¿Qué es el empate técnico y por qué debe saberlo un estratega político?

Surge cuando dos o más candidatos se encuentran en primer lugar, pero la diferencia entre ambos es igual o menor al margen de error del estudio.

empate técnico
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La temporada electoral mantiene una constante publicación de encuestas, las cuales buscan dar una idea de la intención de voto y el posicionamiento de algún aspirante durante todo el proceso democrático.

De aquí surge una frase favorita acuñada por los realizadores de los muestreos: el “empate técnico”, que se refiere a la proporción de votos que obtendrá un candidato participante en una elección entre dos o más candidatos.

Este término, que en el lenguaje de la Estadística, se denomina “parámetro de interés”, nos habla de un valor  desconocido antes del recuento total de votos de una elección, y por tanto se desea recabar información que sea estadísticamente analizable para realizar algún tipo de inferencia estadística respecto a dicho parámetro.

Se argumenta que el concepto de “empate técnico” en encuestas y conteos rápidos electorales no tiene fundamento probabilístico, y que en su lugar la incertidumbre asociada a dichos ejercicios estadísticos debiera expresarse en términos de una probabilidad de triunfo del candidato puntero.

¿Cómo surge?

Este término comienza a usarse cuando dos o más candidatos se encuentran en primer lugar, pero la diferencia entre ambos es igual o menor al margen de error del estudio, sea encuesta preliminar, encuesta de salida o conteo rápido.

En un empate técnico siempre un candidato muestra una ventaja sobre otro, y normalmente los partidos y candidatos lo utilizan para decir que tienen una “Ligera ventaja”.

Esto resulta falso, ya que lo que miden las encuestas son probabilidades, y el empate técnico lo que indica es que hay las mismas probabilidades de triunfo para cada uno de los candidatos que se encuentran empatados.

Por ende, es irrelevante cuál candidato queda arriba de otro dentro de un empate técnico.

Esta situación implica que no hay forma de saber quién es el ganador de una elección hasta que el conteo oficial llegue a un punto donde la ventaja de un candidato sea matemáticamente irreversible, de forma aritmética, lo cual en las elecciones muy cerradas no sucede sino hasta prácticamente el conteo total de los votos.

Además, hay que tomar en cuenta que los votos impugnados, que se resuelven en los tribunales electorales, pueden revertir los resultados de una elección sumamente cerrada, aunque ya todos los demás votos hayan sido contabilizados.

Las casas encuestadoras suelen jugar con este margen de error cuando hay empate técnico, ya que se puede manipular los datos para poner como “ganador” (con “ventaja” dentro del margen de error) al candidato que prefiere el cliente que manda hacer el estudio, sin incurrir en falseamientos de los datos que violen las técnicas estadísticas de cálculo.

Para los estrategas políticos, resulta fundamental tomar en cuenta este término, ya que representa una baja en la guardia cuando está liderando la preferencia del voto.

El caso lo tuvimos presente durante las elecciones de Estados Unidos, en 2016, cuando la estadística señalaba como virtual ganadora a la demócrata, Hillary Clinton, cuando la intención de voto favoreció al republicano Donald Trump.

En el caso de México, el empate técnico ha sido utilizado como herramienta de desinformación por parte de los partidos políticos en los momentos que las encuestas no los favorecen. Tal como lo hiciera a finales de enero Enrique Ochoa Reza, líder nacional del Partido Revolucionario Institucional (PRI), quien señalaba un empate técnico entre Andrés Manuel López Obrador y José Antonio Meade.