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Lucha a favor de inmigrantes: Más que un golpe político, un golpe económico

Durante los últimos meses, temas relacionados con la migración y Estados Unidos han acaparado las conversaciones en todos los niveles.

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Las políticas propuestas e impuestas por el presidente Donald Trump en la materia tienen efectos importantes en todas las aristas sociales, económicas y políticas alrededor del mundo.

Desde que el actual presidente de la Unión Americana se contrata en campaña electoral, una de las promesas más cuestionadas fue aquella que abogaba por deportar a los millones de inmigrantes que radican en dicha nación.

American passports lying on a rustic wooden table open to reveal hand stamps from customs officials on border control applied during traveling abroad
Según Pew, había unos 11.1 millones de inmigrantes indocumentados viviendo en Estados Unidos en el 2014, lo que representa el 3.5 por ciento de la población total.

En noviembre pasado, una vez que se dieron a conocer los resultados de la elección, Trump afirmó que deportaría de 2 a 3 millones de inmigrantes considerados como ‘criminales’ por la nueva administración; la declaración daba los primeros indicios sobre la intensificación en la explosión de personas que se encuentran en Estados Unidos tanto de legal como ilegalmente.

Hace unos días de la mano de la nueva administración comenzaron las primeras deportaciones al respecto, y aunque las cifras no reflejan un incremento considerable hasta el momento -cuando menos en el caso mexicano-, la poca claridad en los procesos así como en lo que la política de Trump entiende como ‘criminales’, el hecho desató diversas protestas que dieron la vuelta al mundo.

A favor de la comunidad migrante

#UnDíaSinMigrantes fue uno de los movimientos más representativos. Gestado en redes sociales, el movimiento conminó a todos los migrantes radicados en el país del norte a desaparecer del sector productivo por un día (16 de febrero de 2017) como un reclamo a la política anti-migratoria impuesta por el primer mandatario de aquella nación. No presentarse en labores, evitar realizar compras en tiendas o internet, no enviar a los niños a las escuelas y comer en casa, antes que en restaurantes fueron parte de las consignas.

El día llegó y las calles de diversas ciudades en Estados Unidos fueron inundadas por manifestaciones de migrantes y americanos que apoyan la estadía de las personas de otra nacionalidad en Norteamérica.

El hecho tuvo gran eco en redes sociales. Durante la tarde de la celebración del evento, el hashtag #UnDíaSinMigrantes alcanzó sólo en Twitter una exposición calculada en 20 millones 804 mil 929 impresiones, con un alcance de 13 millones 158 mil 560 millones de cuentas.

Técnicamente, la causa que defiende el movimiento es una violación a la ley norteamericana; permanecer en aquel país sin documentos oficiales es una falta a las normas que, incluso es considerada como un delito frente a algunas interpretaciones de la legislación.

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También es una realidad que las deportaciones entre México y Estados Unidos no son nada nuevo; de hecho, cifras oficiales indican que el número de nacionales repatriados se mantiene a la baja. Según datos del Instituto Nacional de Inmigración durante enero pasado fueron deportados 12 mil 447 mexicanos, cifra menor a la reportada en ese mismo mes pero del año pasado cuando se registraron 13 mil 093 personas enviadas de Estados Unidos a México.

Lo que hace diferente el contexto anterior son las propuestas y procesos migratorios que propone Trump. La prohibición de la entrada legal a territorio americano a los ciudadanos de diversos países musulmanes hasta la revisión de redes sociales como requisito para ingresar al país aún cuando se tienen documentos en orden, hablan de las intenciones de la nueva presidencia por restringir hasta casi minimizar la presencia de extranjeros en la nación, lo que además de poner en entredicho las relaciones con diversos territorios a nivel global, representaría un duro golpe a la economía americana.

El riesgo que no quiere ser visto

La población en Estados Unidos está en camino por convertirse en un mercado multicultaral. Según datos oficiales del último censo de población en aquella nación, los hispanos registrarán un crecimiento de la población de más de 50 por ciento entre 2015 y 2020, con lo que se pronostica que durante este mismo periodo, dicho segmento poblacional represente el 40 por ciento del crecimiento del mercado laboral.

De hecho estimaciones de IHS revelan que para 2044, más de la mitad de la población norteamericana pertenecerá a un grupo minoritario, lo que convertirá a Estados Unidos en una nación multicultural.

Emigrant to the train station with cardboard suitcases.
Se estima que el 40 por ciento de las compañías Fortune 500 fueron fundadas por inmigrantes o sus hijos.

Por tanto, una parte significativa de su economía está sustentada en el trabajo que realizan día a día los residentes extranjeros los cuales, con el paso del tiempo, no sólo han demostrado valor por conceptos como mano de obra barata; su aporte es cada vez más profesionalizado y sofisticado.

Tan sólo al hablar de la contribución que hacen los connacionales, de acuerdo con un estudio elaborado por la plataforma de empleo Apli, cerca del 10 por ciento de la economía estadounidense depende de manos mexicanas, por lo que se prevé que una deportación masiva significaría la disminución del PIB de dicho paños en un 10 por ciento (alrededor de mil 500 millones de dólares anuales).

