La batalla en el segmento de los sistemas operativos es interesante. Según los datos entregados por StatCounter, Android de Google está instalado en el 37.93 por ciento de los dispositivos que se conectan a Internet a nivel mundial, superando al 37,91 por ciento que cuenta con Windows (en las versiones que aún están activas), de Microsoft. En tanto, iOS, de Apple con el 13,09 por ciento, que, si juntamos con el 5,17 por ciento de OS X, copa el 18.26 por ciento. Muy distantes quedan Linux, con 0.75 por ciento.

Aunque el mercado está claramente dominado por Android, es cierto que los usuarios demandan mejoras constantes en este terreno, y aunque Google intenta satisfacer esta exigencia, lo cierto es que sus competidores logran actualizaciones, en la mayoría de los casos, significativas en tiempos más reducidos.

Como lo indican desde Forbes, “Google tarda alrededor de 6 años en actualizar todo su ecosistema a una nueva versión de Android. En comparación, Apple tarda unos 90 días en completar este proceso, lo que significa que su universo de dispositivos es extremadamente consistente en términos de software y muy actualizado. En consecuencia, los competidores de Google pueden copiar y lanzar a los usuarios cualquier nueva innovación sorprendente en Android años antes de que el original esté en manos de la mayoría de los usuarios”.

Lo nuevo de Android Q

Bajo este contexto, llegó la versión beta de Android Q, la actualización del sistema operativo de Google que aunque para la empresa es una gran apuesta, en voz de diversos especialistas se trata de una propuesta que carece de innovación.

A grandes rasgos, las innovaciones básicas de esta actualización pueden resumirse en los siguientes puntos entregados por The Verge:

  • Ubicación del dispositivo: otorga a los usuarios un mayor control sobre cuándo las aplicaciones pueden obtener la ubicación, incluso cuando la aplicación no está en uso (en segundo plano).
  • Almacenamiento: los usuarios podrán controlar el acceso de las aplicaciones a las colecciones de fotos, videos y audio a través de nuevos permisos de tiempo de ejecución. Para las descargas, las aplicaciones deben utilizar el selector de archivos del sistema, que permite al usuario decidir a qué archivos de descarga puede acceder la aplicación.
  • Nuevas pantallas plegables: las aplicaciones podrán aprovechar mejor estos y otros dispositivos de pantalla grande. Los cambios en onResume y onPause son compatibles con la función de reanudación múltiple y notifican a su aplicación cuando está enfocada.
  • Permisos de conectividad, privacidad y seguridad: para Bluetooth, celular y Wi-Fi, se requerirá el permiso de ubicación FINE. El soporte estándar de Wi-Fi, WP3 y OWE, también se incluirá para mejorar la seguridad de las redes domésticas y de trabajo, así como las redes abiertas / públicas.

A esto se suma un nuevo indicador de tiempo restante de batería (además del porcentaje), la generación de códigos QR para compartir las credenciales de la red WiFi, nuevas opciones de temas para desarrolladores, un nuevo menú para compartir, así como algunos otros pequeños ajustes y cambios.

Lo más interesante ¿el logo?

AL leer estas especificaciones es cierto que Google no está presentando nada que los desarrolladores y el consumidor no hayan visto antes. Para muchos, esto indica que el gigante tecnológico apostará por innovaciones en terreno de inteligencia artificial, con lo que podría estar privilegiando otros servicios relacionados con esta tecnología antes que su sistema operativo.

Es por eso que mucho no quedaron contentos con esta primera entrega del Android Q, el cual presenta un nuevo logotipo que combina la letra Q y el número 10 (Android 10.0), mismo que parece haber sido el principal generador de interés al momento.

Lo cierto es que esta es la primera beta entregada de seis que Google tiene planeadas, con lo que se espera que la versión final del nuevo Android se conozca al cierre de este año.