan que de aquello que las marcas identifican como “innovación” en su oferta comercial, sólo el 15 por ciento corresponde a propuestas realmente nuevas.

Aunque muchos son los factores que influyen en estos números, lo cierto es que la falta o estancamiento de la creatividad es para mucho un gran obstáculo al respecto.

El efecto inmediato ante esa carencia, sin duda es la frustración, pero ¿cómo enfrentaban este problema las grandes mentes creativas?

Desde Business Backers, revelan los extravagantes e inusuales hábitos de 9 genios para despertar su lado más creativo:

Steve Jobs y el secreto del inodoro

El fundador de Apple, de acuerdo con la fuente cita, tenía como hábito remojar los pies dentro del inodoro. 

Para el padre del iPhone, esta era una forma de reducir el estrés, aunque se desconoce la extravagancia de hacerlo en peculiar lugar.

Salvador Dalí con una llave en mano

El fiel representante del surrealismo solía quedarse dormido con una lleve en la mano, para que una vez que comenzará a caer en un sueño profundo y al quedarse son fuerzas, el objeto cayera en un plato metálico y lo despertará.

Según su filosofía, las ideas más estrambóticas brotaban del inconsciente y la única forma de acceder a ellas era en la transición del sueño a la conciencia.

Para Nikola Tesla todo está en los pies

Este genio creía que el motor de las neuronas y los hemisferios cerebrales estaban en los pies. Así cada noche enroscaba los dedos de sus pies cien veces en cada una de sus extremidades inferiores todas las noches. El célebre invertir creía que con esto las células cerebrales se activaban.

Una manzana al día según Agatha Christie

La reconocida novelista llamaba a las musas de sus novelas al sumergirse en una bañera, al mismo tiempo que comía manzanas para rodearse de los huesos y desperdicios de esta frutas.

Con esto la escritora británica aseguraba que su mente se abría para dar argumentos a sus reconocidos escritos.

Igor Stravinsky y todo de cabeza

Compositor y director de orquesta ruso creía que la creatividad venía cuando se paraba de cabeza por cierto tiempo. En su imaginario, esta posición permitía descansar la cabeza y despejar el cerebro, lo que favorecía la aparición de ideas nuveas.

Honoré De Balzac con 50 tazas de café

Sin duda un amante del café, el novelista francés bebía 50 tasas de café al día para despertar su creatividad. El representante de la llamada novela realista del siglo XIX comparaba los efectos de esta bebida con las chispas que llegan al cerebro  hacen que las ideas fluyan y cobren forma.

Nakamatsu Yoshiro ¿un hábito suicida?

El inventor japonés argumentaba que al estar más cerca de la muerte la creatividad fluía con mayor libertad en su ser. Por eso, se sumergía en el agua por largos periodos hasta quedarse sin oxígeno en espera de un destello de genialidad.

Truman Capote y su posición única

A diferencia de cualquier otro escritor, el reconocido novelista y periodista argumentaba que la única manera de pensar y dar argumento a sus relatos era escribir acostado ya fuera en un sofá o en su cama. El trabajo de escritorio era rutinario.

Theodor Seuss Geisel, en más de una cabeza

Como caricaturista y escritor creía que utilizar sombreros extravagantes ayudaba a inspirar la creatividad y superar el síndrome del “bloqueo del escritor” que limita el desarrollo de ideas geniales.

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