Sharing Economy: Comprar para usar no solo para tener

¿Cuántas veces has usado el taladro que tienes en tu casa? Sabías que en promedio utilizamos un taladro unos 12 minutos en total durante toda nuestra vida.

¿Qué historias has escuchado sobre vestidos de novia carísimos que nunca más se volvieron a usar y quedaron guardados en el armario? ¿Podrías calcular el tiempo que pasa tu coche estacionado, sin utilizarse, y el valor de depreciación que eso implica?

Gastamos, compramos y acumulamos sin parar; desde coches, casas, ropa, zapatos, accesorios, juguetes y un sin fin de cosas más. Tristemente el uso que le damos a muchas de estas cosas es mínimo y no equivale al precio que hemos pagado por tenerlas. Entre tanto consumismo, aunado a la incorporación de plataformas digitales y de una crisis económica mundial surgen nuevas propuestas y modelos de negocio que se incorporan a la llamada: Economía colaborativa.

La economía colaborativa trata de aprovechar el poder de internet y las redes peer to peer para reinventar cómo compartir, alquilar, intercambiar o comercializar bienes y servicios.

Una de las premisas de la economía colaborativa es que comprar significa usar, no tener, por lo que si no estás usando un producto o algún bien puedas ponerlo al servicio de los demás.

Dos ejemplos representativos de la economía colaborativa son Airbnb (plataforma para publicar y reservar viviendas) y Über (red de transporte privado). Pero existen muchísimas otras plataformas interesantes que promueven también este modelo de negocio, por ejemplo: DogVacay (el Airbnb de perros), EatWith (para que puedas cocinarle a gente que quiere vivir una experiencia gastronómica en tu casa) o Grownies (intercambio inteligente de ropa de niños), o Pley (que invita a los usuarios a rentar juguetes para sus hijos y devolverlos durante un plazo de tiempo).

En la actualidad se han suscitado en varios países, pláticas y discusiones para regular su operación, y es un caso aún polémico y de difícil solución que sin lugar a duda requerirá de diálogo y comprensión por ambas partes. Pero veámoslo como que la economía colaborativa no viene a reemplazar por completo el sistema actual sino que lo complementa.

Le economía colaborativa sin lugar a duda no es para todos y todavía tiene mucho campo de estudio, análisis y gestión regulatoria, sin embargo es una de las grandes tendencias en los nuevos modelos de negocio y está avanzando a pasos agigantados.

Un aspecto relevante de le economía colaborativa son los métodos de evaluación de las plataformas y lo importante que es cuidar la reputación al ser calificado. La reputación se vuelve la manera en como vas a pagar la confianza que el otro depositará en ti. En todos los casos las evaluaciones son bidireccionales, uno evalúa al prestador de servicio y el prestador de servicio lo evalúa a uno como usuario.

Evidentemente las primeras interacciones generan cierta desconfianza por el tema de estar tratando con un “desconocido”, pero gracias a la forma en que se gestionan los modelos, de pronto puedes tener acceso a un perfil completo de la persona, que te dará suficiente información para poder interactuar con mayor confianza. (Incluso a veces mucho más que el que tenemos del vecino con el que nos cruzamos varias veces al día)

Y por último pero no menos importante, en la economía colaborativa se detona algo que los que han participado en los modelos reconocen como parte fundamental: “el efecto sorpresa”.

Esa sensación de pronto de sentirte parte de una comunidad de gente bien intencionada (aclaro, también hay historias oscuras dentro de estos modelos de negocios, pero de acuerdo a estadísticas son las menos), de sentir que puedes estrechar la mano de un desconocido con buena voluntad, que hay un “efecto sorpresa” al no saber a quién conocer y qué es lo que te espera.

“En algún lugar alguien necesita lo que tienes, en algún lugar alguien tiene lo que necesitas, facilitar esta conexión es la base de la economía colaborativa” yo digo que la economía colaborativa sin lugar a duda es un parte aguas en la forma en como volvemos a confiar los unos en los otros, al final el que da recibe y el que recibe da, esa es la ecuación, y sin confianza no hay colaboración.