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Trump ¿lo mejor que le pudo pasar a los Premios Oscar?

Los premios Oscar son quizá uno de los eventos más importante en la Unión America luego del Super Bowl. A lo largo de su historia, la premiación a lo mejor de Hollywood se ha levantado como una bandera de los valores que caracterizan al mercado estadounidense.

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El glamour de la alfombra roja, el show que en sí misma representa la gala así como la relativa referencia sobre las tendencias que darán forma a la industria cinematográfica en los siguientes doce meses fueron algunos de los elementos que dibujaron el camino para su globalización, hecho que le

LONDON UK - SEPTEMBER 27: Profile portrait of beautiful girl with NFL logo painted on cheek. September 27 2014 in London. The street was closed to traffic to host NFL related games and events.
Cifras de la CBS, indica que durante la edición 2016 la final de la NFL registró 11.9 millones de espectadores de TV tan sólo en Norteamérica.

permitió captar la atención de una buena parte de la población a nivel mundial.

No obstante, durante casi una década, las audiencias de la que antes era considerada como la fiesta máxima de la industria cinematográfica, registran números a la baja, asunto que no es tema menor para el sector publicitario y mediático americano, que gracias a este evento logra incrementar de manera considerable sus resultados de negocio.

Sólo en Estados Unidos, la entrega de los Premios de la Academia del año pasado fue vista por 34.3 millones de personas, cifra que se mantuvo por debajo de los 43.7 millones de televidentes registrados durante 2014, según datos de Statista.

Aún sí, es uno de los programas más vistos sólo detrás del Super Bowl y otros juegos del futbol americano profesional, fenómeno que le permite ubicarse como uno de las transmisiones más redituables en términos publicitarios.

En la edición de 2015, la noche de los premios significó una inversión publicitaria por más de 110 millones de dólares, más de un millón 800 mil por cada espacio de 30 segundos, de acuerdo con Kantar Media.

El cine no es como lo pintan

Expertos en la materia aseguraban que los índices a la baja son consecuencia de la caída de la credibilidad en estos premios mismos que, además de ser vistos por muchas audiencias como una ceremonia ‘vanidosa’ y ‘frívola’ en la que los conceptos de arte y creatividad sólo figuran como adornos, también son acusados de padecer el mal del favoritismo. La preferencia por otorgar estatuillas a directores, actrices y actores de raza blanca fue una de las principales críticas al certamen en la edición del año pasado.

En la edición 2016 de los Oscar, por segundo año consecutivo, nominados y nominadas de razas distintas a la blanca estuvieron ausentes de las principales categorías. De acuerdo con un análisis del Daily Telegraph, desde la década de los años 20, el porcentaje de nominados de raza no blanca jamás ha superado el 15 por ciento.

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Cuando cruzamos los factores raciales con los de género, el panorama es aún pero: Halle Berry sigue siendo la única mujer de raza no caucásica en ganar el Oscar a mejor actriz en 2001, por su interpretación en “Monster’s Ball”. Ese mismo año, también Denzel Washington obtuvo el premio a mejor actor, por su papel en “Día de entrenamiento”. El asunto no se limitó sólo a etnias; temas de género y procedencia de los participantes también fueron parte de la controversia.

Más allá de la lectura clásica que se daría esta situación, lo interesante es ver el giro que ese año tuvieron los premios, en donde la unidad ante la división de ideales que premia a Estados Unidos fue el tema central de la conversación.

Trump ¿salvador o enemigo?

En medio de las tensiones que la nueva administración americana trajo consigo por sus polémicas políticas en materia de migración, derechos de las minorías y la conformación de una sociedad multirracial así como multicultural, la premiación a lo mejor de la industria del cine sería un foro perfecto para fijar posturas desde la elite más alta de una de los sectores económicos más lucrativos en Estados Unidos.

De la misma manera que sucedió con el Super Bowl, semanas previas a la ceremonia las especulaciones de lo que podría suceder en dicho acontecimiento no se hicieron esperar.

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A finales de enero, en medio de controversias generadas por las políticas proteccionistas y antiinmigrantes, varias voces de Hollywood se levantaron para proponer que la ceremonia de entrega de los premios Oscar fuera cancelada y en su lugar, los ganadores se anunciaran a través de un comunicado.

