• Starbucks registra más de 80 millones de clientes cada semana.

  • Howard Schultz, ex CEO de la firma buscará postularse para contender por la presidencia de Estados Unidos durante 2020.

  • El llamado a no consumir café en la cadena fue promovido por la presidenta del Center for American Progress de investigación de políticas públicas.

Para nadie es un secreto que Starbucks es una de las marcas más reconocidas a nivel mundial, cualidad que le ha permitido construir un imperio alrededor de la experiencia que supone beber una tasa de café.

A nivel mundial la marca, de acuerdo con sus reportes, registra más de 80 millones de clientes cada semana, lo que es igual a 3 mil 840 millones de personas atendidas cada año, números que han permitido a la cadena de cafeterías surgida en 1971, genera ingresos por más de 22 mil 390 millones de dólares (2017), de acuerdo con datos de Statista.

Mucho de estos logros es resultado de la dirección por décadas dio Howard Schultz, ex CEO de la firma que ahora buscará postularse para contender por la presidencia de Estados Unidos durante 2020.

¿Una crisis de marca a la vista?

Si bien desde hace varios meses la relación laboral con Starbucks se perdió, lo cierto es que las intenciones para conquistar la Casa Blanca de Schultz pueden ser un grave problema para la marca de cafeterías, toda vez que diversos demócratas están comenzando a llamar a un boicot para limitar los ingresos del probable candidato independiente ante la posibilidad de fragmentar el voto y contribuir a la reelección de Trump.

El llamado a no consumir café en la cadena fue promovido por la presidenta del Center for American Progress de investigación de políticas públicas (CAP, por sus siglas en inglés), Neera Tanden, quien desde su cuenta de Twitter destaco que “proyectos de vanidad” dañan la democracia del país, al tiempo que afirmó que de concretarse las intenciones del ex presidente de Starbucks, “iniciaré un boicot de Starbucks porque no pagaré ni un centavo que termine en las arcas electorales de un hombre que ayudará a Trump a ganar”.

La iniciativa ha sido apoyada por diversas voces de opinión, que desde diferentes canales han expresado su postura e intenciones por afectar a la marca.

Por su parte, Trump respondió al anunció de Schultz con un tweet en el que, a manera de reto, afirmó que este personaje “no tiene agallas para presentarse a la presidencia”.

¿Qué queda para Starbucks?

El problema no es nada menor para Starbucks, firma que hasta el momento, no ha fijado postura. La conexión que los consumidores hacen entre el CEO de una empresa y la imagen de la misma es tan sólida que casos como este demuestran el arma de doble filo que esto significa.

El 70 por ciento de las personas afirma que sus decisiones de compra toman en cuenta la reputación de las empresas que respaldan a las marcas y no sólo las características per se del producto (Weber Shandwick).

En este juego, la reputación del CEO juega un papel fundamental. La imagen de una empresa está indisolublemente ligada a la reputación de su presidente ejecutivo: ejecutivos globales atribuyen más de la mitad del valor de mercado de su compañía a la reputación del CEO, con lo que la reputación positiva del CEO aumenta la atracción de los inversores (88 por ciento), la protección contra crisis (91 por ciento) y la atracción y retención de talento (81por ciento y 79 por ciento respectivamente).

Ante este hecho que juega en dos direcciones, Starbucks deberá emitir algún tipo de comunicación para fijar su postura en pro de hacer frente a una crisis que podría estar en proceso de gestión y explotar con creces en unos cuantos meses.

Lo cierto es que la marca deberá ser muy estratégica al respecto si consideramos que el consumidor ve con malos ojos cuando una marca se suma a temas políticos.

Un reciente estudio firmado por 4A indica que aunque el 67 por ciento de los responsables de mercadotecnia creen que los valores cambiantes están haciendo que las marcas se interesen más por la responsabilidad corporativa y el marketing basado en valores, el 58 por ciento de los consumidores no están de acuerdo en que las marcas involucren sus estrategias de mercadotecnia con temas políticos. Sin embargo, las audiencias afirman que ven con buenos ojos a aquellas marcas que toman una postura positiva ante temas como la lucha contra el racismo, la inclusión o la igualdad de género.