Del Design Thinking al Design Doing, tema vital para innovar

Diferenciarse en el mercado es una tarea cada vez más compleja si se considera que el número de propuestas comerciales en diferentes categorías crece de manera exponencial.

Para darnos una idea basta con recordar que, de acuerdo con datos publicados por Statista, en cuatro mercados europeos dentro de 17 categorías de consumo fueron presentados 12 mil nuevos productos entre 2011 y 2013, mientras que en Estados Unidos la cifra llegó a 20 mil lanzamientos entre 2008 y 2013.

El fenómeno se repite en la mayoría de los mercados sobre todo cuando hablamos de economías emergentes, razón por la cual la innovación se ha convertido en el centro de las conversaciones de negocios en empresas de cualquier tamaño y categoría.

De esta manera y gracias a los diversos avances tecnológicos en distintas áreas, las empresas se encuentran en un proceso de cambio constante con miras a encontrar nuevos caminos para conectar con el consumidor, ser una solución a sus necesidades y mantener relevancia en el mercado.

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En este camino, la metodología design thinking ha cobrado protagonismo como un modelo de trabajo que basa su eficacia en entender a detalle las necesidades del consumidor desde diferentes aristas para en consecuencia desarrollar soluciones reales -como productos, estrategias de comunicación o servicios- que, al mismo tiempo, representan nuevas oportunidades de negocio para las empresas alejadas en la mayoría de los casos, de su oferta convencional.

De acuerdo con una investigación de la Universidad de Stanford, aquellas empresas que adoptan este concepto en el desarrollo de sus estrategias de negocio consiguen incrementar sus ventas en un 29 por ciento y aumentar la rentabilidad del negocio en un 18 por ciento.

La propuesta es clara; no se trata de aquello que la empresa puede ofrecer, sino de lo que el mercado en verdad necesita para ser referente en el mercado a través de una innovación real.

Para Anibal Cortés, VP de planeación estratégica Y&R México, “se piensa equivocadamente que la Innovación es hacer ajustes a los productos, lanzar nuevos sabores o un empaque novedoso. Pero la fuerza de una marca no está sólo en ejecutar la última de las tendencias, sino en saber masificarla, haciendo sentir al consumidor de que está vinculándose con algo que solo esa persona está viviendo”.

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La fuerza de una marca no está sólo en ejecutar la última de las tendencias, sino en saber masificarla.

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Si bien una parte importante de las organizaciones tiene conciencia sobre la relevancia que supone entender y atender este concepto, la realidad es que la mayoría de las ocasiones los esfuerzos en la materia se quedan sólo en el plano teórico.

Llevar a la práctica los hallazgos que supone el modelo design thinking demanda de una visión asimétrica de las estrategias de negocio de una empresa desde diferentes aristas; es decir tomar riesgos controlados con base en una relación prueba y error que con esfuerzos puntuales mínimos permitan establecer nuevos caminos de innovación.

Favorecer y llevar a la práctica el concepto, es fundamental para hablar de innovaciones reales, que no se queden sólo en ideas y que trasciendan como hechos que marcan un antes y un después en el negocio de cualquier organización. Hablamos de pasar del Design Thinking al Design Doing para no sólo encontrar, sino aprovechar aquellas ventajas competitivas encontradas.

Como concluye Patricia García, gerente de mercadotecnia de Vicky Form, “ideas hay muchas pero muy pocas son las agencias innovadoras. Cuando digo innovación me refiero a este proceso en donde no nada más tengas una idea, sino llevarla a cabo y se produzca”.

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