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Ética organizacional: Un factor crucial para el regreso a la nueva normalidad post-COVID

La crisis económica y sanitaria creó un entorno ideal para que las empresas expresaran su ética organizacional, pero no todas lo hicieron

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  • De acuerdo con Reliable Plant, los programas de ética organizacional son algo que el 94 por ciento de los colaboradores son críticos para las marcas

  • Ocho de cada 10 empleados aseguran que aceptarían un salario menor si pudieran trabajar en una compañía con un código robusto 

  • De hecho, una quinta parte del personal afirma haber sido presionado para llevar a cabo alguna actividad ilegal durante su trabajo

Uno de los conceptos modernos más importantes para las marcas es la ética organizacional. No solo tiene que ver con seguir iniciativas de Responsabilidad Social Corporativa (CSR) que el público exige. Implica además crear una comunidad interna que orgánicamente implemente prácticas y comportamientos positivos. Tener códigos claros que se respeten tiene claras y comprobables ventajas competitivas. Pero aún así son comunes los escándalos intraempresa.

Durante la pandemia, la importancia de la ética organizacional quedó más clara que nunca. Mientras algunas marcas despidieron a miles de personas sin más, otras incluso le buscaron nuevos empleos a sus ex-colaboradores. Además, mientras ciertos CEOs pararon sus salarios para distribuirlo entre su personal, otros recibieron bonificaciones multimillonarias mientras sus marcas quebraban. Estos eventos son solo una muestra de una transformación más grande.

Ventajas competitivas de la ética organizacional

Tener un código robusto dentro de una empresa no solo es un tema de Relaciones Públicas o de lucha en contra de la corrupción corporativa. De acuerdo con PRC, la ética organizacional es crucial para darle sentido al trabajo de los empleados. Chron apunta que ayuda a retener a los colaboradores más talentosos. Y en el contexto de la crisis de COVID-19, en una entrevista con Merca2.0, el presidente de AMITAI, Fernando Senties, cree que hay beneficios concretos:

Las marcas que priorizaron la ética organizacional en esta crisis están en una posición mucho más robusta que quienes no lo hicieron. Para ellas, se podría decir que lo peor de la pandemia ya sucedió. El resto deben reiniciar con costos y procesos de Resilience & Sustainability, curva de aprendizaje, etcétera. Estas medidas también tienen un impacto positivo sobre la relación empleados-compañía, creando lazos más fuertes en negocios que priorizaron a su personal.

Imagen: Pexels

Sobre la situación en México

Dentro del país, el tema de la ética organizacional no ha logrado consolidarse de la forma en la que se debería. Según El Economista, escándalos como el de Odebrecht demuestra que no es una prioridad entre muchas empresas. De acuerdo con Deloitte México, son desconocidas en una gran parte de los individuos y organizaciones. Por eso, según Expansión, en el país solo el 25 por ciento de las marcas tienen un código claro. Pero Senties detalla otros retos cruciales:

Hay tres barreras para la ética organizacional en México. Ignorancia de los beneficios, falta de consciencia y, post-COVID, pocos recursos humanos y financieros. Creo que gradualmente se restablecerá la dinámica de las empresas al impulsar a proveedores e integrar programas de seguimiento. Pero también hay incertidumbre laboral, presiones económicas, teletrabajo sin condiciones adecuadas y riesgos de contagio que ponen más presión para el cumplimiento.

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No todo está perdido en ética organizacional

De nuevo, es evidente que en México hay retos importantes para establecer una cultura más positiva en ética organizacional. Sin embargo, tampoco significa que las compañías en todo el país estén demostrando un comportamiento peor que en otras naciones del mundo. Esta idea es algo que soporta el presidente de la AMITAI. No solo eso, sino que señala que hay una serie de puntos fuertes que permite distinguir al universo corporativo nacional de las otras regiones:

México las marcas con una estrategia de ética organizacional brillan porque, entre otras cosas, se vuelven empleadores con quienes todos quieren trabajar. El solo reconocimiento las pone en una ventaja comercial competitiva. Tener programas de integridad abre las oportunidades comerciales, principalmente a las pequeñas compañías. Pero a futuro, dadas la  COVID-19, ya vemos un panorama sombrío para el futuro. Por desgracia, parece que las condiciones no son propicias para mejorar el entorno del cumplimiento normativo organizacional en el corto plazo.

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