Tres libros que marcaron mi vida

Celebrando hoy el DÍA MUNDIAL DE LA PROPIEDAD INTELECTUAL, proclamado por la Organización de las Naciones Unidas desde el año 2000 y habiendo celebrado el pasado domingo el DÍA MUNDIAL DEL LIBRO Y DEL DERECHO DE AUTOR, proclamado por las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura desde 1995, vale la pena recordar aquella célebre anécdota de -esos- libros que marcaron la vida de un prócer aún en funciones; “Definitivamente, la Biblia” (no toda pero sí algunos pasajes), “La Silla del Águila” cuya autoría atribuyó a Enrique Krauze siendo de Carlos Fuentes (autores con una guerra declarada desde que se dice que la paz existía) y, “ese de los caudillos”, ése que ahora sí correspondía a Krauze.

Pues bien, ahora es el que escribe quien con mayor soltura y sin burla alguna, se atreve a mencionar los libros que marcaron su vida para saber que su práctica profesional y académica debía estar vinculada a la publicidad: CONFESSIONS OF AN ADVERTISING MAN, BLOOD, BRAINS & BEER: THE AUTOBIOGRAPHY OF DAVID OGILVY y OGILVY ON ADVERTISING, todos ellos del mismo y evidente autor, David Mackenzie Ogilvy, hombre de habituales tirantes e inseparable pipa.

Este hombre no lleva el mote del padre de la publicidad moderna por casualidad, sino que sus principios y valores profesionales, al ser trasladados al momento actual, siguen siendo vigentes y válidos en la práctica del día a día. La sucursal mexicana de la agencia que fundó y lleva su nombre ha sabido hacerlo con notables resultados y no solo por esas vitrinas llenas de reconocimientos, sino por el propio prestigio comentando de boca en boca y las metas que a decir bien de su creador siguen cumpliendo el cometido de: “no nos cansaremos de hacer sonar las cajas registradoras de nuestros clientes”.

Pero, ¿qué tienen que ver la publicidad y la propiedad intelectual? Sencillo, prácticamente todo lo generado por y para la publicidad, tiene su origen en ella. Cada línea que se escribre, cada boceto que se propone, cada pieza musical que se compone, cada fotografía que se retrata, cada denominación que se posiciona, cada frase que se vincula, cada estructura que se inventa, en fin, podría seguir sin terminar debido a la constante evolución que tiene esta actividad por las diferentes y variadas posibilidades de comunicación para explotar toda clase de contenidos, tiene cabida de protección por parte de esta materia. Cada uno de los principales activos de toda empresa, así como la manera en que se dan a conocer para penetrar en el consumidor al que va dirigido, es un cúmulo de aportaciones creativas e invenventivas con una finalidad específica.

Es así como desde hace 19 años, me es grato poder decir que gracias a esos tres libros -de los que sí me acuerdo-, tomé una decisión acertada en una de las áreas más divertidas, apasionantes y evolutivas de mi profesión.

¿Y a ti, te marcó un libro del que sí te acuerdes?