En Puerto Rico, la mitad de la población carece de agua potable y medicamentos; casi el 80 por ciento carece de energía eléctrica, los sistemas de comunicación son limitados y los pocos recursos que llegan de fuentes privadas internacionales se agotan rápidamente.

A casi un mes del devastador paso del huracán María sobre la isla, el apoyo de Donald Trump y del gobierno federal de los Estados Unidos (EU), aún brilla por su ausencia.

Cinco días después de la destrucción, Trump no hizo más que sumar otro momento de infamia a la historia colonial de Puerto Rico, cuando lanzó rollos de papel como si fueran balones de baloncesto a un grupo de damnificados en Muñoz Rivera, uno de los nueve barrios de Guaynabo donde la mayoría de los inmuebles están construidos con concreto y que presentó pocas afectaciones.

Observadores y analistas evidenciaron entonces la insensibilidad de Trump, quien ni siquiera se asomó a las zonas más afectadas. Al respecto, el gobernador de Puerto Rico, Ricardo Roselló dijo que el presidente de EU fue llevado a este sitio para “ahorrar tiempo” a los visitantes de la Casa Blanca.

“Como erudito de la política puertorriqueña, no me sorprendió que algunos políticos locales estuvieran dispuestos a seguir adelante con este engaño. Esto me recordó décadas de esfuerzos en marketing realizados por los gobiernos estatales y municipales para atraer a extranjeros y consolidar la marca Puerto Rico”, escribió Carlos Suárez Carrasquillo, conferencista en Ciencias Políticas de la Universidad de Florida.

Pero antes de abordar la necesaria reconstrucción de Puerto Rico, una de las preguntas aún sin respuesta es: ¿qué hará el gobierno de Donald Trump para mantener los importantes centros de negocios farmacéuticos y armamentísticos que EU regula en la isla?

Al respecto, Lilian Bobea, profesora de sociología de la Universidad de Bently y experta en seguridad y defensa nacional, ha calificado de “miope” la visión del gobierno de Trump al no considerar que Puerto Rico es mucho más que un destino turístico, y que representa una pieza clave en el aparato económico y de seguridad de EU.

Antecedentes bélicos: ¿Por qué es importante Puerto Rico para EU?

EU ha utilizado a Puerto Rico para servir a sus intereses geoestratégicos, al considerar que su ubicación en el Mar Caribe es fundamental para defender la “tercera frontera” oceánica, por lo que diversas administraciones federales han desarrollado grandes instalaciones militares en la isla.

Ejemplo de lo anterior es que por más de 60 años, hasta 2003, la Marina de EU usó las islas de Vieques y Culebra como sitios de prueba, rangos de bombardeo y zonas de entrenamiento militar. Esto provocó que los puertorriqueños perdieran acceso a grandes extensiones de su territorio que al día de hoy continúan con problemas de contaminación ambiental.

Puerto Rico también alberga parte del radar Over the Horizon, que vigila vastas zonas aéreas y marinas, además de rastrear a los traficantes de drogas que viajan a EU desde Sudamérica.

La Estación Naval Roosevelt Roads (pieza clave del Sistema de Defensa del Caribe de EU, en funcionamiento desde 1943), así como el Área de Maniobras del Este (con cinco campos de práctica de artillería) son de los pocos sitios en la isla que continúan en operación y con electricidad, pero con 7 mil soldados desplegados por la isla para realizar trabajos humanitarios.

A decir de Bobea, mientras en Puerto Rico permanezca el desastre, las funciones de seguridad que realizan estos centros militares, se verán comprometidas.

Industrias en riesgo

Bobea explica que desde la Segunda Guerra Mundial, los gobiernos puertorriqueños han otorgado concesiones y privilegios a empresarios estadounidenses para atraer inversión, lo que ocasionó que durante el siglo pasado las empresas acudieron a la isla en busca de mano de obra barata y grandes incentivos fiscales.

“En 1976, el crédito fiscal Sección 936 eximió a las compañías que operan en Puerto Rico del impuesto a la renta corporativo federal. Esto atrajo a muchas compañías, entre las que destacan los fabricantes de medicamentos. Hoy en día, las fábricas farmacéuticas estadounidenses en Puerto Rico producen 13 de los medicamentos de marca más vendidos del mundo” precisó Bobea.

Pero sin electricidad estable, las instalaciones de las empresas han estado inactivas, lo que supone que en poco tiempo escaseen los suministros de medicamentos de alta demanda, como es la solución salina Humira, producida por Baxter y empleada en el tratamiento de la artritis reumatoide; así como el diluyente de sangre Xarelto, también producido en la isla.

Otras industrias afectadas son los fabricantes de alimentos y biotecnología, que batallan para retener a los trabajadores para que sus operaciones en Puerto Rico vuelvan a funcionar.

Una ley retrógrada impide la ayuda de EU

A principios de 2017, Puerto Rico se declaró en quiebra frente a una deuda “impagable” de 123 mil millones de dólares. Los recortes al gasto público han provocado que la mitad de la población viva en pobreza y la tasa de desempleo ronda el 12 por ciento.

En tanto, Donald Trump usa la crisis en contra de la isla al declarar que una “falta total de responsabilidad” en Puerto Rico es la razón por la cual su gobierno ha retirado el apoyo federal. Pero la realidad es que tres millones y medio de personas no han podido recibir ayuda externa debido a la Ley Jones, o Ley de la Marina Mercante, que desde 1920 regula el intercambio y circulación marítima en aguas estadounidenses, lo que incluye a Puerto Rico, Hawaii y las Islas Vírgenes.

La intención de esta ley es proteger los intereses comerciales de Estados Unidos, pero ante la tragedia, se ha convertido en un impedimento legal para enviar la ayuda necesaria a la isla. A pesar de los llamados a renunciar a dicha legislación y acelerar el envío de víveres y provisiones a Puerto Rico, el gobierno de Trump evitó implementar una exención de emergencia.

