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Qué fácil es hacer el bien

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Si tan sólo nos detuviéramos por unos instantes, si hiciéramos una introspección de lo que acontece a nuestro alrededor, nos daríamos cuenta que hacer el bien es más fácil de lo que pudiera parecer
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Estamos rodeados de una gran cantidad de información y de noticias. Desafortunadamente los medios de comunicación dan un mayor espacio a las noticias negativas por lo que el panorama que nos presentan frecuentemente es triste y desolador.

Todos somos testigos de la agresividad de un presidente como Trump, de gobiernos manchados de corrupción e impunidad, gobiernos que roban, inseguridad, congresos y dependencias gubernamentales que no trabajan eficazmente y que afectan profundamente a las poblaciones. Pero, lo más grave es que nos estamos volviendo indiferentes e inmunes y no hacemos nada al respecto.

Si tan sólo nos detuviéramos por unos instantes, si hiciéramos una introspección de lo que acontece a nuestro alrededor, nos daríamos cuenta que hacer el bien es más fácil de lo que pudiera parecer y es realmente necesario. No sé exactamente por qué, pero cuando se plantean proyectos que tienen el propósito de ayudar y aportar algo positivo a la sociedad, tendemos a visualizarlos como procesos complicados que consumen mucho tiempo y esfuerzo. La realidad es que son mucho más sencillos de implementar de lo que imaginamos. Por supuesto que se requiere de tiempo, esfuerzo, y colaboración, pero los resultados y los efectos son tan positivos que vale toda la pena involucrarse y lograr que las cosas buenas sucedan. Pienso que cada uno de nosotros, desde nuestras trincheras, puestos laborales y capacidades personales podemos aportar algo, una pequeña contribución para hacer el bien e intentar modificar el entorno en el que vivimos. Deseamos hacer de nuestro país, de nuestra sociedad y de nuestra comunidad algo mejor.

En México existen grandes oportunidades de generar proyectos con causa. Es importante saber que los pequeños detalles tienen un gran impacto, que pueden generar cambios importantes. Te pido que consideres los siguientes planteamientos para que te des cuenta de que son sencillos de ejecutar y que no es necesario que seas el dueño o director para implementarlos: Las oficinas en las que trabajas podrían contar con contenedores para recolectar artículos de cuidado personal que pudieran donarse a un asilo; recolectar las pilas inservibles para depositarlas en contenedores especiales; el día del Niño, se podrían donar juguetes a orfanatos; y antes del invierno, se podrían repartir cobijas a quienes las necesitaran.

Las ideas y ejemplos son inagotables, pero en definitiva todos estos proyectos, aparte de ayudar a los demás, dejan una huella positiva en la empresa: motivan a los empleados e incluso pueden integrar a las familias para que participen y entre todos sumen y concreten. A fin de cuentas, son acciones que no molestan. A ninguna empresa le afecta destinar un espacio para recolectar objetos que tendrán un buen destino y motivar la donación voluntaria por parte de los empleados, que al comprar una pasta dental o un jabón antibacterial extra, puede hacer una gran diferencia. Éstos son los pequeños detalles a los que me refiero. Puedes aprovechar los viajes de negocios y los personales para tomar los shampoos, acondicionadores, jabones y cremas de cortesía en los hoteles y donarlos en tu oficina. Si lo empezamos a hacer, nos daremos cuenta de que podemos replicarlo más seguido y de esta manera contagiar a nuestros colaboradores, amigos y conocidos para originar cambios provechosos en nuestro entorno.

Como empresarios, como profesionales de todos los giros, como individuos tenemos una responsabilidad social. En lo personal, considero que en el sector de mercadotecnia y de organización de eventos debemos de ser aún más proactivos porque con frecuencia tenemos las relaciones con las personas indicadas y los medios para difundir masivamente mensajes y campañas. Por ejemplo, en la industria de reuniones hay un tema de gran relieve y éste es el de la comida que se desperdicia al terminar cada evento. ¿A dónde se van todos los canapés y exquisitos platillos en buen estado que no se consumieron? Imaginen el gran cambio que podríamos generar si existiera un programa dedicado a “no desperdiciar comida”, si pudiéramos recuperar todos esos alimentos frescos y distribuirlos, por ejemplo a orfanatos, bajo un esquema de constancia y con una logística adecuada. Si alguien tiene una idea de cómo ejecutar esto, les ofrezco ponerse en contacto conmigo para ver cómo implementarlo.

También sería importante enfocarnos cada vez más en hacer eventos sustentables para contribuir al cuidado del medio ambiente y así ser un ejemplo y un modelo a seguir, por ejemplo, utilizando la menor cantidad de papel posible en nuestros eventos. Es aquí donde la tecnología nos puede ayudar enormemente, desde las invitaciones, el registro y la promoción, hasta los regalos de detalles fabricados localmente con materiales sustentables.

Sabio es el dicho: “Hagamos el bien sin mirar a quién”. Es sencillo y el impacto ¡siempre será enorme!

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