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El turismo está en peligro ¿todo es culpa de Airbnb?

El turismo es para los barceloneses el principal problema que tiene la ciudad por encima de del desempleo, el tráfico o el acceso a la vivienda. 

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Para nadie es un secreto que el turismo es una de las industrias más importantes para un gran número de mercados alrededor del mundo.

Durante 2016, las llegadas de turistas internacionales aumentaron en promedio un 3.9 por ciento a nivel mundial hasta situarse en los mil 235 millones, alrededor de 46 millones de turistas más (visitantes que pernoctan) que el año anterior.

De acuerdo con estimaciones de la Organización Mundial del Turismo (OMT), durante 2016, el turismo representó el 10 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) mundial, así como el 7 por ciento del comercio internacional y el 30 por ciento de las exportaciones de servicios. De hecho, uno de cada 11 empleos en el mundo dependen del turismo.

Hablamos de una industria que aunque madura, ha encontrado de la mano de las nuevas tecnologías un camino de reinvención que podría acrecentar su importancia para el desarrollo económico mundial y regional.

No obstante, el éxito propio de la industria así como el nuevo impulso que encontró en los avances tecnológicos puede significar el inicio del fin para este sector por décadas se ha mantenido como pieza clave en la cadena de valor para diferentes ciudades y países del mundo.

Turismofobia es un concepto que durante los últimos tiempos ha ganado peculiar relevancia. En términos generales hablamos de un fenómeno caracterizado por el temor, aversión o rechazo social que sienten los ciudadanos locales de un destino turístico hacia los visitantes, como consecuencia de la mala planificación de dichos espacios, en donde los problemas son mayores a las soluciones que la afluencia turística representa.

En otras palabras la turismofobia aparece cuando la capacidad de un destino se ve rebasada y los recursos, tanto ambientales como de servicios y productos básicos tienden a deteriorarse así como a ser insuficientes, por lo que los residentes se sienten incomodos y en posición de rechazo.

Europa no es la única afectada

Aunque esta problemática no es nueva ha ganado relevancia en los últimos años con la llegada de soluciones turísticas low cost y relacionados con la economía colaborativa, en donde los principales destinos europeos han sido los primeros en marcar la pauta ante el problema.

En 2013, el documental “El Síndrome de Venecia” realizado por Andreas Pichler ya hacía referencia a este problema. El material cinematográfico enfatizaba que una de las consecuencias del exceso de turismo en Italia, particularmente en Venecia, sería la reducción drástica de personas locales disponibles y dispuestas para responder a la demanda turística. Se estima que cada año más de 5 millones de turistas vistan dicha ciudad, cifra que contrasta con los 50 mil residentes contabilizados, en poco menos de 15 años se prevé que la gente local habrá migrado a otras ciudades ante el hartazgo y falta o deficiencia de los servicios básicos, con lo que en 2030 Venecia podría quedar sin habitantes nativos.

Barcelona es otra de las ciudades que padece este problema. Actualmente, el turismo es para los barceloneses el principal problema que tiene la ciudad por encima de del desempleo, el tráfico o el acceso a la vivienda.

España el tercer país más visitado del planeta, tras Estados Unidos y Francia.

El dato no es menor si considera el histórico de la percepción al respecto. De acuerdo con el Ayuntamiento de Barcelona, en diciembre de 2011, la preocupación por este aspecto alcanzaba apenas un 0.8 por ciento; seis años después el rango alcanzó el 19 por ciento de las menciones, lo que supone ocho puntos más que en diciembre del 2016 (11 por ciento); y más de 13 puntos que en mayo del 2016 (5.8 por ciento).

En menor o mayor medida este es un problema que afecta a las principales ciudades turísticas de Europa; no obstante este continente no es el único que debería preocuparse por esta tendencia.

Cifras de la OMT indican que a excepción de Oriente Medio, todas las regiones del mundo experimentan aumentos considerables en la cantidad de turistas recibidos. Hasta 2016, Asia-Pacífico creció 8 por ciento al igual que ÁfricaAmérica del Norte y América del Sur experimentaron una subida del 4 por ciento, mientras que Europa lo hizo en 2 por ciento.

El impacto de la economía colaborativa

Identificar la fuente primaria del problema demanda dependerá de revisar puntualmente las condiciones de cada destino así como las incitativas puestas en marcha por sus entidades de gobierno para incrementar y regular al mismo tiempo las actividades turísticas en cada región.

No obstante, más de un especialista asegura que una causa compartida de dicha problemática son los servicios turísticos low cost y de economía colaborativa que han sido pieza clave para activar dicho sector.

En 2016, más del 12 por ciento de los estadounidenses que viajó a Cuba se alojó en lugares que buscaron por Airbnb.

Un ejemplo claro es Cuba y el impulso generado por Airbnb. La empresa de alojamiento llegó a la isla en 2015 en medio de los acuerdos para reactivar las actividades comerciales entre Cuba y Estados Unidos. En tan sólo dos años, el país caribeño participa en la plataforma con 22 mil propiedades disponibles para alquilar, mismas que han generado ganancias acumuladas cercanas a los  40 millones de dólares desde abril de 2015, gracias a los 560 mil turistas que han buscado alojamiento en Cuba por medio de Airbnb en estos más de dos años.

Para ser más específicos en promedio, cada mes llegan a Cuba 70 mil turistas con alojamiento hallado por Airbnb. Si este número se acumula a un año, tenemos que los clientes de Airbnb representan el 21 por ciento del total de turistas captados por Cuba durante 2016, cuando alcanzó la cifra de 4 millones de visitantes. 

En una primera lectura, estas cifras representarían un beneficio para la economía local. Sin embargo, es justo reconocer que en la mayoría de los casos, empresas como Airbnb llegaron como importantes jugadores dentro de la industria sin regulaciones claras que favorecieran la rentabilidad del turismo para las localidades que dependen de esta arista comercial.

Para ser más precisos, al no tener normas claras de funcionamiento, responsabilidades y derechos para ese tipo de ofertas turísticas, las autoridades se ven limitadas en su tarea para regular la saturación de cada zona con lo que servicios de primera necesidad -como agua, luz y drenaje, por ejemplo- pueden verse comprometidos así como cuestiones relacionadas con medios de transporte y movilidad.

Para un nuevo turismo, nuevas reglas

En ciudades como Barcelona, los impactos de una industria turística poco regulada han dejado de ser una cuestión de percepción y opinión entre sus habitantes. Recientemente, un grupo conocido Arran, asociado como un movimiento claramente alineado con los valores de la turismofobia,  detuvo un bus turístico, pinchó las ruedas de bicicletas turísticas, pintó en algunos muros Tourists go home o, incluso, All tourists are bastards.

Es problema que los recientes cambios demográficos y tendencias migratorias hagan más recortes escenarios como el anterior, mismos que se acentuaran al tiempo que el turismo colaborativo y de bajo costo alcance una etapa de consolidación.

Lo que está en juego es mucho. tanto empresas como gobiernos tendrán que trabajar de manera conjunta para encontrar soluciones que, por un lado, deberán apostar por adaptar la oferta local al neoturismo, pero que por otro no deberán olvidar las garantías de los residentes locales, mismos que figuran como parte esencial para mantener la rentabilidad del gran negocio llamado turismo.

 

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