En gran medida, la iniciativa derivó ante la negativa del cineasta iraní Asghar Farhadi, nominado y ganador del Óscar por la cinta ‘El viajante’, quien decidió no acudir a la ceremonia de los premios como consecuencia de la orden sobre inmigración aprobada por el presidente estadounidense que bloqueaba durante 90 días la entrada de refugiados y de ciudadanos de siete países en su mayoría musulmanes.

El impacto que propuestas como la anterior generaron en medios tradicionales y digitales auguraban un impulso importante para el rating de la transmisión. La publicación Daily Mail citaba las declaraciones de un miembro de la Academia que afirmaban que esta entrega de los Oscar sería diferente; la expectativa que encerrarían ante las coyunturas sociales y políticas les darían un toque con un poco más de profundidad que el glamour habitual: “La gente normalmente se fija en los vestidos. Pero este año quieren protestas y drama”, citó el rotativo.

Los indicios eran claros. Más allá de los aspectos sociales, los premios Oscar como marca tendrían una oportunidad importante para reapuntalar su negocio. De hecho, el diario antes mencionado indica que el precio de la publicidad se habría incrementado como consecuencia de los pronósticos, con lo que las marcas tendrían que pagar a la cadena ABC 1.8 millones de euros por un spot de 30 segundos durante la transmisión, lo que significaba casi medio millón más del valor fijado en 2016.

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Pasos por capitalizar que se quedaron en el intento

Como se esperaba, la noche del domingo el mandatario fue blanco de bromas del conductor de la ceremonia, el comediante Jimmy Kimmel, quien usó diversos momentos del evento para lanzar dardos sarcásticos. Presentadores y ganadores fueron en general cautos al hacer referencia al tema que hoy ocupa las agendas mediáticas en Estados Unidos.

in embargo, la carta enviada por Asghar Farhadi -ganador a mejor película de idioma extranjero- en la que justificaba su ausencia como un acto de “respeto a la gente de mi país y a las de otras seis naciones que han sido despreciadas por la inhumana ley que prohíbe la entrada de inmigrantes a los Estados Unidos” y la sentencia de Gael García, actor mexicano que durante su participación afirmó que “como mexicano, como latinoamericano, como trabajador migrante, como humano estoy en contra de cualquier tipo de muro que nos quiera dividir”, cumplieron con las expectativas de politización del evento.pemios_oscar-02

Aunque todos estos eventos y espacios dieron de que hablar para ubicar la ceremonia de la Academia como uno de los temas tendencia, la realidad es que esto de poco sirvió para incrementar los niveles de audiencia.

Reportes de ABC detallan que el rating pico de La Academia promedió 36.6 millones de televidentes, cuando el año pasado hubo 43.7 millones de espectadores. El descenso de rating equivale a un 10 por ciento menos que la calificación de una década anterior.

Aunque el host de la ceremonia Jimmy Kimmel, aprovecho sus redes sociales para enviarle un tweet a Donald Trump, buscando una respuesta que otorgará mayor alcance a la inusual edición, la respuesta fue nula.

¿Una mala estrategia de mercadotecnia?

En más de un sentido, esta edición de los Oscar apostó por la fórmula que cuando menos al ahora líder de la Unión americana le funcionó para ganar y potenciar su presencia en medios: comentarios incendiarios que positivos o negativos son capaces de mover las entrañas de una gran cantidad de personas.

El asunto no se quedo sólo en el discurso. La representación de las minorías también fue parte del juego de las nominaciones y los ganadores. Los actores blancos habían dominado las principales categorías de actuación durante los últimos años en esa ceremonia. Este año, siete de los 20 nominados fueron persona afrodescendientes, un récord histórico para esta minoría en las premiaciones de la academia, mientras que “Moonlight”, la ganadora a mejor producción hizo historia al convertirse en la primera pieza cinematográfica hecha totalmente por afroamericanos.

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No obstante, si esta fuera una estrategia de mercadotecnia y promoción -sin confirmar que así sea- es evidente que no dio los resultados esperados.

Los premios Oscar como marca parecen tener un problema serio, que no encontrará cura de manera inmediata. La vía del llamado a la protesta colectiva sin fundamentos aparentes o sólidos no debería ser la mejor vía para solucionarlo.

En cambio, los movimientos paulatinos, concisos y profundos en su estructura serán mejor camino, que aunque con resultados lentos podrán recuperar a la relevancia que su falta de credibilidad provocó.

En todo caso, como sucede con cualquier marca no puedes vender algo que no tienes y no puedes profesar valores que no demuestras. Las audiencias son cada vez más sensibles en esta situación.

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