“Wey… Así soy al hablar”, ¿importa en tu personal branding?

No es lo mismo que un político, futbolista o artista utilice el vocabulario altisonante en su entorno laboral, a que lo haga el director financiero, el abogado, un colaborador o la recepcionista.

¿Alguna vez te has preguntado si la manera en la que hablas afecta tu personal branding? No se trata de que tú así eres, o de que culturalmente así somos muchos en el país. Tampoco se trata de un grado de confianza superior en el que, como ya me conocen, ahora si ya puedo “hablar como soy”.

Aunque guste o no, utilizar palabras altisonantes constantemente, y peor aún, refiriéndote a compañeros de trabajo, e incluso entre superiores, genera cierta incomodidad, y desde luego, daña sensiblemente tu personal branding.

Si algo genera un clima laborar pesado, es la falta de respeto hacia los demás, ¿Quién quiere trabajar en un lugar en el que se llamen por apodos y no por su nombre? Y esa es la enorme diferencia entre que sientas que trabajas en un corporativo serio y uno que no lo es.

En ocasiones, el uso excesivo del vocabulario y cierto tipo de conductas, reflejan la necesidad de una persona de querer ser incluido en algún grupo social, pero desgraciadamente en el trabajo es el peor lugar para expresarse de esa manera. Existe una línea muy delgada entre generar confianza al utilizar esas palabras y ofender.

Usualmente comienzas a hablar de “wey, estamos en confianza”; cierto, es una realidad que actualmente pocos son los casos entre personas que se hablan de Usted, pues el “tu” genera mayor cercanía y confianza. Sin embargo, de ahí a hablar constantemente con palabras que incomoden a otros, se puede tomar por una falta de respeto.

Pero no todo es negativo, existen estudios que se han realizado, en donde demuestran que ciertas personas que utilizan malas palabras persuaden rápido y efectivo a su público. El asunto seria entonces, ver qué tipo de personas lo hacen, en qué momento y a quiénes se dirigen a la hora de hablar así.

No te estoy diciendo que sea bueno o malo, lo que te digo es que tienes que ser sumamente cuidadoso con tu imagen, con lo que dices y a quién lo dices. Para eso hay ejemplos muy claros y por mucha confianza que exista, mi recomendación es que no puedes hablar así ante clientes, jefes o personas en los que tú eres la cara de la compañía.

Lo que considero adecuado es cuidar el lugar, la manera y el momento en que se dicen. No es lo mismo que un político, un futbolista o un artista las utilice dentro de su trabajo, a que lo haga el director financiero, el abogado, un colaborador o la recepcionista en la oficina. Incluso, los primeros ejemplos, también podrían darse una buena quemada en su imagen como figuras públicas, si no consideran adecuadamente el entorno y el momento.

Aquí hay dos opciones… o las malas palabras te hacen más poderoso, o reflejan la falta de vocabulario y educación en una persona. ¡Tú decide! Si eres de la primera opción, tendrás que trabajar exhaustivamente para ser asertivo y estratégico, pero si eres la segunda, te doy algunos consejos para considerar:

1. Piensa antes de hablar. Esto evitara que digas cosas que a veces no quieres decir… y esto es en todos los ámbitos y con cualquier persona, decir lo primero que se nos viene a la mente, a veces no es tan bueno.

2. Conoce a tu equipo de trabajo. Existe una línea muy delgada entre verte amigable y perder el respeto.

3. Cuida la intención de tus palabras. Querer hacer énfasis con un vocabulario florido o usar el doble sentido, podría hacerte ver mal.

4. Adecúate a los demás. Si el ambiente y la ocasión lo permite puedes usarlas con cierta reserva, pero siempre sé consiente y no abuses porque se te salió.