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Una nueva guerra se avecina: Algoritmo vs. algoritmo y lo que queda para las empresas

Deep Knowledge Ventures integró como miembro de su consejo de administración a Vital, un algoritmo que hace recomendaciones de inversión. Su voto posee el mismo valor y poder de decisión que el de los otros cinco miembros que conforman la junta.

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algoritmos

Durante los últimos años, la palabra algoritmo ha logrado ocupar un lugar privilegiado dentro de las conversaciones de los consumidores. Desde las redes sociales hasta las transacciones financieras, estos programas relacionados inteligencia artificial y aprendizaje automático parecen controlar cada vez más elementos en la relación que las personas tienen con el mundo que los rodea.

La implementación y adopción de estos avances resulta más evidente en los terrenos del entretenimiento; sin embargo, desde hace algunos años, su protagonismo resulta evidente en otras aristas.

Por ejemplo, durante mayo de 2014, Deep Knowledge Ventures (DKV), firma de capital de riesgos especializada en biotecnología, integró como miembro de su consejo de administración a Vital, un sistema de inteligencia artificial el cual gracias al análisis de grandes cantidades de datos puede hacer recomendaciones de inversión. Su voto posee el mismo valor y poder de decisión que el de los otros cinco miembros que conforman la junta.

La influencia de los algoritmos en el día a día de las sociedades no hará otra cosa más que incrementar de manera exponencial en el futuro inmediato. Las cifras detrás de las inversiones en inteligencia artificial dan cuenta de ello.

Una reciente investigación realizada por el Foro Económico Mundial, destaca que este tipo de máquinas ocuparán más de 5.1 millones de puestos de trabajo durante 2020.

Tan sólo en el sector empresarial se prevé que valor de mercado de las aplicaciones de inteligencia artificial crecerá entre 2015 y 2024 a un ritmo anual de 56 por ciento, con lo que en pesos y centavos su valoración pasará de 202 millones a 11 mil millones de dólares.

La tendencia debe entenderse también a nivel de uso doméstico o a menor escala. Se espera que los ingresos generados a nivel global gracias al mercado de soluciones de automatización inteligente para el hogar se incremente de 8 mil 780 millones calculados para el cierre de este año a 25 mil 310 millones de dólares durante 2021, seguía cifras de publicadas por Statista.

La apuesta por estas herramientas es clara si se considera los beneficios que ofrece en cuanto a la productividad y eficiencia de los modelos empresariales.

Celia Chávez, marketing manager de Nestlé México, sostiene que “la inteligencia artificial nos va a permitir en el futuro cercano quitar los trabajos que las personas no quieren hacer, va a facilitar capacidad cognitiva de toma de decisiones y descubrir cosas que no sabía que le interesaban”.

Proyecciones de Gartner indican que con la adopción de este tipo de máquinas inteligentes, las organizaciones podrían aumentar su rentabilidad de manera importante, al considerar que los costos de dichas tecnologías supone para las compañías sólo un 4 por ciento de sus ingresos anuales, cifra diez veces menor al 40 por ciento que supone la capacitación y servicios que reclama una plantilla laboral convencional.

El panorama que plantean los datos anteriores, han puesto sobre la mesa la constante discusión sobre los impactos que los algoritmos podrían tener en la cadena de valor. Sustitución laboral, reducción de oportunidades de empleo así como niveles de autonomía poco controlados, son algunas de las preocupaciones más recurrentes.

De esta manera, se plantea una aparente guerra entre tecnología y ser humano, en donde la habilidad, capacidad y precisión para efectuar una tarea es el campo de batalla.

Diversos especialistas están ahora mismo tratando de descifrar el impacto que dichos algoritmos -cada vez más accesibles, sofisticados y avanzados- tendrán en las dinámicas que por siglos han sido básicas para la creación de valor y bienestar en una sociedad. La gran pregunta a responder es si en futuro inmediato, los algoritmos tomarán responsabilidades, decisiones o funciones en las que las personas ahora son sólidas protagonistas, llevando esta relación a una pelea por el control.

Respuestas al respecto son muchas y diversas. Por ejemplo, para la industria de la publicidad, Joan Costa, autor del libro Reinventar la publicidad: reflexiones desde las ciencias sociales, refiere este tipo de tecnología tiene las cualidades para solucionar algunos problemas internos y operativos de la publicidad con base en el aprendizaje prueba y error, pero de ninguna manera será capaz de dotarla de mayor efectividad creativa; este es un aspecto que requiere del sentido común y sensibilidad del humano más aún en una era de amplio acceso digital y tecnológico.

Esta idea parece ser compartida no sólo por la mayoría de los jugadores en la industria, sino también por líderes de otros campos económicos que coinciden en que la integración de la inteligencia artificial antes que proponer una suplantación, alienta a desarrollar equipos de trabajo con mayores competencias, habilidades y conocimientos.

Los algoritmos permitirán automatizar un sin fin de labores que podrán efectuarse con mayor rapidez y precisión.

Esto no significa que el panorama sea más simple. La competencia existirá pero en campos diversos y mucho más complejos, en donde uno que no puede perderse de vista es aquel que será protagonizado por algoritmos contra algoritmos.

La competencia no sólo será para desarrollar soluciones más eficientes y sofisticadas, sino también para convertirse en el “mejor algoritmo” para gestionar las cosas; es decir, tomar y manejar el control para dictar tendencias.

En este sentido, para las empresas se plantea un gran reto. El nuevo campo de competencia que está por surgir demandará inversiones por igual en tecnología como capacitación del personal existente. No encontrar el equilibrio en este sentido, supondría perder oportunidades y, más aún, diminuir la capacidad competitiva, y aunque parece algo lógico, lo cierto es que ejemplos tan sonados como el boicot a Youtube por parte de los anunciantes demuestran que el camino aún es largo por recorrer.

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