En vísperas de que entrara la Fase 3 de la epidemia en México, la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) hacía una proyección de la fecha en el que la que el país viviría su pico de contagios más elevado, el cual, según este pronóstico, sería entre el 6 y 13 de mayo, con lo que se llegaría el peor momento en cuanto a la cantidad de contagios en el país.

En aquel momento, Gustavo Cruz Pacheco, investigador del Instituto en Matemáticas Aplicadas y en Sistemas (IIMAS) de la UNAM, en una entrevista para Infobae, llegaba a esta conclusión luego de elaborar un modelo matemático que, con base en los datos oficiales, calculaba el ritmo con el que estaría evolucionado la enfermedad en las zonas urbanas del país.

Nueva fecha para el peor momento

Estas primeras proyecciones han tenido modificaciones al tiempo que el brote de COVID-19 ha avanzado en la nación y ahora las nuevas estimaciones indican que lo peor de la epidemia llegará a finales del mes de junio.

El pasado 23 de mayo fue publicado el estudio Entendamos el COVID-19 en México, mismo que firmado por el Dr. Octavio Miramontes, del Instituto de Física de la Universidad Nacional Autónoma de México indica que la fecha el momento máximo de contagios por coronavirus en nuestro país se presentaría entre el 31 de mayo y el 13 de julio, con lo que el pico de mayores contagios tendría lugar hasta el 27 de junio.

Este estudio que se desarrolló a partir de un modelo epidemiológico básico, tomando como base los datos reportados por la Secretaría de Salud, destaca que “el pico de la epidemia se ha recorrido un mes desde la predicción anterior que lo ubicaba inicialmente alrededor de mediados de mayo. No debemos descartar que el descumplimiento del confinamiento para celebrar el 10 de mayo ha causado este estrago”.

La investigación pronostica que de mantenerse el ritmo actual de confinamiento, la epidemia podría tener una duración de entre 160 a 200 días (entre 5 y 6 meses y medio) con un total de casos confirmados identificados de 126 mil personas.

El riesgo de un rebrote y, más aún, de no salir bien librados de esta primera ola de contagios no es menor para México si consideramos que, a decir del estudio del investigador de la UNAM, el país es uno de los mercados en los que menos se respetan las medidas de confinamiento.

Tomando como base los datos proporcionados por Google y recopilando datos de los GPs de teléfonos móviles Android, se estima que “aún encontrándose en Fase 3, la población mexicana ha relajado el llamado a permanecer confinada, hasta en un 10 por ciento”.

El impacto será para las empresas

Lo que estos pronósticos dejan es un futuro desalentador para el sector empresarial, mismo que necesita con urgencia reactivar operaciones, pero también está obligado a prevenir un segundo brote.

El escenario de una epidemia extendida no haría más que aplazar los planes de normalidad de muchas organizaciones con lo que la cadena de producción de valor se vería severamente afectada.

Recordemos que de acuerdo con una reciente encuesta firmada por Vestiga Consultores, 6 de cada 10 empresas espera recuperarse de la crisis económica causada por la pandemia hasta 2022 o incluso después.

En términos generales, el escenario propone una caída en las inversiones que, por definición pegará de manera directa y sentida a la cadena de producción de valor.

Mientras que el 31 por ciento de las firmas afirmaron haber cancelado todas sus inversiones, apenas el 4 por ciento afirmó continuar sin cambios.

La confianza en la economía está, por tanto, fuertemente lastimada. La mitad de las empresas cree la economía del país recuperará los niveles de crecimiento previos a la irrupción del coronavirus hasta dentro de dos años, con lo que el 40 por ciento de las mismas asegura que retomará sus planes de inversión hasta 2022.

El consumidor en riesgo

Esto agravaría un problema que afecta de manera directa al bolsillo del consumidor: el desempleo y la falta de creación de nuevos puestos de trabajo.

A decir de datos entregados por el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) tan sólo en el mes de abril se perdieron 555 mil 247 empleos formales, la mayor cifra desde que hay registros disponibles.

A esta cifra se suman los 198 mil 33 empleos que se habrían dado de baja entre el 13 y el 31 de marzo, con lo que el total de puestos laborales perdidos en las últimas tres quincenas suma 753 mil 280.

El escenario no es nada prometedor si se considera que no sólo se han perdido puestos de trabajo existentes, sino que, por ahora, todo parece indicar que la tasa de nuevos empleos quedará suspendida cuando menos en la base de la pirámide.

Cuando menos así lo refiere un reciente estudio firmado por OCC Mundial, el cual revela que  el 56 por ciento de los reclutadores en México ha puesto en pausa sus contrataciones, mientras que sólo 8 por ciento sigue contratando con normalidad y apenas el 2 por ciento está reclutando mucho más que en semanas anteriores.

Si bien el estudio de la UNAM habla de pronósticos, la realidad es que debe ser entendido como una aproximación a lo que podríamos vivir en caso de relajar las medidas antes de tiempo. Lo que está en juego no es sólo la rentabilidad de las empresas, sino el bolsillo de cientos de mexicanos que desde ahora ya padecen una merma importante.

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