• Para 2018, 40 por ciento de los nuevos usuarios de internet fueron menores de edad, según PwC

  • La firma también apuntó que la mayoría de servicios con contenido dedicado a niños son de suscripción

  • Asimismo, señaló que países como China e India planean aprobar legislación para regular publicidad infantil

Los menores de edad son un mercado muy atractivo para las marcas. A finales de 2020, en cifras de Statista, se espera que haya casi dos mil millones de niños en el mundo. Asimismo, se espera que esta población crezca consistentemente por al menos otros 40 años. Además son importantes consumidores en múltiples industrias, como comida y bebida, entretenimiento y varias categorías retail. Por eso, también son un objetivo para las estrategias de publicidad.

Un nuevo reporte de PwC, retomado por Kidscreen, Axios y Adweek, apunta que la publicidad para niños sumará una inversión de mil 700 millones de dólares (mdd) para 2021. La mayor parte del presupuesto se utilizará, según la firma, para atraer la atención de niños digitalmente entrenados. Así, los recursos se repartirán entre las plataformas desktop, mobile y tablets. También, se enfocarán en servicios de streaming, motores de búsqueda y redes sociales.

PwC también encontró que la publicidad dirigida a niños tendrá una tasa compuesta de crecimiento anual promedio de aproximadamente 20 por ciento. También se estima que YouTube será de los principales beneficiados por esta tendencia, pues se le destinaría solo a esta plataforma alrededor de 413 mdd para 2021. Cabe destacar que se espera una inversión de hasta 115 mdd en canales que no siguen las reglas de privacidad digital para niños.

Niños y publicidad: un reto para las marcas

Hay varios puntos en los que el marketing y la niñez cruzan caminos. Como ya se dijo anteriormente, son un mercado de consumidores al que varias marcas ansían conquistar. Y aunque no se trate de publicidad como tal, en más de una ocasión una marca u organización se ha visto relacionada, accidental o intencionalmente, con los jóvenes. Pero así como lo demuestra el caso del Uber conducido por un niño, se trata de interacciones muy riesgosas.

Y es que lo que en un público adulto es aceptable o soportable, tiene otro tono en publicidad dirigida a niños. No es lo mismo que plataformas como Facebook y Google obtengan datos de navegación mayores o menores de edad. También es más peligroso para las marcas que sus mensajes provoquen mala reputación de marca con esta población. Y es que, como apenas se están formando una idea de las compañías, los efectos son potencialmente de largo plazo.

La creciente inversión en mensajes publicitarios dirigidos a menores de edad podría provocar que la frecuencia de estos incidentes se dispare. El reto para las marcas no solamente es diseñar campañas que logren transmitir un mensaje adecuado para esta población. También deben abordar cómo llevar a cabo estas estrategias sin caer en estos problemas. Su gasto en el entorno también debería incluir el desarrollo de sistemas que blinden a los menores.