Quizá uno de los términos más importantes asociados a la comercialización es el precio. Determinar la cantidad adecuada que los consumidores deben pagar para acceder a los beneficios que ofrece un servicio o producto es un arte complejo, porque -en su definición más general- no se trata de crear valor para el cliente, sino de obtener valor para la organización.

Del lado contrario, el precio tiene influye en las decisiones del consumidor, hecho que en ocasiones están más relacionado con un aspecto psicológico antes que funcional.

En este sentido además de demostrar al consumidor que cada producto vale lo que merece, existen algunas pistas que facilitan el camino para conectar con el público meta a través del precio, las cuales -según diversos estudios- son capaces de establecer dicha comunicación desde una arista más allá de lo evidente.