“El gobierno también podría replicar algunos programas sociales desarrollados después del paso de Katrina por Nueva Orleans en 2005. Entonces, el Departamento de Trabajo priorizó el desarrollo de la fuerza laboral y ayudó a los ciudadanos a obtener nuevos empleos, mientras que la Administración de Pequeños Negocios facilitó préstamos por desastre para revitalizar las empresas. Los trabajadores puertorriqueños podrían recibir una ayuda similar ahora”, sugirió la académica de la Universidad de Bently.

Bobea refirió además que otra opción para ayudar a la reconstrucción de la isla es la Agencia de Desarrollo de Negocios Minoritarios, que proporciona empleos y acceso a capital para minorías en EU, lo que ayudaría a fortalecer el sector empresarial de Puerto Rico, paralizado aún ante la crisis financiera.

¿Perdonar la deuda?

Que el gobierno de Donald Trump asuma la deuda de Puerto Rico sería un acontecimiento histórico y un esfuerzo sin precedentes para aliviar las finanzas públicas, y con ello, acelerar la recuperación y redefinir el futuro de la isla.

Para el analista Benjamin Dierker, de The Foundation for Economic Education, tras la liberación de la deuda el siguiente paso del gobierno de EU tendría que ser la libertad económica de Puerto Rico.

“En el lapso de un año, estas reformas ayudarían a reconstruir Puerto Rico; y dentro de una década, podrían reconstruir nuestra concepción del libre mercado en Occidente. La destrucción de los huracanes no ha generado ganancias económicas al impulsar la demanda de construcción, sin embargo, no debemos malinterpretar la naturaleza ni la visión de lo que proponemos. Este plan tampoco es a expensas del alivio tradicional tras los desastres. Antes de reconstruir la infraestructura, las necesidades humanas urgentes deben ser atendidas con ayuda externa”, matizó Dierker.

Que Puerto Rico se convierta en una “Zona de Libertad Económica” ayudaría a eliminar o suspender impuestos y regulaciones a favor de un aumento inmediato de la productividad y el consumo, lo que a su vez ayudaría a generar un entorno menos restringido para la inversión y el desarrollo inmobiliario.

“La velocidad del dinero aumentaría la infusión de nuevos capitales a invertirse en la economía, mientras que los habitantes locales relativamente más ricos, combinados con la ayuda de los trabajadores, los equipos de construcción y los inversionistas de negocios, harían resurgir la economía de la isla”, agregó Dierker.

La propuesta, que debería tener el aval y apoyo de los partidos Demócrata y Republicano de EU, convertirían a Puerto Rico en un imán para la inversión y aumentaría la calidad de vida de sus habitantes.

“El poder económico de estas reformas reforzaría la libertad política de la isla. Los puertorriqueños tendrían un sabor de verdadera libertad política y económica para comprometerse verdaderamente con el mundo. Tener un centro de poder económico tan cerca de nuestras costas, sería una bendición para nuestra economía. Turismo, tecnología, lujo y más, redefinirían a Puerto Rico”, enfatizó Dierker, quien agregó que de ser esto realidad, Puerto Rico en Occidente sería equiparable a Hong Kong en Oriente.

¿Marketing y turismo para salvar la isla?

Mientras la voluntad política de Donald Trump permanece ausente ante la catástrofe, el gobierno puertorriqueño ha generado diversas campañas de marketing para atraer inversiones extranjeras para ayudar a la reconstrucción de Puerto Rico.

Para el académico Carlos Suárez Carrasquillo, la economía de Puerto Rico y el resto de las islas del Caribe, se ha basado históricamente en su consumo, por lo que depender del turismo dirigido por el capital extranjero les ha llevado a la dependencia económica.

Durante la década de los 90 y principios del año 2000, Guaynabo participó en una campaña para aumentar los ingresos fiscales. Intentaron atraer inversiones locales y extranjeras en el desarrollo inmobiliario y en industrias como el comercio minorista y las telecomunicaciones. Entonces, la campaña fue realizada en inglés para dirigirla a inversionistas extranjeros, lo que al final repercutió en el cambio del perfil socioeconómico de la región.

“Los residentes con más medios económicos se mudaron y gentrificaron el área. Esto sucedió a expensas de los residentes de la clase trabajadora que eventualmente fueron comprados o expulsados. Las unidades de vivienda pública como Los Álamos se cerraron efectivamente. Los residentes de barrios históricos, como Vietnam, se han resistido al desplazamiento”, detalla Suárez Carrasquillo.

Previo al huracán María, hubo otros esfuerzos para atraer el turismo deportivo, el turismo de sol y playa, el turismo de cruceros y las bodas de destino. La isla aprovechó el auge económico de los 90 y esta actividad se convirtió en un elemento básico de la economía de servicios, por lo que la marca Puerto Rico se convirtió en una herramienta útil para el crecimiento económico y la estabilidad.

Ejemplo de lo anterior fue la inversión de 3.5 millones de dólares que realizó el gobierno de Puerto Rico para colocar al frente de la playera del Sevilla -club de futbol español- el eslogan de una campaña ‘Puerto Rico es mejor’ lanzada hace más de 20 años: “The All Star Island”.

Pero estos esfuerzos, reitera Suárez Carrasquillo, han tenido un costo político importante, ya que la administración pública se esfuerza para complacer a los inversionistas y no a los ciudadanos que votan por los cargos de elección popular.

“La tragedia que el huracán María ha traído a Puerto Rico es una valiosa oportunidad para volver a centrarse en la promoción de una fuerte clase empresarial y laboral puertorriqueña”, concluyó el académico de la universidad de Florida.