En el mercado mexicano de acuerdo con estudios de Greenpeace, una persona genera 650 bolsas de plástico al año con una vida útil de sólo 12 minutos, lo que genera 12 mil 816 toneladas de residuos sólidos urbanos sólo en la Ciudad de México.

Esto se ha convertido en un problema importante para el que las marcas y organismos de gobierno han buscado diversas soluciones. La más contundente al momento es la prohibición del uso de bolsas de plástico y otros componentes así como utensilios fabricados con este material, misma que entró en vigor el primero de enero de 2020.

¿Un negocio que se paraliza?

Desde la óptica de negocio, la iniciativa a favor del medio ambiente puede leerse desde dos ópticas.

Por un lado, hablamos de una medida que representa cierto ahorro a los micro y pequeños comercios del país.

Según la Cámara de Comercio, Servicios y Turismo en Pequeño de la Ciudad de México (Canacope), la prohibición del uso de bolas de plástico, suponen un ahorro de 15 millones 901 mil pesos por día para este tipo de negocios. Se prevé que el ahorro anual llegue a los 5 mil 804 millones de pesos.

No obstante, desde una óptica contraria, tenemos una industria que se ve golpeada ante esta prohibición que parece extenderse, con diferente ritmo, a lo largo y ancho del país.

Los datos son claros. Cifras de la Asociación Nacional de Industrias del Plástico, A.C. (Anipac), en el país la industria del plástico tiene un valor de 22 mil millones de pesos y genera 293 mil empleos.

De este total, la fabricación de bolsas y películas de plástico flexible emplea a 44 mil 100 personas de los cuales 8 mil 270 se ubican en la Ciudad de México, con un valor de producción de 9 mil millones de pesos.

Luego de la prohibición, esta industria trabaja a entre el 10 y el 20 por ciento de su capacidad, sobre todo las empresas de la Ciudad de México, Guadalajara y el Estado de México, con lo que se ven afectados 50 mil empleos en 4 mil empresas en toda la república.

Más allá de eliminar las bolsas

Estas dos escenarios que merecen el mismo nivel de veracidad es bien reconocido por el consumidor, quien si bien vio cumplida una de sus existencias más generales, también asume que esto representa un costo importante para la economía.

Adrián Ávalos, gerente de estudios especiales de la División Worldpanel de Kantar México, indica que una de “las preocupaciones que tiene la gente, es reducir el plástico de un solo uso en autoservicios, supermercados, por lo que 46 por ciento respondió que algunas de las posibles soluciones son: no usar bolsas de plástico para frutas y verduras; 44 por ciento usar menos plástico para emplayar frutas, verduras, carne, embutidos, quesos, y 33 por ciento utilizar plástico reciclable”.

De acuerdo con el Departamento de Investigación de Merca2.0, la prohibición de las bolsas de plástico tendrá un impacto negativo en la economía nacional para el 36 por ciento de los mexicanos.

Y es que aunque la iniciativa es loable en el camino de garantizar la salud del medio ambiente, lo cierto es aún falta mucho para cimentar y desarrollar una industria sostenible amigable con el medio ambiente.

Evangelización, el primer paso

Las exigencias van más allá de la mera prohibición de los componentes y bolsas de plástico. En palabras de Claudia de la Vega, directora de descolo corporativo de Walmart de México y Centroamérica, “esta iniciativa es un paso muy importante, pero no es lo único que podemos hacer. Hace falta el desarrollo de industria rentable para la compostabilidad y el manejo post consumo de residuos tanto orgánicos como inorgánicos. Eventualmente se llegará ahí, pero toma tiempo y sobre todo se requiere de un trabajo en conjunto con el gobierno y otros actores relevantes y expertos en el tema. Pero este primer paso es muy importante”.

La modificación sólo será una iniciativa benéfica si la industria del plástico es capaz de mudar a un nuevo modelo de producción que entrega nuevas propuestas al mercado. Parte del proceso deberá centrarse en evangelizar tanto al cliente B2B como al consumidor final.

Como lo indicó Eduardo Contreras Pérez, presidente de la Canacope, “con ello, se lograría el reimpulso de la industria del plástico, la preservación de sus empresas, la derrama económica que generan y la conservación de los empleos de este sector”.