El marketing no es una batalla de productos, sino de percepciones, esto dicta la Ley de la percepción; es decir, cambiar la reputación de marca es trascendental.

La reputación de una marca es uno de los activos más importantes para el bienestar de cualquier negocio y aunque se puede pensar que aquellas marcas que acaparan los titulares de los medios a nivel internacional gozan de niveles inigualables en este campo de acción.

Cifras del Reputation Institute, proyectadas por el sitio web especializado Statista, indicaron, el primer cuarto del 2017, que Rolex se colocaba como la marca con la mejor reputación, con 80.3 puntos, seguida de LEGO, con 79.4 ; The Walt Disney Company, con 79.1; Canon, con 78.2 y completa las cinco primeras posiciones, Google, con 78.2.

Diversas empresas apuestan por este aspecto, al punto de que para el 65 por ciento, la reputación corporativa tiene alta prioridad.

En un ejemplo se puede citar el caso de Volkswagen y su crisis de marca mundial conocida como “Dieselgate”, en México ha cambiado su percepción por medio de redes sociales en donde publican contenido por demás exitoso, lo que viene a la mente del consumidor, antes que el escándalo.

Es decir, con el correcto manejo de la reputación de marca, el consumidor finalmente se quedará con la última imagen que tenga de ella, por lo que es trascendental cuidarla constantemente e invertir recursos tangibles e intangibles en pro de esta.

Cada vez más estrategias de las marcas están orientadas hacia ese aspecto; por ejemplo, en el caso de Heineken y los vasos hechos con cascarilla de cebada para el Vive Latino 2018, patrocinado por su marca Indio. Esto es la sensación entre el público Millennial, que acudió al evento sintiéndose parte de una acción en pro de la sociedad.