Cuando el fenómeno se estudia por industrias, nueve de los 15 sectores que componen la columna económica en Estados Unidos cuentan con un 20 por ciento de participación mexicana, por lo que al eliminar dicha colaboración se prevé un colapso en industrias enterar que sería similar al  que registraron durante la crisis financiera de 2008.

El impacto económico se sentiría incluso a nivel de consumo interno doméstico. El costo social para los ciudadanos norteamericanos sería importante. A decir de estimaciones del Centro de Estudios de Migración de Estados Unidos (CMS), 6.6 millones de americanos comparten hogares con residentes indocumentados, al deportar a miembros de estas familias -que en la mayoría de lo casos son las cabezas familiares- el ingreso promedio de los hogares gringos se reduciría en un 47 por ciento.

Desde otro punto de vista, es justo recordar que la mayoría de los inmigrantes en Estados Unidos son hispanos, mercado cuyo potencial económico figura como un motor importante para diversos sector del país. Hasta 2012, Nielsen indicaba que si este segmento fuera considerado como un país independiente representaría una de las 20 economías más importante en el mundo. La consultora determina que como consumidores, dicho segmento de la población suelen comprar con menor frecuencia, pero con un ticket promedio más alto que el resto de la población. No por nada, empresas de todo tipo ponen sus ojos en este mercado con estrategias adaptadas a su realidad.

De acuerdo al Departamento del Trabajo de los Estados Unidos, el grupo familiar hispano está compuesto en promedio por 3.8 personas, frente a un promedio general de 2.6 personas por grupo familiar.

¿Marcas olvidadas por Trump?

Por lógica, las marcas de diversas industrias -nacionales como extrajeras con operaciones en aquel país- representarían uno de los jugadores más afectados tanto por cuestiones de mano de obra y costos de operación hasta índices de ventas y rentabilidad. El sector tecnológico y su postura advierte lo importante que resulta mantener la diversidad cultural en Estados Unidos a través de la aportación de los migrantes.

A principios de este mes, un total de 97 compañías entre las que se encontraron Apple, Facebook, Microsoft y Google, presentaron un escrito legal ante la Corte de Apelaciones del Noveno Circuito de los Estados Unidos, en San Francisco, California, para oponerse al polémico decreto que prohíbe la entrada de inmigrantes y refugiados de siete países de mayoría musulmana firmado hace pocos días por el presidente estadounidense Donald Trump.

La inconformidad se ha expresado no sólo a manera de declaraciones o decretos. Las organizaciones parecen estar comprometidas a luchar por diversos medios ante estas prohibiciones y deportaciones migratorias.graficas_migracion-01

Google, por ejemplo, creó  un fondo de 4 millones de dólares que servirá para ayudar las organizaciones estadounidenses Libertades Civiles (ACLU), Immigrant Legal Resource Center, Comité Internacional de Rescate (IRC) y Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR/UNHCR) que trabajan en pro de los derechos de los inmigrantes. Dos millones de este fondo serán aportados por la compañía estadounidense mientras que los otros dos millones han sido donados por los propios trabajadores.

De igual manera los trabajadores de Twitter así como diversos directivos de la firma donaron mil 590 millones de dólares a la organización Libertades Civiles (ACLU) para apoyar la lucha en contra de las prohibiciones temporales a los inmigrantes y refugiados.

Planes a futuro en peligro

Reactivar la manufactura para equilibrar la balanza comercial es uno de los principales objetivos del recién nombrado presidente. Donald Trump amagó a diferentes armadoras de vehículos con imponer un arancel de 35 por ciento para aquellas compañías cuya producción está fuera de la Unión Americana, pero que comercializan sus productos en la misma. Acto seguido, Ford Mortor Company anunció la cancelación de inversiones previstas para la construcción de una planta en San Luis Potosí, que serían de unos mil 600 millones de dólares. Parte de ese dinero se destinará a una en planta de Michigan.

De igual manera, a finales del noviembre pasado, Trump anunciaba que daría incentivos fiscales así como “grandes recortes” de impuestos a Apple si la empresa tecnológica moviera su manufactura a la Unión Americana. A poco menos de este hecho, la compañía de Cupertino realizó una notificación al Registro Federal de Estados Unidos en la que indicaba que la empresa tiene planes para fabricar productos finalizados en su planta de Mesa, Arizona, donde en la actualidad sólo hace componentes. Lo primero que haría son servidores.

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Es importante mencionar que, hasta ahora, el único producto de Apple que se fabrica en Estados Unidos es la Mac Pro, que se ensambla en una planta cerca de Austin, Texas.

No obstante, todos estos esfuerzos carecerán de valor y efectividad si las políticas comerciales, de migración y sociales no consideran la intrínseca cultura multicultural sobre la cual está construida la sociedad y economía estadounidenses modernas.

Establecer el escenario propicio para que la migración no sea un problema, sino un recurso más a favor de la economía americana y las empresas que en ella operan, no puede dejarse sólo en manos del gobierno. Las organizaciones de todo tipo y tamaños están obligadas a tomar posturas mucho más firmes y contundentes, en las que antes de velar por frenar las deportaciones, la apuesta sea la construcción de vehículos legales de convivencia y colaboración.

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