En medio de la creciente incertidumbre económica derivada de la guerra comercial impulsada por el expresidente Donald Trump, los consumidores estadounidenses están recurriendo cada vez más a las tiendas de segunda mano como refugio frente al encarecimiento de bienes importados. La combinación de aranceles elevados, inflación presionada y salarios que no avanzan al mismo ritmo, ha provocado que la moda y el consumo “pre-loved” pasen de ser una alternativa marginal a un hábito de masas.
Evergreen Goodwill, una red con 23 tiendas en Washington, reportó que su tráfico peatonal semanal creció 6 por ciento en la primera mitad de 2025, el doble de su media histórica de 3 por ciento. Su tienda insignia en Seattle —la más grande del mundo dentro de esta categoría— atrajo a 16 mil visitantes por semana y registró un repunte de 9 por ciento en afluencia, cifras que confirman el cambio en la conducta del consumidor. “El lunes pasado, teníamos más de 80 personas esperando en fila para entrar”, relató Kahina Boufnar, gerente de producción, al subrayar que cada semana deben clasificar y fijar precios a más de 57 mil artículos.
El fenómeno no es aislado. Buffalo Exchange, cadena de 41 tiendas de segunda mano, ha visto cómo sus ventas se aceleran en 2025, lo que su gerente de marketing, Jessica Pruitt, atribuye directamente a la presión de los aranceles y al encarecimiento de la vida cotidiana. “Nuestro negocio ya funciona bien en tiempos de inestabilidad económica, porque la gente empieza a priorizar el valor”, afirmó. Savers, con 171 tiendas en EE.UU., también reportó un “crecimiento de dos dígitos” en el segundo trimestre, reflejo de un sector que se fortalece cuando la economía flaquea.
El trasfondo está en la inflación. Según la Oficina de Estadísticas Laborales, los precios mayoristas aumentaron 3,3 por ciento en julio, más de lo previsto, mientras que la inflación al consumidor se moderó. Sin embargo, en categorías sensibles a los aranceles, como ropa infantil (+3,3 por ciento ) y calzado (+1,4 por ciento ), los incrementos ya son palpables. Países clave para la confección como China, Vietnam, India o Camboya enfrentan tasas arancelarias más altas, encareciendo la ropa nueva y volviendo más atractivo el mercado de segunda mano. “Todo es mucho más caro. Diría que la situación se ve bastante desesperada”, comentó Melanie Haid, bloguera neoyorquina, quien asegura que prefiere comprar usado para destinar su dinero a necesidades básicas como renta y comida.
Las plataformas digitales amplifican la tendencia. Según datos de Sensor Tower, las descargas de aplicaciones de reventa como eBay, Poshmark, Mercari, Depop, ThredUp y The RealReal crecieron 13 por ciento en lo que va del año, con un aumento de 12 por ciento en usuarios activos mensuales. Manish Chandra, fundador de Poshmark, anticipa que el movimiento seguirá en ascenso “a medida que evoluciona el panorama de los aranceles y las importaciones”.
El auge, sin embargo, no se limita a lo económico. La Generación Z ha jugado un papel clave en legitimar el consumo de segunda mano, antes marcado por un estigma social. Hoy, artículos vintage, piezas únicas y compras conscientes son parte de un estilo de vida. “Cuando empezamos, comprar de segunda mano no estaba en la lista de prioridades. Ahora, para mucha gente joven, es la primera opción”, dijo Pruitt de Buffalo Exchange.
El atractivo también se extiende a categorías más allá de la ropa: muebles y artículos para el hogar empiezan a llenar los carritos de compra, según empleados de Goodwill. Esto responde no solo a la búsqueda de ahorro, sino a un cambio cultural en torno al consumo responsable. “Las compras conscientes surgieron de forma importante; los aranceles fueron la guinda del pastel”, sintetizó Hitha Herzog, analista de H Squared Research.
Con donaciones estables y un flujo constante de mercancía, las cadenas de segunda mano tienen un blindaje natural contra la volatilidad comercial. “Estamos en una posición única para tener gran confianza en el futuro”, afirmó Derieontay Sparks, vicepresidente de operaciones de Evergreen Goodwill.
El mercado de segunda mano, que ya era tendencia por sostenibilidad y moda vintage, encuentra ahora en la política arancelaria y la presión inflacionaria un nuevo motor de crecimiento. La economía estadounidense se enfrenta a un escenario de precios en ascenso, pero en ese contexto, las tiendas de segunda mano no solo sobreviven: prosperan.
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