Statista apunta que, en poco más de cinco años, el mercado global de robots al consumidor alcanzaría un valor de cuatro mil 400 millones de dólares (mdd). Este segmento abarca menos del uno por ciento del valor total del mercado internacional de robótica. Este enorme derrame económico estará probablemente impulsado por alguna de las empresas mencionadas por Analytics Insight. Curiosamente, en esta lista no está Toyota y su nuevo robot, Cue3.

De acuerdo con AP, la automotriz presentó a Cue3 en Tokyo. El robot es un experto del básquetbol, capaz de encestar triples en tiro libre. En la demostración, la máquina pudo atinar cinco de los ocho disparos. Los representantes de Toyota afirman que, por lo general, la puntería de su creación es mucho mejor. Yudai Baba, un jugador humano que podría representar a Japón en los próximos Olímpicos, tuvo un desempeño muy similar.

Los esfuerzos de Toyota no son, curiosamente, los primeros pasos de una compañía de automóviles en robótica. Honda también tiene su propio proyecto, Asimo. El rival de Cue3 está menos especializado, pero sus logros son también notables. Además de simular el andar humano y poder reconocer rostros, puede subir escaleras y evadir obstáculos. La gran pregunta es, ¿por qué una automotriz estaría interesada en un robot corre o juega básquetbol?

Automatización: la razón de ser de un robot deportista

De acuerdo con Toyota, Cue3 es capaz de encestar los triples gracias a un sofisticado sistema de sensores. El robot puede crear una imagen tridimensional de su entorno, incluido a sí mismo y el aro de básquetbol. Posteriormente, los motores en sus brazos y piernas ajustan su potencia y ángulo para lograr el disparo perfecto. Aplicar estos avances en sus autos, en particular para modelos de conducción autónoma, podría darle una gran ventaja sobre sus rivales.

Esta conclusión está en línea con las actividades de su rival Honda. La otra automotriz japonesa ya ha aplicado sus aprendizajes en robótica para numerosos dispositivos de producción masiva. Incluso ha presentado proyectos concepto de conducción autónoma. Uno de los más interesantes, el 3E-D18, podría emplear los sensores del robot Asimo. De esta forma, podría llevar a cabo operaciones de forma independiente, incluso en terrenos de difícil tránsito como granjas y montañas.

Y no es sorprendente que ambas automotrices estén tan motivadas para triunfar en el mercado de la conducción autónoma. Frost & Sullivan cree que en 2030, esta industria tenga un valor global de 173 mil 150 mdd. Pero, ignorando sus otras vertientes de negocio, ¿no sería mejor que las automotrices se enfocaran en los retos puntuales de la conducción autónoma? Al final, parece mejor idea enfocarse en el objetivo final que en un robot deportista.

Retos creativos como motor para resolver problemas

La misma Toyota señaló a AP que el diseño en sí del robot basquetbolista tal vez no tenga efectos concretos en su modelo de negocio. Al contrario, los representantes de la automotriz señalan que se trata de “mejorar la moral de los ingenieros. Forzarlos a abrir [su creatividad] a nuevas ideas y retos”. Este concepto se refleja también en el nombre de la máquina. Cue3 parte del concepto en inglés “cue”, porque representa mejores cosas por venir.

Y es que, como se describe en Innovation Management, la innovación potenciada por retos puede ser muy útil para resolver problemas difíciles. Al formular el problema en estos términos, se pueden crear unidades de retos que pueden abordarse integralmente por equipos de expertos internos, externos o de otras áreas. Con su robot basquetbolista, Toyota realizó algo similar. En lugar de encarar el reto desde la visión automotriz, escogió otra perspectiva.

Los resultados, guiándonos por las capacidades de Cue3, son satisfactorios. Así pues, el caso de Toyota no solo sirve para ejemplificar la importancia, en términos comerciales, que tiene la conducción autónoma para las automotrices. También sirve como una lección en términos creativos para todas las marcas. En ocasiones, la mejor forma de abordar un problema no es encararlo. A veces, puede resultar más provechoso construir un robot basquetbolista.

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