• En el tercer trimestre de 2018, Tesla registró instalaciones de paneles solares de 93 MegaWatts

  • De acuerdo con Elon Musk, sus vehículos no necesitan el sistema LiDAR para la conducción autónoma

  • A mediados de 2015, el empresario sudafricano aseguró que Rusia podría querer asesinarlo

Hace unos años, Tesla era sinónimo de innovación, progreso y un futuro prometedor. No solo consiguió superar el valor de marca de compañías mucho mejor establecidas. La disrupción que hizo del mercado automotriz permitió a la empresa, y su CEO Elon Musk, colocarse como parte fundamental de la cultura popular. Hoy, la situación es radicalmente distinta. No solo el empresario ha caído de la gracia del público. Su emprendimiento tampoco va genial.

De acuerdo con AP, Musk ha anunciado una nueva ronda de acciones para Tesla. La automotriz eléctrica venderá 650 millones de dólares (mdd) en títulos comunes. Asimismo, pretende ofrecer otros mil 350 mdd en notas convertibles para 2024. El CEO reafirmó que él mismo pretende adquirir acciones por 10 mdd personalmente. En estimaciones de la compañía, ambas ventas podrían significar ingresos por dos mil 300 mdd.

La cantidad podría devolver liquidez financiera a la compañía por un tiempo. En su último reporte de resultados, Tesla admitió menos ventas de vehículos y una caída en el valor de sus acciones. Además, acumuló un flujo negativo por pago de deudas, inversión en investigación y otros costos. De acuerdo con AP, el balance financiero de la marca se contrajo en mil 500 mdd desde finales de 2018. Justo el valor neto de los títulos a vender en la próxima subasta.

Una encrucijada para Tesla

Que la marca esté en problemas financieros no es noticia. Claro, la compañía ha registrado crecientes ingresos en la última década. Pero su inversión en investigación y desarrollo también ha escalado, para llegar a mil 460 mdd el año pasado. Además, los gastos generales y administrativos llegaron a cuatro mil 800 mdd en 2018. Si a eso se le suma su creciente plantilla de colaboradores, casi no sorprende el masivo flujo negativo de dinero en Tesla.

Sin embargo, un rendimiento negativo no es el mayor problema de Tesla. Snapchat declaró un hoyo financiero mucho más profundo que el de la compañía de Elon Musk en 2018. Al mismo tiempo, la red es una de las marcas más prometedoras en la industria de redes sociales. Una historia similar ocurre con Spotify. Por un lado, tiene una larga historia de pérdidas netas. A la vez, está reforzando su modelo de negocio publicitario con la aprobación del mercado.

El problema de Tesla recae en tres factores. Primero, la actitud caótica y controversial de su CEO, Elon Musk. Segundo, las decisiones en apariencia desesperadas que la compañía ha hecho en su unidad de paneles eléctricos. Finalmente, las repetidas promesas que la empresa ha hecho en el mercado de la conducción autónoma, a que van en contra de lo establecido por el resto de la industria. Resolver estos puntos debería ser prioritario para la empresa.

Un problema de personalidad con Elon Musk

La personalidad del empresario sudafricano siempre ha sido una parte muy importante para la reputación de marca de Tesla y todos los demás emprendimientos en los que participa. A lo largo de los años, de acuerdo con Business Insider, Elon Musk se ha ganado una fama mixta. Para analistas e inversores, parece un individuo descuidado y temerario. Al mismo tiempo, el público general lo considera uno de los CEOs más auténticos de la industria.

Pero en el caso de Tesla, la personalidad del empresario la ha metido en severos problemas. En 2018, Musk entró en riña con la Comisión de Bolsa y Valores estadounidense (SEC) por una serie de tweets sobre recuperar el control privado en la compañía. Si bien se llegó a un acuerdo en octubre de ese año, en los primeros meses de 2019 la dependencia acusó al empresario de incumplir su parte. Este nuevo conflicto apenas se resolvió la semana pasada.

Independientemente si las acusaciones de la SEC son ciertas o no, el que el CEO de una compañía esté constantemente en riña con las autoridades no refleja una buena imagen. La incertidumbre que genera Musk afecta la capacidad de Tesla de funcionar. Con un vocero tan volátil, se reduce la disposición de los inversores para respaldar a la marca. Una solución podría ser limitar estratégicamente la interacción del emprendedor con el resto del entorno.

Descuentos “masivos” en paneles solares

El último día de abril, Tesla anunció que reduciría el precio de sus paneles solares. De acuerdo con el New York Times, la compañía redujo en hasta 16 por ciento el costo de sus productos. Sanjay Shah, director de la unidad de negocio, apuntó que los consumidores podrían acceder a un kilowatt de electricidad por entre 1.75 y 1.99 dólares, según su área de residencia. De acuerdo con el experto, el ajuste podría devolver a la marca su liderazgo en la industria.

Sin embargo, la reducción de precio de Tesla viene acompañada de una condición. Aunque el costo de los paneles solares incluye la instalación de los mismos, ahora los clientes deben realizar parte del proceso. Shah reafirmó que la compañía también puede ofrecer opciones más económicas gracias a una mayor eficiencia en sus plantas de producción. Sin embargo, podrían no ser suficientes para recuperar el mercado perdido.

De acuerdo con The Buffalo News, Tesla está lejos de regresar a las excepcionales ventas e instalaciones que registraba a finales de 2015. En menos de cuatro años, las ventas de la compañía se han reducido en más de 80 por ciento. Si quiere recuperar el trono que tenía en la industria, la marca necesita un valor agregado más allá de ser la opción más barata. Tal vez debería invertir en difusión, o incluso crear programas de financiamiento al público.

Promesas vacías en conducción autónoma

Aún más allá de la personalidad de Elon Musk o el problema en su unidad de negocio de paneles solares, Tesla debe abordar el reto que es la conducción autónoma. Hace unos días, su CEO prometió que sus vehículos podrían alcanzar el nivel cinco de automatización a finales de 2020. Y anteriormente también reafirmó que sus automóviles irían incrementando de valor con los años. El problema es que estas declaraciones son demasiado extraordinarias.

Como puede observarse en la anterior gráfica, el nivel cinco de conducción autónoma no es un reto menor. No solamente requiere de software altamente sofisticado capaz de tomar decisiones difíciles de último momento (algo que podría ser incluso imposible de conciliar). Además, Elon Musk y Tesla van en contra del resto de la industria al negarse a emplear el sistema LiDAR, el sensor que todas sus rivales aseguran que es crucial para la tecnología.

Musk se ha puesto a sí mismo y a Tesla una vara extraordinariamente alta. A público le ha prometido que el futuro estará comercialmente disponible en menos de dos años. Y a los inversionistas les está pidiendo un salto de fe bajo la promesa que, con su software y sus automóviles, le sacará ventaja a Uber, Lyft, Waymo y otras automotrices. Asegurar que el sudafricano decepcionará a todos es arriesgado. Pero también lo es su propuesta.

A estas alturas, la conducción autónoma definirá el éxito a largo plazo de Tesla. Una subasta de acciones podría recuperar su estabilidad financiera. Si Musk controla su actitud, mejoraría el panorama a corto plazo. Y reafirmar su poder en el mercado de los paneles solares le daría salud económica por algunos años. Pero no cumplir con sus vehículos independientes para 2020 la hará caer en el hoyo profundo, sin salida, que parece estar cavando ahora mismo.

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