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Restauranteros enojados: los entiendo 

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Hace unos días, la comunidad restaurantera del Valle de México aseguró que, debido a la pandemia de Covid-19, han cerrado sus puertas hasta 13 mil 500 restaurantes.

Lo dijimos en este espacio y se ha dicho en muchos otros: el verdadero cáncer de nuestra economía es la falta de estímulos a las micro, pequeñas y medianas empresas (MIPyMES) de México. 

El desamparo en el que viven miles de negocios no es un problema nuevo. Desde hace años que el gobierno ha descuidado las economías familiares, esas que dependen de una cafetería, una lonchería, un restaurante. Que ayer la comunidad restaurantera de la Ciudad de México haya decidido desafiar a las autoridades no es otra cosa que la consecuencia de un gobierno que se niega a brindar apoyos a los negocios que sí los necesitan. 

Jamás celebraré que los grandes corporativos desafíen las normas. Aquí estoy hablando de los restaurantes cuyos ingresos dan de comer a meseros, garroteros, intendentes, chefs, proveedores. Toda una cadena de producción que, según el INEGI, representa el 15.3% del PIB nacional, sólo para que se den una idea del tamaño del problema del que estamos hablando. 

Hace unos días, la comunidad restaurantera del Valle de México aseguró que, debido a la pandemia de Covid-19, han cerrado sus puertas hasta 13 mil 500 restaurantes y muchos más están en riesgo de desaparecer ante el semáforo rojo recién decretado por el gobierno de Claudia Sheinbaum. 

Estamos en una situación complicada donde ambas partes tienen razón: el gobierno tiene la obligación de evitar contagios (y los restaurantes son puntos de encuentro entre personas, por lo cual son centros de contagio, aunque se diga que no) y el gremio tiene razones de sobra para estar preocupado y enojado: desde antes de la emergencia sanitaria, el sector no recibe apoyos sustanciales del gobierno como en otros países, donde obtener un crédito para MIPyMES no requiere de tanto trámites burocráticos y es sencillo obtenerlo. 

Es lógico que, en una crisis, los más afectados siempre sean los primeros en alzar la voz. México no es un país que apoye a sus emprendedores ni a sus pequeños empresarios. Aquí siempre, y hay que decirlo, se da preferencia a los peces gordos. Aún no entendemos que la única forma de tener una economía sana y una justa distribución del ingreso es apoyando a la base de la pirámide. No existe otra manera. 

No puedo celebrar la rebeldía de los restauranteros porque nunca he sido partidaria de la polarización. Pero sí puedo decir que los entiendo. Que entiendo su frustración de ver cómo se cae su patrimonio día a día mientras en virus nos arrebata la tranquilidad y las esperanzas. El gobierno, con todas sus medidas de austeridad, tendría que estar creando programas de apoyos para las MIPyMES, para que por lo menos se pueda asegurar su supervivencia en tiempos tan complicados. 

Me temo que, cuando regresemos a la normalidad y la pandemia sea sólo un mal sueño, nos encontraremos a una Ciudad de México muy distinta. Y quizás extrañemos el restaurante o el café al que solíamos visitar. 

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